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Todo empezó en una clase de Ética. Estábamos hablando sobre la libertad y María Jesús Carravilla (nuestra profesora de la asignatura) nos comentó que a lo mejor nos dejarían ir a visitar la cárcel de Brieva, a pocos kilómetros de Ávila. Al principio nos pareció una idea interesante, algo nuevo.
Pasados los días, yo comenté a María Jesús que no quería ir; tenía miedo de meterme en un lugar cerrado con rejas por todos los sitios, y además con personas que por los motivos que fuera estaban allí y a lo mejor nos hacían algo. Ella me dijo que las internas no nos iban a hacer nada, que la idea que tenemos fuera es diferente a lo que luego es en realidad, que debería ir porque es un experiencia inolvidable y al final pensaría que había hecho bien. Decidí ir, aunque seguía pensando lo mismo. A la semana siguiente, ya teníamos la autorización, pasando antes por un control de policía en el que nos recogieron los carnets de identidad. Vino una señora a buscarnos para enseñarnos las instalaciones. Antes de entrar en el edificio anexo al nuestro, estaba el señor Roldán, con otros dos presos masculinos; a continuación hicieron alguna pregunta y entramos en el pabellón. Pasamos las típicas puertas de rejas de las películas que se iban cerrando cuando entraba el último y empezaron a gastarnos bromas a las chicas que íbamos en el grupo. Entramos en las primeras duchas y celdas que pasan las internas cuando ingresan, llegábamos a otro control y anduvimos un pasillo muy largo, en el que se encuentra, a la derecha: teatro, biblioteca, talleres, cocina, gimnasio..., y a la izquierda, los módulos. |
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Los módulos están divididos por colores: rojo, azul, verde y amarillo (dependiendo del comportamiento de las internas están en unos módulos u otros).
La visita fue toda en grupo; al visitar los talleres, algunas internas estaban trabajando allí y mi miedo al estar cerca de ellas desapareció. Después toda la visita fue muy bien; al llegar a los módulos hicimos dos grupos para visitar dos diferentes. Vimos el comedor, el patio, las clases, la clínica..., y por último las celdas. Me impresionó mucho cómo alguien puede pasar un determinado tiempo del día allí cerrado y, además, compartiendo ese celda con otra persona. Tiene que ser muy desagradable verte en esa situación, aunque sea por un tiempo determinado; los días se tienen que hacer eternos. Al final de la visita estuvimos hablando con el Director e hicimos algunas preguntas. En realidad es una experiencia inolvidable, que hace reflexionar sobre uno de los principios fundamentales del ser humano. Paloma Hernanperez |
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