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El I Congreso internacional de Hermandades y religiosidad popularLa catedral hispalense fue el magno escenario de la celebración del I Congreso Internacional de Hermandades y Religiosidad Popular. Tuvo una nutrida participación y valoración por la jerarquía de la Iglesia de esa parcela tan importante como es el mundo cofrade y todas sus ricas y centenarias tradiciones, en cuya vivencia muchos fieles mantienen la llama de la fe, del apostolado y la caridad, y al que pertenecen centenares de miles de cofrades. La religiosidad popular necesita acomodarse a la dinámica renovadora emanada del Concilio Vaticano II, para acoplarse a la nueva evangelización a la que reiteradamente nos invita Juan Pablo II, para iniciar el camino del tercer milenio de la cristiandad. En el Congreso se oyó la voz de Italia, Francia, México, Perú, Guatemala, EE. UU. y España, así como la del Vaticano en la persona del cardenal Stafford, con una conferencia y el mensaje del Papa a los congresistas, en un claro y sólido reconocimiento a la religiosidad popular, a las cofradías y hermandades, que han de estar engarzadas en la pastoral parroquial, en un mutuo hermanamiento entre el clero y los cofrades. Como dijo Juan Pablo II en el Rocío, se nos ha acumulado polvo del camino, y nos hemos desviado del origen y los fines para los que nacieron las cofradías y hermandades, que siendo el mismo en todas partes, como es la representación de la Pasión de Jesús y la labor de apostolado y caridad, cada lugar le aporta su propia personalidad y forma de ser, y así hay una gran diferencia entre la Semana Santa de Castilla y León, Aragón, Murcia y Andalucía, por citar algunas, y existen muy distintos tratamientos del mundo cofrade entre unas diócesis y otras. Dentro de la singularidad de cada diócesis, se impone una pastoral cofrade diocesana, que se acople a la pastoral parroquial donde radican las cofradías. En el Congreso se habló de la necesidad de una catequesis cofrade. En el Foro de Laicos hay grandes grupos, como la Acción Católica, Cáritas, Adoración Nocturna, Cursillos de Cristiandad y otros, pero hay que incluir y considerar la gran parcela de las cofradías y hermandades. Nuestros obispos tienen la palabra. Juan Torrico Lomeña Caridad «a pie de obra» Soy una señora de la tercera edad, es decir, una anciana. Ayer pasé, al caer la tarde, por la Plaza del Callao, de camino para ir a rezar a la iglesia. Me quedé entristecida. Sé que lo que ví lo estamos viendo, desgraciadamente, todos los días, pero ayer, tal vez porque iba a alabar y adorar al Señor, me dejó profundamente entristecida. Había varios indigentes, casi tirados en el suelo. La gente pasa sin prestarles la más mínima atención. Me acerqué al que estaba más en la oscuridad, un hombre, y le di unas monedas. Más allá una mujer joven con cara de enferma y de hambre; después otro, y, en fin, qué voy a decir que no sepamos. Cuando estaba hablando con el hombre, se acercó una persona, hombre también, con aspecto de no andar muy sobrado de medios económicos, pero sí en cambio de tener un corazón para amar a sus semejantes. Llevaba un recipiente con comida, pasta italiana con algo más, que iba repartiendo a los indigentes y que, desde luego, se lo comían. Me miró sonriendo y dijo algo así, con acento extranjero: Cada uno hace lo que puede. Me fui hacia el templo, pero no me atreví a entrar. Emocionada pensé: ¿Cómo voy a alabarte, a adorarte y a decirte que te amo dejando a tus hijos así? ¿Qué me ibas a decir? Busqué algún sitio donde poder comprar unos bocadillos y retrocedí para llevárselos. Cuando hacemos algo que merece la pena, ya sabemos que es la gracia de Dios la que actúa en nosotros. Así es que le di las gracias a Él, por su gracia, por permitirme ver las caras que pusieron al tomar los bocadillos. Se iban a dormir a un albergue, me dijo (a la Casa de Campo, dijo el nombre de uno de ellos, en el que les quitaron sus pocas pertenencias, otras personas que durmieron allí). Sé el nombre del albergue pero no lo digo, porque no todas las personas que duerman allí serán amigos de lo ajeno. Sé que el Ayuntamiento emplea cientos de millones en atender a estas personas. No digamos Cáritas; recientemente ustedes lo han publicado. También que hay grupos de jóvenes que van con grandes termos y bebidas calientes, que hay voluntarios para las grandes ONG y que es para descubrirse con las ayudas internacionales allí donde más falta hace, muchas veces dando su propia vida. Pero, tal vez no nos enteremos muy bien de lo que tenemos a las puertas de casa. Acaso, grupos de jóvenes y de los que no lo son tanto, en las parroquias, grupos de distintas comunidades, en fin, no sé lo que se podría hacer, pero a nivel digamos que modesto se podría ayudar a estas personas, para al menos llevarles algo de humanidad y de compañía, que también lo necesitan. Y, por supuesto, algo para que no se vayan al albergue con el estómago vacío. M. D. U. Réplica a una respuesta En relación a la respuesta publicada por ustedes el 25/11/99 a mi opinión de que no es correcto utilizar el término la Iglesia para referirse sólo a una de las Iglesias existentes en la sociedad española actual, Donaciano García Martín alega dos razones que no comparto: 1.- Se trata de un genérico (la sal, por sal común o de cocina). Nadie imparcial diría el Partido para referirse a un partido político concreto, salvo que se realice por un representante del mismo. Entiendo que los medios de comunicación no confesionales no representan a la Iglesia. 2.- Las Iglesias cristianas no católicas son una variante de la Iglesia católico-romana. Ésta es la opinión de un católico-romano, que no compartimos los protestantes (que entendemos tener identidad propia y diferenciada), por lo que tampoco debe ser impuesta al conjunto de la sociedad española como norma informativa en los medios de comunicación. Respeto profundamente la opinión del señor García Martín, pero creo que un medio no confesional debería ser muy objetivo en su información con todas las posturas e Iglesias a la hora del uso del lenguaje. Defendería con la misma convicción que en Grecia no se use el término la Iglesia para referirse sólo a la ortodoxa, o en Alemania para identificar de forma exclusiva a la Iglesia protestante. Pedro Tarquis Alfonso N. de la R.: Con esta réplica, demos por concluida esta polémica.
Fe de erratas En nuestro número 184, p. 26, publicamos una ilustración cuya autora es Victoria Martos, reproducida de la revista Saber leer, de la Fundación March. Lamentamos que, por un error involuntario, del que pedimos disculpas, no citamos la procedencia.
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