RetrocesoA&ONº 190/9-XII-1999SumarioEn portadaContinuar
Cientos de personas se prostituyen cada día en Madrid
Un mundo difícil
del que es posible salir
El problema de las prostitutas, del que llaman el oficio más antiguo, sigue estando presente
en nuestra sociedad. Cada día cientos de mujeres, y de hombres, salen a la calle a ganarse la
vida vendiendo su cuerpo, su dignidad. Es un mundo de miseria que, en vez de ir
decreciendo, va en aumento: Cada vez se dedican más seres humanos, sobre todo mujeres,
a ello:unas son traídas engañadas de Asia, África e Iberoamérica; otras se dedican a ello
para comprar la dosis de droga que necesitan. En 1998 se desarticularon unas 60
organizaciones relacionadas con la trata de mujeres. La Iglesia trabaja en su ayuda: Cáritas,
las Oblatas, la Legión de María…cada día muchos religiosos, religiosas y voluntarios
hablan con ellas e intentan que cambien de vida. Si así lo quieren, les ayudana entrar
en un proceso de desintoxicación si son drogadictas; les buscan una casa; les enseñan un
nuevo oficio para que puedan ganarse la vida; y, sobre todo, les dan el cariño que necesitan

Si uno se da un paseo por algunos barrios de Madrid, no puede dejar de verlo. En el Paseo de Camoens, en la calle de la Cruz, en Espoz y Mina, en Caballero de Gracia, en la Casa de Campo…, cada día, a las nueve de la mañana salen cientos de mujeres, y de hombres, a hacer la calle, sin más abrigo que una chaqueta y sin más compañía que la de quien aparezca en busca de sus servicios.

Cada año entran incesantemente mujeres extranjeras en nuestro país, como en el resto de la Comunidad Europea, para trabajar como prostitutas. No hay, o no se quiere que haya, estadísticas, pero los periódicos informan: El tráfico de mujeres extranjeras se ha duplicado en España: Las redes de prostitución han invadido los clubes de carretera y desbordado a la policía: 60 bandas han sido desarticuladas en el último año. Hay tráfico de niñas vendidas para la prostitución convirtiéndose en reclamo del turismo sexual en las rutas internas de Tailandia, y en las rutas de Birmania a Tailandia, de Nepal a India y de Vietnam a Camboya. También en las rutas de Iberoamérica a Europa y Oriente Medio, de Bielorrusia y Ucrania a Hungría, Polonia y los Estados bálticos o Europa occidental, de Filipinas y Tailandia a Australia, Nueva Zelanda y Taiwán, y del sudeste asiático a Japón y Hawaii. Las niñas son vendidas a menudo por sus padres. Son arrancadas de áreas rurales a ciudades o a nuevos países, donde se enfrentan a una vida de violencia y de peligro excepcionales. Los clientes e intermediarios las violan y las someten a formas extremas de abuso físico y psicológico. Tienen un alto riesgo de contraer el sida y otras enfermedades de transmisión sexual y de tener embarazos involuntarios.

En los últimos años el problema se ha disparado. Estas chicas son traídas de forma engañosa. Los capos de las bandas de prostitución llegan a su país y les ofrecen todos los requisitos para una vida ideal en Occidente:un trabajo digno, dinero de bolsillo, un billete de avión y un permiso de residencia. Cuando llegan al aeropuerto del país de destino, se les quita todo, y se les mete en cualquier club de carretera, o se les pone en la calle a trabajar.

Según datos de la Policía Nacional, recogidos en Internet, en el año 98 se desarticularon unas 60 organizaciones. Cerramos un local y abren otro, afirma la policía. En 1997 fueron detenidas más de 300 personas relacionadas con la trata de mujeres.

Susana es una joven que ofrece su testimonio por Internet. Trabajaba en un club de carretera cerca de Toledo. Ella dice: De allí no se puede salir. Te cambian de sitio al poco y te amenazan con contarle todo lo que has hecho a tu familia, y dicen que la policía te puede encerrar.

En total hay en la Unión Europea más de medio millón de mujeres procedentes de la Europa del Este, víctimas de la trata de blancas.

También se da la prostitución entre niños. Según información de El Nuevo Diario de Nicaragua, el pasado mes de febrero, 40 niñas de Nicaragua, cuyas edades oscilan 12 y 14 años, se han visto obligadas a trabajar de prostituas.

MUJERES ESPAÑOLAS


Además de estas chicas extranjeras, muchas españolas trabajan en las calles. Unas, porque son drogadictas; las otras, porque es su oficio, y porque no se sabe muy bien, entraron en él, y ahora no saben vivir de otra forma. Es el mundo de la prostitución y la pornografía que mueve miles y miles de millones y enriquece a miles de explotadores.

La pornografía es inmoral -afirmó Juan Pablo II en 1992 en el discurso a la Alianza Religiosa contra la pornografía- y, en última instancia, antisocial, precisamente porque se opone a la verdad sobre la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. Por su verdadera naturaleza, la pornografía niega el significado auténtico de la sexualidad humana como don de Dios que quiere abrir a los hombres al amor, a fin de que compartan la obra creadora de Dios a través de la procreación responsable. Reduciendo el cuerpo a un mero instrumento para el placer de los sentidos, la pornografía frustra el auténtico crecimiento moral y atenta contra el desarrollo de relaciones maduras y sanas. Lleva inexorablemente a la explotación de las personas, especialmente de las que son más vulnerables, como es el caso -trágicamente evidente- de la pornografía infantil. La familia es generalmente la primera que sufre la embestida de la pornografía y sus efectos perjudiciales para los niños.

Cáritas lleva a cabo varios programas de ayuda a chicas prostituídas, en colaboración con las religiosas Oblatas y Adoratrices.

Lo primero que hace Cáritas, es ir a la calle a buscarlas y a hablar con ellas. En la calle encuentran una mujer que necesita mucha ayuda. Cuando son extranjeras traídas engañadas, buscan la forma de conseguir su libertad, en colaboración con las Cáritas de Europa y las instituciones públicas. Se invita a la chica a salir de ese ambiente y, si lo acepta, se sigue un proceso, según sus necesidades. Si es toxicómana, se le introduce en un programa de desintoxicación. Si no lo es, se lleva a cabo un proceso de aprendizaje y adaptación, en talleres, para que aprenda otro oficio y así pueda trabajar en otro lugar. El taller más importante es el de La aguja. Allí aprenden a hacer ropa para niños, que, en Madrid, se vende después en una tienda en la calle Martín de los Heros. Para vivir las chicas pueden elegir entre los pisos tutelados, y los apartamentos, donde pueden vivir con sus hijos, y con su pareja, si la tienen.

Las voluntarias de la Legión de María también trabajan en las calles, sobre todo en el centro de Madrid: Caballero de Gracia, Montera, Jardines, Aduana, en la plaza de Benavente, Cruz, Ballesta, Desengaño, Puebla, Valverde… El trabajo -me explica una de ellas- lo realizamos por parejas «haciendo la calle», o sea «in situ», donde están las chicas. Asimismo tenemos contacto con las familias, ya que los problemas que arrastran estas personas vienen desde la infancia. Hoy día se mezclan las prostitutas «de toda la vida» con las drogadictas. Estas últimas se prostituyen para conseguir dinero para la droga. La problemática más grave que encuentran estas chicas es el gran deterioro: un deterioro de salud, de educación (muchas viven en otra dinámica). Las prostitutas -continúa- nos parecen «los pobres de los pobres», ya que ejercen un oficio muy duro, que quita la dignidad. ¿Hay algo más duro que vender a tu propia persona? La mujer prostituta es increíblemente generosa, y cariñosa -continúa-. Todas han tenido una infancia desastrosa. Lo que buscan principalmente es cariño. A muchas les han metido en este «oficio» su marido o su pareja.

Según información de la Legión de María, los principales problemas que tienen estas mujeres son los siguientes:

-Económico: Suelen vivir en pensiones. Es rara la que tiene un piso propio o de alquiler, ya que para este último se necesita nómina. Prácticamente todas tienen hijos de los que no se quieren separar, y a los que hay que mantener.

-Sanitario: Infecciones, droga.

-Malos tratos: Los reciben todas, no sólo de los clientes, sino de la propia familia. La figura del chulo puede ser desde su marido o pareja, hasta los padres, hijos y hermanos.

-Cultural: Son gente sin ninguna cultura. A la hora de dejar la calle no se les puede ofrecer más trabajo que el de la limpieza y, por tanto, con un sueldo muy bajo para sus necesidades. Es gente totalmente desestructurada (reloj-horario/vivir en familia/llevar una casa/hacer un mínimo esfuerzo para conseguir algo).

Fundamentalmente lo que se puede hacer por ellas es:

-Quererlas como son.

-Escucharlas. Tienen gran necesidad de comunicarse, ya que viven en gran soledad.

-Tratarlas como a personas que son, ya que la mayor parte del día son objeto de compraventa y un objeto al que se le puede insultar, se le maltrata, al que se le hace de todo.

-Tratarlas con bondad, tener entrañas de comprensión y de ternura.

-Tener infinita paciencia, ya que hay que hacer muchas gestiones para ayudarles: buscar colegios para los hijos, trabajo si quieren salir de la calle, Centros de desintoxicación para las drogadictas. Gestionar su DNI, empadronamiento, cartilla sanitaria, ayudas económicas cerca del Ayuntamiento o Juntas Municipales, bolsas de comida, ropa en roperos parroquiales, médicos. Se les orienta a que se integren en los talleres.

-No juzgarlas.

-Llevarles la Buena Noticia. Es muy fácil hablarles de Dios. Ofrecérselo como Padre. Quitarles el sentido de culpa siempre que veamos que luchan por salir de esa vida. Nuestro planteamiento con estas personas es totalmente el del amor, un quererlas como son, como nos quiere Jesús a nosotros. Porque sí.

-Agradecerles que nos evangelicen, ya que nos ayudan a centrar la espiritualidad en los valores del Reino: justicia, fraternidad, bondad.

Ya en la zona Centro -explica Concha Ferraz, voluntaria de la Legión de María- nos conocen casi todas. Nos presentamos como miembros de una asociación apostólica que quiere ayudarles, y les preguntamos en qué podemos ayudarles. No siempre te cuentan a la primera las cosas. Las saludas de verdad, con cariño, las besas: es gente muy necesitada de cariño, que además están deseando que alguien las escuche y las trate como personas. Es labor de mucho tiempo. Nos cuentan su vida. Si tienen niños, les buscamos colegios, les buscamos pisos… El problema de los pisos es uno de los más serios. No pueden alquilar un piso porque no tienen una nómina, y pagan una pensión todas las noches. Y comen y desayunan fuera. Sin tener hijos, para ellas poner todos los días el pie en el suelo son 10.000 pesetas.

Muchas -continúa- quieren cambiar de trabajo, pero es muy difícil. No tienen un horario desde hace muchos años. Si estás todo el día en la calle no estás acostumbrado a convivir en familia. Eso se ve muy bien en las casas de reinserción. Hasta que se adaptan pasa mucho tiempo; es un aprendizaje muy duro para ellas. En la calle no hacen nada más que la calle, y la calle lo único que hace es comerte. No da nada. Muchas pagan muy buenos colegios para sus hijos. Son capaces de matarse por eso. Son gente muy generosa.

Ahora -continúa- hay chicas muy jóvenes por la droga, aunque en Tirso de Molina puedes encontrar a mujeres de más de 70 años. Son muy generosas. Por ejemplo hemos visto muchas veces que cuando alguna estaba embarazada, otra le decía: «Como yo ya he trabajado, toma esto y vete a casa». Te preguntas: «Yo, cuando salgo de trabajar, ¿veo a un pobre y le digo, "toma, mi día de sueldo"?» Igual están allí embarazadas hasta de muchos meses. Hay hombres que las prefieren así. Lo he visto más de una vez. ¿No habría que analizar ese punto mental de algunos hombres?

Lo más bonito -afirma- es que son muy religiosas. El noventa y tantos por ciento reza. Piden a Dios ayuda en el trabajo. Van mucho a rezar a las iglesias. Pasan mucho miedo y trabajan muchas horas. Suelen empezar a las 9 de la mañana. Están siempre:bajo el sol, a 40 grados, a 0 grados en invierno, y si caen chuzos de punta… Cuando la gente dice que es un dinero fácil, tendría que darse cuenta de que éste es el dinero peor ganado de todos. Los hijos suelen estar en colegios internos. También hay que destacar que muy pocas abortan. Quieren a los niños de una forma impresionante.

Lo más difícil de nuestro trabajo -concluye- es entenderlas. Si quieres entenderlas, te desesperas. Nuestra mentalidad no puede llegar a entender lo que pasa por sus cabezas. Hay que verlas como son. Pero, aunque a veces te desesperas, en cuanto las ves, se te abre el corazón. Ellas nos dicen muchas veces: «Nadie como vosotras viene aquí». Nuestro trabajo es precioso, pero es muy duro.

IMPRESIONANTE TESTIMONIO

María es una joven que, gracias a la ayuda de la Legión de María y de las Oblatas, ha salido de este mundo de la prostitución. Era drogadicta y toxicómana. Ahora vive en un piso con sus dos hijos y trabaja cuidando a dos ancianos. Nos ofrece su testimonio:

Cuando conocí a las voluntarias de la Legión de María aprendí lo que era vivir de verdad. Les conocí en la calle mientras hacían apostolado. Yo estaba trabajando, colocada, en la calle y llegaban ellas y charlaban conmigo, me invitaban a un café, a merendar… Cada vez la relación fue a mejor. Al final me brindaron su ayuda y yo la acepté. Pensé que ya no podía aguantar más esa situación. Ellas me buscaron un sitio donde quedarme, mediaron con mi familia, se preocupan en buscarme un trabajo…

Yo empecé el «Proyecto Hombre» en el 95 y terminé en el 98. En la calle estuve tres años. Estuve enganchada muchos años. Llega un momento en que estás tan desestructurada que lo que quieres es quitarte del medio, aunque sea inconscientemente: es un suicidio.

La labor de la Legión es superimportante. Por su condición de católicos ni te imponen, ni te hablan; sencillamente te ayudan. Los protestantes, que también iban por allí, te ponían sus condiciones, te quitaban las imágenes de la Virgen… te explotaban y tenías que tener sus ideas. Lo bonito de los católicos es la libertad. De las Oblatas aprendí todo, aprendí a vivir. Es una calidad humana increíble. También he conocido gente estupenda con las Hermanas de la Caridad y con las Adoratrices.

En el mundo de las prostitutas la mayoría son toxicómanas como la mayoría de la gente que está en las cárceles, pero también hay gente que no lo es. Yo pensaba: «He llegado a esta situación por la droga, pero ¿por qué ellas trabajan aquí?» No lo entendía. Yo creo que es una especie de adicción. Yo las veía faltas de todo, sobre todo de cariño. Han empezado ahí por lo que sea y luego ya han cogido una adicción. Piensan que no se merecen otra cosa, y no quieren salir de ahí. Si se les ofreciese otro modo de vida fácil lo cogerían, pero no están dispuestas a luchar por otro modo de vida. Además, están condicionadas por el «buitreo» que hay alrededor. No son sólo ellas. Está el fulanito de turno que les está haciendo la vida imposible. En mi caso el fulanito era la heroína. En el suyo, fulanito era un hombre. Conozco a poca gente que haya salido de esa historia. Se hacen al dinero rápido -no fácil, que no tiene nada de fácil-. Es un problema como puede ser el juego, drogas, alcohol… No es sólo lo que se ve. Es algo mucho más profundo. Cuando veo en la tele alguna prostituta que dice: «He tenido que estar en la prostitución porque tengo hijos, y no tengo dinero…», pienso que no es cierto. Puedes fregar escaleras, ir a la parroquia… Es por algo mucho más profundo. Tienen un conflicto de sentimientos y caen en eso como se cae en las drogas o en el alcohol.

Es mentira -continúa- que se gana mucho dinero. Se gana para salir del paso. Ganan las modelos, las estudiantes de alto standing. Pero la gente de «a pie» es una gente que se va deteriorando, con las inclemencias del invierno, del verano…, y no se gana lo mismo el primer año que el décimo, y cada vez se gana menos. Las pobres desgraciadas que están por la calle partiéndose el lomo ganan poco dinero.

Yo siempre he sido católica. Mi familia lo es y estoy bautizada. Siempre he sido creyente. Después de conocer a las Oblatas y a las mujeres de la Legión creo más en Dios y creo mucho más en el ser humano y en mí. Es el tipo de católicos que deberíamos ser todos, comprometidos, haciendo apostolado. Hay un montón de gente en la Iglesia que da sin recibir nada a cambio. Ahora estoy trabajando cuidando a unos ancianos, y haciendo voluntariado ayudando a otros, chicas y chicos.

El sexo es una expresión del amor y hay que utilizarlo como tal. Todo lo que sea usarlo para lo que no está hecho es antinatural y negativo y a las personas les daña. Es negativo porque tiene que practicarse de otra manera. No está hecho para eso. Daña tanto a los que socilitan los servicios como a los que están allí. Los clientes son enfermos también, pero no se puede etiquetar a la gente. Tienen trastornos de la personalidad, enfermedades mentales… no hay que tratarlos con frivolidad, son personas con problemas.

¿UNA NÓMINA PARA ESTAS MUJERES?


La Organización Internacional del Trabajo, dependiente de las Naciones Unidas, ha pedido a los Gobiernos que reconozcan oficialmente la industria de la prostitución, basándose en el rápido crecimiento del comercio sexual en los países del sudeste asiático.El informe de la OIT advierte sobre las ventajas de reconocerla como actividad económica para extender la base tributaria y cubrir muchas de las actividades lucrativas asociadas con ella.

La OIT reclamó también la creación de políticas laborales necesarias para hacerse cargo de los varios millones de personas que en el mundo trabajan en la industria sexual.

El debate se ha iniciado. El sociólogo Julio Godio, especialista en temas laborales, consideró una aberración que el organismo internacional proponga la reglamentación del trabajo sexual. Lo que debe promoverse -afirma- es que las prostitutas se liberen de sus explotadores.

Según la OIT, sólo en Japón el negocio del sexo representa el 1 por ciento del PBI. Entre el 0,25 y del 1,5 por ciento -afirma el documento- de las mujeres de Indonesia, Malasia, Filipinas y Tailandia son prostitutas.

El verano pasado saltó la polémica, cuando el Ayuntamiento madrileño anunció que todas las prostitutas de la Casa de Campo iban a ser trasladadas a una zona más recóndita y más alejada del lago, el Cerro de Garabitas. Las asociaciones de prostitutas dialogaron con el Ayuntamiento, le acusaron de oscurantista, y de escatimar información, y, según nos informó la Oficina de Prensa del Ayuntamiento, el tema se paró, y no se procedió al traslado.

Ruiz Gallardón, Presidente de la Comunidad de Madrid, declaró con motivo de esta polémica: Ellas son quienes más sufren el ejercicio de la prostitución y, probablemente, son quienes menos voluntad tienen de la existencia de la prostitución, pero no depende de ellas ni salirse de esa red, ni acabar con la prostitución. Siempre he sido partidario de lo que se ha llamado una legalización que, en definitiva, es una regulación de los derechos de las prostitutas, de sus derechos sanitarios. Para Gallardón, una ausencia completa de regulación lo que hace, en definitiva, es dejar fuera de los sistemas de control sanitario y de seguridad unas situaciones que existen, y por eso propone hacer unos planteamientos integrales que garanticen sus derechos, su sanidad y su seguridad. La Comunidad -concluyó-, desde la Consejería de Servicios Sociales, está dispuesta a participar en el diseño de una legislación.

Aquí está el debate. ¿Una tragedia debe ser legalizada? Hay gente que dice que poniendo a la sociedad las cosas fáciles las personas las utilizan menos. Parece que en la práctica es todo lo contrario. Las monjas me han enseñado a vivir, decía María.

Coro Marín