RetrocesoA&ONº 140/21-XI-1998SumarioUsted tiene la palabraContinuar

1999: Año Santo Compostelano
La Universidad Católica
de Murcia se consolida
La Universidad Católica San Antonio, de Murcia (UCAM) se consolida, en su segundo año, como institución preocupada por la formación integral de sus alumnos, donde se complementan ciencia, cultura y fe. La enseñanza personalizada, con pocos alumnos por aula; la calidad de la formación para preparar profesionales competentes, no competitivos; y la integración de saberes, son algunos de los objetivos clave de este centro universitario. Su oferta educativa ha tenido una buena acogida en la sociedad murciana, y fuera de ella: con 660 alumnos abrió sus puertas el pasado año; éste ha triplicado la matrícula y cuenta ya con más de 1.800 estudiantes, distribuidos en las 19 titulaciones ofertadas. Casi 2.000 personas forman hoy la comunidad universitaria; cerca de ocho mil metros cuadrados se han rehabilitado como campus en el monumental monasterio de los Jerónimos.

Ante el diagnóstico generalizado de la realidad universitaria actual -masificación; pragmatismo utilitario de los estudios universitarios, por el que el estudiante pierde el privilegio de conocer y busca sólo aprobar; pasividad del alumno; y efecto nocivo de la especialización, que anula la integración de saberes-, la UCAM ha sacado provecho de la experiencia exterior acumulada, y ha definido su propia identidad, para hacer de ese concepto de calidad universitaria algo más que una manida declaración de intenciones.

Así nos lo impone nuestro Sistema Propio de Gestión de la Calidad, gestionado por una unidad específica de trabajo que evalúa periódicamente:

- el rigor científico de los conocimientos generados y transmitidos;

- la sucesiva valoración de la planificación en las titulaciones a impartir, en función y con el fin de adaptarla rápida, flexible y sucesivamente a las demandas sociales; y

- la reflexión intensa sobre el componente social de la formación universitaria y sobre los valores éticos que dan sentido a la actividad profesional en una sociedad como la actual.

Teniendo en cuenta que sacará sus primeros titulados en el año 2000, la planificación de la UCAM se ha programado, y se viene realizando, con la mirada puesta en el inminente siglo XXI, para conseguir una Universidad intencionadamente de reducidas dimensiones, lejos de la masificación incontrolada, que, por tanto, busca el mayor grado posible de personalización de la enseñanza, estableciendo una relación numérica y personal profesor/alumno. La peor despersonalización es la que surge de la imposibilidad del compañerismo, sepultado en el anonimato. De ahí, nuestra escrupulosa limitación en el número de alumnos por grupo (un promedio de 52); en el número de alumnos por tutor (10), o en la relación numérica profesor/ alumno, que en este curso se sitúa, en términos absolutos, en 6 alumnos por profesor y que, según la planificación prevista para cursos posteriores, no ha de llegar al número de 13 alumnos por profesor, cifra que los expertos dan como

ideal. Conscientes de que no es fácil improvisar una experiencia docente en una Universidad que comienza, se ha elaborado un riguroso plan de captación de profesorado.

De la función investigadora, esencial para toda Universidad, hemos limitado una parcela específica de actuación donde concentrar todos nuestros esfuerzos preferentes: la Fisiología del Ejercicio, la Nutrición y Dietética humana y el Análisis y tratamiento de imagen en Biomedicina y Ciencias de la Salud. Concentrar en unas líneas muy específicas los recursos de investigación nos ha parecido una estrategia coherente, realista y con enormes posibilidades de progreso científico para una Universidad de nuestras características. La propia Comisión de orientación y evaluación investigadora irá abriendo sucesivamente nuevos campos donde aplicar ese 7% previsto del presupuesto que destinamos al desarrollo investigador de nuestros Departamentos.

Otro de los objetivos esenciales de nuestra preocupación es la integración de saberes: conocimiento y práctica de las nuevas tecnologías, de los idiomas e incluso de la práctica deportiva. Tenemos la certeza de que fe, ciencia y cultura han de profundizarse mutua y armónicamente. Ese anhelo es, además, hoy oportuno, necesario y urgente cuando no faltan, sino que abundan, los ambientes docentes y científicos donde la ruptura entre esa fe, ciencia y cultura se da falazmente por consumada. Tal vez sea ésta también una de las razones de la buena acogida que ha tenido la UCAM.

Muchos hombres de buena fe, cristianos y no cristianos, hace tiempo que sobrellevan con paciencia, pero sin resignación, la ausencia de un ámbito institucional y universitario donde intelectuales, científicos y docentes se esfuercen, leal y conjuntamente, precisamente por lo contrario: por mostrar que fe, ciencia y cultura no sólo no se excluyen, sino que se funden y encarnan en la sólida unidad del saber y de las vidas que le dan sentido.

La opinión pública ha sabido convertir las tempestades en vientos a favor de una institución que, como ésta, sólo quiere servir y colaborar en la tarea de mejorar material, humana y cristianamente a la sociedad y, en primer lugar, a la sociedad murciana que la impulsa y la hace posible.

Antonio Montoro Fraguas

Rector de la UCAM