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Soy un auxiliar de enfermería, en prácticas en la 3ª planta del hospital San Rafael de Madrid que recibe pacientes del hospital 12 de octubre para Medicina interna y UCP (Unidad de Cuidados Paliativos). En el mes y pico que llevo allí, la verdad es que nos resulta casi familiara a todos el trato con la muerte, sobre todo en la zona de terminales, la unidad Santa Ana. Fue una de las primeras cosas que noté en cuanto me puse en contacto con la 3ª planta del Hospital: la muerte existe, está cerca de ti, trabajas (a veces) con ella y la conoces -te guste o no- casi todos los días, en los pacientes infecciosos, con úlceras profundas o con problemas vasculares o respiratorios. Y no digamos los terminales (por cáncer): las enfermeras, los médicos y los auxiliares destinados en la Unidad Santa Ana, son testigos directos, cada día, de cómo los enfermos oncológicos agonizan y sufren continuamente, hasta quedarse tan consumidos como un árbol quemado. Por eso, estoy totalmente de acuerdo con el editorial del número 137 de Alfa y Omega titulado ¡De esas cosas no se habla...! De la muerte, precisamente de la muerte y su repercusión médica, social y personal, si se habla entre los profesionales sanitarios de la 3ª planta del Hospital San Rafael: es un hecho cotidiano al que cuesta acostumbrarse del todo, que produce dolor a quienes lo viven y un vacío espantoso cuando te toca de cerca. Para las personas relacionadas con el mundo sanitario, no obstante, creo que lo más importante no es sólo constatar el hecho humano de morir, sino ir más allá: pensar cómo se debe tratar a la persona que está falleciendo, para actuar sobre las condiciones de su entorno, de manera que éstas sean lo más gratas, apacibles y cuidadosas posibles. Aprovecho para sugerir -a las mentes inquietas- que echen un vistazo sobre los estudios de tanotología de Philippe-Ross, que apuntan en este sentido. Federico Babé Riestra Revistas para adolescentes Con gran alegría he leído en Alfa y Omega la carta abierta que su colaborador Javier paredes envía a don Isidoro Álvarez. Han pasado seis meses desde que se hizo eco de las denuncias de miles de padres sobre las llamadas revistas juveniles. No sé en qué estado se encontrarán dichas denuncias, lo que sí me consta es que las revistas siguen en la misma línea, haciendo negocio a costa de la corrupción de nuestras niñas y adolescentes. Es necesario seguir denunciando que las revistas mencionadas son, en muchos casos, un auténtico peligro para nuestras hijas, y que los padres tenemos que estar al tanto, así como las autoridades (en este sentido acabo de remitir un escrito al Defensor del Menor), y que no es de recibo jugar a dos bandas. Por ello, la mención que el señor Paredes hace sobre la venta de uniformes escolares en el Corte Inglés, así como su imagen de almacenes familiares, y la inclusión de publicidad en las revistas que nos ocupan, me parece muy oportuna. O se está con la familia o contra ella. Por otro lado, el cartel de la fachda de la Castellana es bochornoso, y la promoción del o de la individua que en él aparece, sencillamente insultante para sus clientes. Animo a Alfa y Omega a seguir denunciando todo aquello que interfiere en la labor de los padres. Aníbal cuevas Tapia Maltrato a la mujer Ha sido muy positivo el número de Alfa y Omega sobre el candente tema de actualidad de los malos tratos que sufren muchas mujeres hoy. sobre todo, por no limitarse a presentar unos hechos negativos, sino señalar las causas que los producen (no se puede educar para bestias y querer comportamientos de personas) y buscar remedios: vivir el amor cristiano que descubre en cda hombre y mujer al hijo de Dios con su inmensa dignidad. Pero cabe señalar el silencio existente sobre el maltrato físico y psicológico extremo que sufren 50.000 mujeres al año en España por el trauma del aborto. Oficialmente se disfraza de autonomía de la mujer lo que, en el 95% de los casos, debe llamarse abandono culpable, por parte del padre, del hijo en camino. La mujer sola, con su hijo concebido, se siente físicamente débil, y el aborto químico o quirúrgico se le presenta como la salida más rápida y fácil. ¿A dónde acudirá cuando las secuelas físicas y psicológicas se hagan patentes en su vida? Tendremos que ir pensando no sólo en comisarías para mujeres sino en programas de acogida y sanación interior para las más de 400.000 madres que ya han abortado en España. Mujeres destrozadas, que lloran o llorarán su soledad como las madres de los Santos Inocentes Margarita Fraga Iribarne
Hablar de la muerte