RetrocesoA&ONº 140/21-XI-1998SumarioUsted tiene la palabraContinuar
Dos libros de interés
José Luis Rozalén Medina, conquense, padre de tres hijos, catedrático, doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, y Profesor de Antropología, dedica estas páginas a todos aquellos que me enseñan cada día a mirar el mundo, a contemplar la vida para intentar transformarla. Recoge en ellas artículos que fueron naciendo de su corazón y de su mente como prolongación de su actividad educadora, y los presenta, aún palpitantes, en el papel caliente y duradero de un libro, de ediciones San Pío X. Es muy expresivo el subtítulo del libro: Saber mirar, saber vivir. Un paisaje, una ciudad, un viaje, una mirada, unas elecciones, una guerra, una madre, una muerte... las pequeñas grandes cosas de la vida, en suma, han dado pie al autor para ahondar en ellas, contemplarlas y, desde ellas, comunicar a los demás sus impresiones.

Son estas páginas el reflejo concreto del anhelo del autor por acercarse a la vida y, sobre todo, a sus semejantes, con amor, con comprensión, con respeto y con mucha esperanza, a pesar de la dureza de algunas situaciones vitales.


 

Este libro se presenta como un tríptico biográfico en el que el lector puede contemplar tres vidas ejemplares de la segunda mitad del siglo XX: el padre Eduardo Laforet; Juani, la joven profesora salmantina que a los 24 años es arrancada de la tierra por un cáncer que purifica, y sublima su vida en Dios; y el catedrático Eladio Jaraíz, empresario y padre de familia ejemplar. Cuatro autores, Javier Laforet, Lourdes Redondo, José Antonio Benito y Martín Jaraiz demuestran en estas 132 páginas, que acaba de editar Encuentro, cómo a los seres humanos se les conoce por sus frutos, como insuperablemente señaló Jesús en el Evangelio.

Son tres trayectorias vitales diversas, pero con un denominador común: fueron corazones enamorados de Dios. Son otros tantos modelos válidos y atractivos de conducta, sencillos, asequibles para cualquier hombre o mujer de hoy. Santos de a pie, unificados también en la figura singular del ejemplar jesuita que fue el padre Tomás Morales, de quien aprendieron a escalar cumbres de santidad en medio de la existencia cotidiana.