RetrocesoA&ONº 189/2-XII-1999SumarioContraportadaContinuar
En la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María
Canción de María
para un ocho de diciembre

Cuando miro en el río
el agua clara,
no sé si es su corriente
o si es mi alma.
Cuando el cristal del río
se transparenta,
no sé si es agua o cielo
lo que refleja.
Si subo río arriba
hacia su origen,
sé por qué el agua tiene
alma de virgen.
Pues si es virgen el río
la fuente es más,
que viene su pureza
del manantial.
Y ahora entiendo lo que pasa
dentro de mi corazón:
que, siendo tan sólo humano,
se parece tanto a Dios.
Sé que mi alma no es mía
y sé que Tú me la diste
tan extrañamente limpia
desde su origen.
Que nació de tus manos
directamente,
sin pasar un segundo
junto a la muerte.
No fui yo quien la hizo
tan limpia y clara.
Sólo el Inmaculado
crea sin mancha.

Sé que Tú por el mundo
me vas llevando
y que bajo mi plantas
iba tu mano.
Tu mano que limpiaba
cuanto me toca,
pues la quieres bien limpia
para tu Hora.
Mi seno fue consagrado
antes que naciera yo,
que tratos con el pecado
no quiere Dios.
Y mal podrías venir
a mis entrañas
si un inquilino anteriorlas manchara.

¿Y cómo podría yo
limpio el corazón tener
si el hombre es hombre y es barro
y yo sólo una mujer?
Por eso este río claro
que cruza mi corazón,
no lo limpiaron mis manos,
sino Vos.
Y yo os devuelvo ahora
la pureza de mi alma,
el agua que Vos me disteis,
intacta.
Bien podréis ya navegar
por el río de mi cuerpo.
Yo sólo puse el amor.
Lo demás es todo vuestro.

 

José Luis Martín Descalzo
de Apócrifo de María

(Ed. Sígueme)