RetrocesoA&ONº 140/21-XI-1998SumarioEn portadaContinuar

Fe-cultura hoy y aquí:
cuatro opiniones
Jesús de Alba, padre de un universitario; Marina Gómez Casares, Delegada
de alumnos; Carlos Díaz, profesor de Filosofía; y Rafael Hernando

de Larramendi, capellán en Somosaguas, responden a tres preguntas

que les plantea «Alfa y Omega» en torno a la Misión en la Universidad
Se puede hablar en España de cultura sin referencia a la fe?

J.: No. La cultura española está impregnada hasta lo más íntimo del cristianismo. Todas las expresiones artísticas, sobre todo en la arquitectura y en la pintura, tienen como tema dominante el cristianismo, hasta el punto de que, si se pretendiera eliminar todas las referencias cristianas, el arte español quedaría reducido, prácticamente, a la época contemporánea. El pensamiento español está profundamente influido por los valores evangélicos.

M.: La cultura no puede separarse de la tradición, y la española es católica. Las expresiones de esto todavía se ven por toda nuestra geografía. El gran problema es que la tradición no es algo que vuelva a suceder. Cada vez más la palabra cultura se reduce y limita a todo aspecto social e intelectual del hombre, sin que para ello intervenga el sentido religioso. Pero es imposible separar la cultura del sentido religioso, porque ésta implica examinar y juzgar toda la realidad en busca de la Verdad, desde una pregunta por el sentido, y en esta indagación uno siempre se topa con un Misterio.

C.: En la España de hoy la memoria brilla por su ausencia, y la amnesia se cultiva. Nadie sabe qué fue ayer, y nadie sabe por tanto qué será mañana. Quien ignora la Historia está condenado a repetirla, ahora en forma de caricatura. Una excepción: la de quienes recurren a la memoria para continuar la guerra (in)civil.

R.: La fe es generadora de cultura. De la fe brotan deseos, juicios, afectos, realizaciones, etc. que se plasman en la cultura. La Historia de España es muestra palpable de ello. A pesar de la descristianización de nuestra sociedad, incluso hoy el cristianismo permanece en formas institucionales y culturales. Más todavía: en la medida en que, al menos para algunos, la fe sigue siendo una experiencia viva y atractiva, difícilmente se puede hablar en España de cultura sin referencia a la fe.

¿En qué creen los profesores y alumnos de la Universidad de hoy?

J.: No es posible dar una respuesta única. Las creencias son muy variadas. Generalizando mucho, puede distinguirse una masa que no manifiesta excesivas inquietudes por el hombre, es decir, indiferencia absoluta, y grupos definidos, aunque puedan ser muy numerosos, que, a través de la confesión de su fe, muestran una pasión por el hombre (sólo Cristo revela al hombre el verdadero rostro del hombre), como la que abandera Juan Pablo II.

M.: A mi parecer, hoy la gente sostiene que todo es relativo, las cosas son buenas y verdaderas para uno y hasta que dejen de serlo. No hay una Verdad última de cada cosa. Tampoco para los profesores, que se limitan a explicar su punto de vista, o un cúmulo de teorías, pero no animan a la búsqueda de la Verdad porque tampoco creen en ella, o en la posibilidad de conocerla.

C.: Por lo general, los profesores más jóvenes, lo mismo que sus alumnos, se mueven entre el hedonismo crematocéntrico (Epicuro) y el relativismo nihilizante (Nietzsche). No son, pues, ya distintos a los otros europeos. De ahí que el cosmos se reduzca a cosmética, la ética a dietética y la antropología a trofología (nutrición).

R.: Podemos encontrar una gama bastante amplia de creencias, en el ídolo del dinero, en los horóscopos, en el trabajo, en sí mismos, etc. Pero, con todo, muchos creen que tiene que haber algo, que al tratar de ser definido es trascendente a la persona. Es hermoso comprobar que el materialismo reinante no mata la vocación trascendente del hombre, grabada en la naturaleza. Y, junto a todo esto, encontramos profesores y alumnos cristianos, que a veces, por desgracia, están algo escondidos.

¿Qué opinión te merece la iniciativa de la Misión Universitaria?

P.: Muy positiva. La apertura de los universitarios católicos a la nueva evangelización es una manifestación necesaria y coherente del mandato del Señor (Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio). Más que trabajar en la Misión, lo importante es ser misioneros, y para ello es imprescindible haber tenido experiencia de Cristo.

M.: La Misión nos ha servido a nosotros los cristianos para crecer en conciencia y certeza, y recuperar nuestra pertenencia a un pueblo. Todos tenemos la exigencia de comunicar lo que hemos encontrado. ¡Y qué mejor forma que la gente se encuentre con un pueblo vivo, con una realidad humana igual que ellos pero que proponen un modo de vida distinto! Esta Misión recupera el verdadero sentido de la Universidad.

C.: Merece la pena todo reconocimiento de que España es país de misión. Modestia, oración, y volver a empezar: otra vez como los primeros apóstoles.

R.: Es una respuesta acertada y valiente la petición del Santo Padre de evangelizar areópagos culturales (lo universitario) y sectores sociales (los jóvenes) vacíos de Dios. Y es también una necesidad para los alumnos y profesores creyentes, porque la fe implica un modo nuevo de estar en la Universidad. La novedad de vida cristiana, por su naturaleza, incide en la vida y se manifiesta públicamente.