RetrocesoA&ONº 189/2-XII-1999SumarioDesde la feContinuar
Teatro
Con dinero y sin dinero
Mas si don Lucas es rico, ¿qué importa que sea necio?

Ha llovido desde que el toledano don Francisco de Rojas Zorrilla (1607-1648) resumió en estos dos versos la viejísima filosofía humana de los casamientos por interés, o matrimonios por conveniencia... de los padres de los novios; pero -por eso es un clásico- es una filosofía que pervive, y es más fuerte que el paso del tiempo esta antigua engañifa de la condición humana. Ya era así muchos siglos antes y así seguirá siendo. Puede que cambien los modos y matices, pero el ser humano, en el fondo, cambia muy poco, o nada. La gente se divierte con la comedia porque se reconoce en el figurón y se mete y se entromete con gusto en el enredo.

Ha hecho bien la Compañía Nacional de Teatro Clásico en llevar a la escena, por vez primera, esta obra, en versión de Rafael Pérez Sierra y de Gerardo Malla. Con ella ha dicho adiós, como director, Rafael Pérez Sierra, que ha cedido el testigo a Andrés Amorós a quien cumple, desde aquí, desearle los mejores aciertos al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Avaro, sucio, feo, peleón, perdonavidas, celoso, bocazas y grosero, pero rico: no deja de ponerle pero alguno Rojas Zorrilla a este su don Lucas, protagonista de Entre bobos anda el juego, que borda Jesús Castejón. Como Cervantes y Moliére, como Calderón y Lope, Rojas Zorrilla -en tono menor, aunque en ocasiones no tanto- castigat ridendo mores: fustiga ciertos cínicos usos y costumbres tomándolos a risa, a modo de vodevil, con muchos ires y venires, muchos equívocos y enredos que la vida va tejiendo y destejiendo: la dama sospechosa, el galán amigo, los criados celestinescos, el padre interesado, la hermana ridícula y melindrosa van y vienen, de Madrid a Toledo, por diligencias y posadas con encuentros y desencuentros más o menos fortuitos, con el amor y los celos como telón de fondo, y con un final para hacer pensar al respetable: Cuando almuercen un requiebro... ¿seguirá el amor?

Decía don Eugenio D'Ors que los experimentos, con gasesosa. No me parece que acaben de lograr lo que buscan esas mezclas de teatro con pantalla de cine, del comic con la danza y con personaje por el patio de butacas, entre el público. En tiempos del autor, el espectador entendía, ciertamente, sin necesidad de más artificios. Por lo demás, la dirección y el vestuario, algunos momentos de la escenografía, y, desde luego, la interpretación de cada uno de los nueve personajes son impecables. Teatro del bueno, en suma; es decir, clásico...

Miguel Ángel Velasco