|
|
La verdad es que
hijo, no sé. No sé si debía contarte a ti estas cosas. A lo mejor te molestas, que nunca se sabe. Desde luego, si tú fueras como los curas
uf, no abriría yo la boca ni atada. Pero
cariño, ¿si no hablo contigo, con quién hablo? Si tú eres Dios de verdad
pues ya sabes lo que ha pasado abajo y no te vas a asustar porque yo te lo cuente. Vamos, digo yo. Pero, chico, no estaría de más que alguna vez tuvieras un detalle y me dijeras algo
Un sí, un no, una sonrisa, un
algo
a mí me bastaba ¡eh? La Virgen de Fátima les habló a unos pastores. Y tú no vas a ser menos que la Virgen de Fátima, vamos, digo yo. Una palabra, algo, para que una supiera cómo arreglarse
... (Soñadora) estábamos aquí. Hablábamos contigo, te poníamos flores y velas. ¡Eso no puede ser pecado! ¿Y es pecado lo de abajo? ¡Vaya usted a saber! Ya me gustaría a mí que un día me explicaras todo eso del pecado, porque menudo lío que se traen los curas. Para ellos todo es muy fácil, verás: lo que se hace de cintura para abajo, todo es malo, así de sencillo. Un día fui yo con un cliente a un hotel y en la mesilla había una Biblia que debía ser protestante, porque en ella leí yo una frase que se me quedó clavada. De la frase me acuerdo muy bien aunque hay una palabra que no entiendo. Decía así: En verdad, en verdad os digo, que los republicanos y las prostitutas os precederán en el reino de los cielos. Y lo de las prostitutas estaba escrito así con todas las letras. Lo que no entendí muy bien es lo de los republicanos porque también ¡hay cada cabrón en la izquierda! Pero lo de las prostitutas estaba clarísimo: al cielo iremos nosotras Fíjate, es casi como si me hubiera confesado contigo. Ahora ya sabes por qué quiero a mi hijo el doble que otra madre a los suyos, porque él ¿comprendes? Tú y mi hijo sois la última pureza del mundo. (Mansa) Yo puedo serlo todo. Me humillarán, me manosearán pero cuando un cerdo está haciéndolo abajo, yo pienso: ¡mi Cristo está arriba! ¡Mi hijo es tan hermoso! Y hasta el asco se me vuelve maravilla |
|
¡No me falles, por Dios! ¡No me falles tú! Entonces
sí que me suicidaría. ¡Y no dejes nunca que me falte mi hijo! Estoy dispuesta a seguir en este oficio por toda la eternidad
(Ahora quieren llevarte de aquí...) Estoy pensando que tú estás más solo que yo. Porque yo, cuando me siento sola, voy y te rezo a ti. Pero tú ¿a quién le rezas cuando estás triste y solo? ¿A quién acudes? ¿Quién te consuela, si no hay nadie por encima de ti? ¿Tus devotos? ¡Aquí no hay más devota que yo! ¡Tú eres mío! Ha corrido hacia el Cristo, se abraza a sus rodillas, le besa como loca, en un ataque mezcla de amor y de borrachera. Dice, agarrando el cordón que ata el Cristo. Mío. Nadie te llevará. Ellos no te necesitan, yo sí. ¡Tú eres mío por derecho de amor! Cae, muy rápido, el TELÓN José Luis Martín Descalzo |