RetrocesoA&ONº 189/2-XII-1999SumarioUsted tiene la palabraContinuar
CARTAS AL DIRECTOR
Recristianización

Pudiéramos resumir la situación actual de la comunidad católica, como de pérdida de la conciencia del pecado. Avalan esta opinión los que se ocupan de la educación religiosa de los jóvenes y lo que uno mismo vé; muchísimos fieles comulgando todos los domingos y muy escaso número de confesiones. Esta evidencia induce a sospechar que hay quien comete pecado y no es consciente de que lo hace. Si no fuera así sería peor: un gran número de comuniones sacrílegas. Ejemplos: ¿Son conscientes todos los bautizados de que el matrimonio civil es tan sólo un concubinato? ¿Saben lo que desde el punto de vista cristiano representa vivir en concubinato? ¿Saben que si se roba hay que restituir? En general, ¿saben a lo que obligan los mandamientos pormenorizadamente? Creo que hay muchos cristianos en estas condiciones, y su recristianización consiste en instruirles sobre estos extremos.

Una de las añagazas más sutiles del demonio, consiste en crear situaciones en las que parezca inconveniente hablar del pecado. En ella estamos. Hay que romper la situación valientemente y volver a llamar al pan, pan y al vino, vino. Porque el pecado cometido inconscientemente, aunque no culpe al interesado, daña de la misma manera que consentido a la comunidad eclesial y a la sociedad.

Antonio García de Gúdal

Más sugerencias sobre la Misa

He leído en el número 184 de la revista un artículo, tomado de Iglesia en Plasencia, sumamente interesante que me ha hecho meditar y reflexionar sobre cosas que no hacía del todo bien. Pero creo que bien se podría completar comentando lo que ha de hacer el celebrante. Vamos a sugerirle unas cuantas cosas.

Nunca dejes espacios entre Misas. Procura que la anterior se prolongue lo suficiente para que los que llegan con idea de disponer de un rato de silencio y prepararse para la celebración no puedan hacerlo y la próxima vez tengan que llegar atropellados y todo se les haga más corto.

Procura que la Palabra de Dios la lea algún analfabeto que no entienda de acentos ni comas. Lo de las comas ya demostró García Márquez que no son necesarias, y en cuanto a los acentos es una anticualla del castellano que hay que desterrar porque otros idiomas tienen todas las palabras bien agudas o bien llanas, con lo que todo es más fácil. Si no se encuentra ninguno de estos analfabetos buscar alguien que farfulle, susurre o por lo menos corra. Es fundamental acabar pronto para que quede tiempo a la homilía continuada de la que luego hablaremos. Ni se te ocurra que salga a leer alguien que en vez de leer proclame la Palabra de Dios.

Evita que en todo se tenga en cuenta a los sordos (como yo). A ser posible mantén algún rato el micrófono cerrado para probar la paciencia de los sordos (y de los que no lo son). Cuando al fin hagas caso a las protestas, ni se te ocurra a ti o al lector pedir disculpas y mucho menos repetir lo que no se ha oído.

La homilía no la prepares. Alárgala todo lo posible y continúala durante toda la Misa. No trates temas del Evangelio y, en todo caso, no trates temas conflictivos: nada de indisolubilidad del matrimonio, y menos de la Resurrección que eran cosas preconciliares.

En las peticiones procura que se traten temas políticos, ecológicos y a ser posible tomados de un Manual. Nada de pedir por cosas que le gustaría pedir a la gente por ser candentes: los terremotos, los huracanes, las epidemias, los accidentes graves que ocurren en nuestra patria o a personas de la parroquia. Por todo eso ya van a pedir, así que hay que pedir otras cosas.

A lo largo de la Misa procura tener un afán de protagonismo que dé originalidad y aparte de la liturgia, pesada y aburrida, aprobada por la Iglesia. Mucho más interesante es lo que tú dices. Procura las cosas obligatorias decirlas de prisa para que te quede tiempo a ti para lucirte. Procura obligar a los asistentes a que comulguen con la mano, a que no se arrodillen en ningún momento, y a que comulguen con los voluntarios cogidos a lazo para dar la Comunión. Procura que todo sea lo más rápido posible para que no tengan tiempo de dar gracias y recogerse como se hacía antes del Concilio. Por si todavía hay alguno que quiere recogerse no le dejes y dedícate a dar algunos avisos, y si no son bastantes los temas de que dispones, aprovecha para ceder la palabra a algún seglar con afán de protagonismo que anuncie que a la puerta van a dar un folleto o que van a celebrar la (por otra parte interesante) Operación Kilo, o van a vender camisetas para sacar dinero para el campamento de verano.

Con todo ello si alguien todavía va a Misa lograrás que deje de hacerlo.

Francisco Martínez Chacón

Sobre Católicos en la vida pública

Sea esta brevísima carta para felicitar de todo corazón a los integrantes de Alfa y Omega por el magnífico seguimiento e información que han dado de este primer Congreso Católicos y vida pública.

Permítanme aprovechar la ocasión para manifestar mi agradecimiento, desde su extraordinario semanario, a todas las personas que, con su participación y trabajo han contribuido al mismo, y muy especialmente a los ponentes y presidentes de mesa, a los miembros del Comité organizador, a los comunicantes y participantes y a todos los miembros de las diversas
realidades eclesiales que han hecho y, espero, harán posible que este Congreso y los que se desarrollen en el futuro se conviertan en una presencia inevitable de los católicos en la vida pública.

Alfonso Coronel de Palma
Presidente de la ACP

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