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Cuando miro en el río
el agua clara,
no sé si es su corriente
o si es mi alma.
Cuando el cristal del río
se transparenta,
no sé si es agua o cielo
lo que refleja.
Si subo río arriba
hacia su origen,
sé por qué el agua tiene
alma de virgen.
Pues si es virgen el río
la fuente es más,
que viene su pureza
del manantial.
Y ahora entiendo lo que pasa
dentro de mi corazón:
que, siendo tan sólo humano,
se parece tanto a Dios.
Sé que mi alma no es mía
y sé que Tú me la diste
tan extrañamente limpia
desde su origen.
Que nació de tus manos
directamente,
sin pasar un segundo
junto a la muerte.
No fui yo quien la hizo
tan limpia y clara.
Sólo el Inmaculado
crea sin mancha.
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