RetrocesoA&ONº 189/2-XII-1999SumarioMundoContinuar
Europa:
Cómo traicionar
dos mil años de humanismo
y quedarse tan contento

La Unión Europea retira la propuesta presentada a las Naciones Unidas
de aprobar una moratoria de las ejecuciones de la pena de muerte

La Unión Europea ha logrado en un solo día traicionar todos los principios de los que se enorgullece frente al poder político de Estados Unidos y permanecer en la indiferencia total. Y lo que es más curioso aún, los medios de comunicación han respondido con una encogida de hombros silenciosa sumamente significativa.

Era el 15 de noviembre pasado. Los Estados miembros de la familia europea, después de una reunión del Consejo de Ministros celebrada en Bruselas, decidieron no presentar a votación ante la Asamblea General de las Naciones Unidas la resolución que proponía una moratoria de las ejecuciones capitales en el mundo. Sin embargo, la propuesta calentó muy pronto la temperatura del ambiente. Decía así: La abolición de la pena de muerte contribuye al enriquecimiento de la dignidad humana y al progresivo desarrollo de los derechos humanos. El gran heraldo de la propuesta era Italia.

Curiosamente, el texto no se aprobó por razones de principios, pues los países miembros, si bien en diferentes medidas, comparten el enunciado. Las razones fueron única y exclusivamente de conveniencia política. De este modo, la Europa de los valores, la Europa de la tradición humanística, la Europa iluminada ha decidido renunciar a una batalla decisiva para la defensa de la dignidad humana, para no quedar mal con el otro lado del océano, donde la pena de muerte es una práctica a la que se recurre cada vez con más frecuencia.

Lo más humillante ha sido la excusa oficial: Inglaterra, Irlanda, Bélgica, Holanda y Luxemburgo rechazaron la propuesta, pues, según argumentaron, no era suficientemente radical. De este modo, adoptando una postura de fachada intransigente, pidieron que se retirara la propuesta, quedando al resguardo de las posibles reacciones de Estados Unidos, China y Egipto.

Juan Pablo II expresó con claridad la opinión de la Iglesia al respecto en su última visita a Estados Unidos, del mes de enero pasado: La sociedad moderna cuenta con los instrumentos para protegerse, sin negar de manera definitiva la posibilidad de corregirse a los criminales. Renuevo el llamamiento para que se cree consenso para abolir la pena de muerte, que es cruel e inútil.

El embajador de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Nueva York, el arzobispo Renato Martino, explica que a finales de este siglo, se esperaba que se daría un paso adelante en la defensa de la vida, incluso en la de los criminales. Por desgracia no ha sido así. La campaña de quienes están a favor de la pena de muerte ha sido realizada con especial ensañamiento por el embajador de Singapur y se fundaba en el pretexto de que los países occidentales querían imponer su cultura al resto del mundo. Los intentos de México e Italia por incluir la enmienda, que hubiera permitido a muchos países la aceptación de la propuesta asegurando así la mayoría, no ha encontrado consenso en varios países de la Unión Europea.

Sin embargo, monseñor Martino considera que la batalla contra la pena de muerte no está perdida. Los defensores de la vida no tienen que desalentarse nunca -explica-. El derecho a la vida es el derecho principal, fundamental de todo ser humano. ¿Cómo podemos renunciar a él? Es necesario unir esfuerzos y dedicar tiempo para convencer, para sensibilizar al resto del mundo a seguir adelante. Hay muchos países que son abolicionistas de hecho, es decir, aunque sus leyes contemplan la pena de muerte, no la aplican desde hace años. Es necesario sensibilizar a estos países para que se comprometan en la defensa de la vida completamente.

J.C.