RetrocesoA&ONº 190/9-XII-1999SumarioMundoContinuar
Globalización y paro
Rodrigo Rato y otros líderes políticos, empresariales y sindicales participan en una
mesa redonda en Roma junto a representantes de la Iglesia católica

Globalización de la economía, o globalización del paro? Para responder a esta candente pregunta de actualidad se reunieron en Roma, el 23 y el 24 de noviembre pasados, personajes como Rodrigo Rato, vicepresidente del Gobierno español; Rolf Breuer, director de Deutsche Bank; Jean-Loup Dherse, ex vicepresidente del Banco Mundial; Alain Deleu, presidente de la Confederación de los Trabajadores Cristianos; Carlos Slim Helù, máximo accionista de Teléfonos Mexicanos y uno de los más grandes empresarios de Iberoamérica; y autorizados representantes de Iglesia como el cardenal Darío Castrillón Hoyos, Prefecto de la Congregación vaticana para el Clero; el cardenal Norberto Rivera, arzobispo de México; o el arzobispo Giovanni Battista Re, Sustituto para Asuntos Generales de la Secretaría de Estado vaticana. Se trata de una iniciativa inédita organizada por la Fundación Guilé, institución suiza de reciente creación que tiene entre sus objetivos ofrecer a líderes políticos, empresariales y sindicalistas católicos instrumentos de reflexión para poder aplicar en su trabajo las propuestas de la doctrina social cristiana.

La mesa redonda recibió una contribución decisiva con la intervención del cardenal Castrillón, quien explicó que nunca como en este siglo la Humanidad ha conseguido tan altos logros científicos y técnicos. Sí, hemos llegado a un cenit imponderable, impensable..., aunque en el reverso de la medalla encontramos un nadir muy pesado y altamente contradictorio. Valga una idea como expresión afirmativa-negativa de cuanto digo: el G-7 representa únicamente el 12% de la población mundial, pero concentra casi dos tercios de la riqueza del planeta. Grande paradoja. Para resolver estas contradicciones Juan Pablo II ha puesto de manifiesto -explicó el cardenal colombiano- que la globalización puede tener un carácter ético positivo o negativo. Si se rige por las meras leyes del mercado aplicadas según las conveniencias de los poderosos -subrayó-, lleva a consecuencias negativas. En este sentido criticó la concepción economicista del hombre, el neoliberalismo, que considera las ganancias y las leyes de mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y de los pueblos. Revisando todo el magisterio de este Pontífice sobre cuestiones de ética social, Castrillón puso de manifiesto que, según Juan Pablo II, la mejor respuesta, desde el Evangelio, a esta dramática situación es la promoción de la solidaridad y de la paz, que hagan efectivamente realidad la justicia.

Juan Rosell Lastortras, presidente de Fodere (Federación Europea de Empresarios) y del Fomento del Trabajo de Barcelona, explicó que no es la primera vez que el mundo afronta la globalización. Se dieron ya intentos de este tipo en tiempos del imperio romano, del británico y del español. El problema más evidente de la globalización de este nuevo milenio es la relación entre producción de riqueza y empleo. En Europa existen 18 millones de empresas y 18 millones de desempleados. 18 millones es también el número de los emigrantes en Europa. Rosell Lastortras explicó que el viejo diccionario económico, hecho de precios fijos, monopolios, trabajo fijo, mercado doméstico, ha terminado para siempre. El nuevo diccionario habla de precios abiertos, calidad del producto, costos variables, impuestos bajos, flexibilidad, teletrabajo. El término más importante de este nuevo diccionario en tiempos de globalización es la solidaridad, subrayó el presidente de Fodere.

La mesa redonda terminó con la publicación de unas conclusiones comunes. El documento comienza constatando que la globalización es un hecho irreversible, y que no es una amenaza, sino un desafío en el que entran en juego las libres decisiones humanas con su responsabilidad. En este contexto -añaden los participantes-, el enfoque ético de la actividad económica en la globalización debe atender en primer lugar al bien común. Esto significa: considerar a los demás como personas, con su propia dignidad, y no como instrumentos; atender a los pobres. Ellos siempre indican lo que está mal en el sistema.

J. C.