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No existe la denominada bomba demográfica. Pero los neomalthusianos son como los misioneros: ellos están convencidos de que hacen el bien cuando predican su religión. Están absolutamente convencidos, cuando van regalando anticonceptivos, de que ésa es la solución para el subdesarrollo. Están equivocados porque pertenecen a una religión falsa, pero ellos están convencidos de que ese dogma es verdadero: para conseguir el desarrollo es necesario bajar la natalidad. Piensan que es inobjetable, pero no es verdad: no es la reducción de la natalidad lo que conlleva el desarrollo, sino el desarrollo lo que provoca la caída de la natalidad, no por usar anticonceptivos, sino por razones totalmente naturales. Cuando uno va al tercer mundo, como yo he ido muchas veces, se encuentra que lo que el tercer mundo pide son medicinas, puentes, carreteras, electricidad, pozos, maquinaria, infraestructuras, educación, información, justicia, paz y libertad.
¿Por qué cree usted que desde las instituciones se promueve una política antinatalista? Porque se han creído las falacias de Malthus, porque en los años 70, cuando estaba en su máximo apogeo el crecimiento por mantenerse altos los índices de natalidad y haberse desplomado los índices de mortalidad en muchos países del tercer mundo, ha habido un temor real de una superpoblación, que es lo que ha hecho que se lanzasen campañas masivas antinatalistas y proabortistas en todos los países del mundo. Estas campañas han sido tan eficaces que, a partir del año 68, el ritmo de crecimiento está en declive y la natalidad está bajando en todos los países del mundo. Realmente no hay razones objetivas para justificar esta puesta en práctica de los métodos. Y, creyendo su propia falacia, la ONU (y además hay muchos intereses políticos de ciertos Gobiernos de occidente) se dedica a mantener a raya a las poblaciones del tercer mundo. ¿Cree usted que, aunque sí hubiese una bomba demográfica, se podría justificar el control de la población en aras de un bien común? Eso bajo ningún concepto. Toda idea de control demográfico debe entenderse en una perspectiva de totalitarismo absoluto, porque sólo así se puede manejar a las personas de esa manera, sin ningún tipo de respeto hacia su dignidad. Y además la demografía tiene sus propias leyes, de manera que si manipulamos la natalidad, las repercusiones demográficas sobre el envejecimiento y la mortalidad serían tales que, a la larga, habría que introducir obligatoriamente la eutanasia, y otro tipo de procedimientos que no son lícitos bajo ningún concepto. |