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Genómica. Con este nombre no se designa sólo la nueva disciplina médica que se dedica al estudio del genoma, sino que esconde una de las revoluciones más profundas que ha experimentado el mundo de la Medicina: la posibilidad no sólo de combatir la enfermedad, sino de modificar absolutamente la estructura biológica humana, está ya al alcance de la mano. Desde que comenzó sus estudios en 1995, el Proyecto Genoma Humano, constituido por el Departamento de Energía de los Estados Unidos, y por iniciativa privada (National Institutes of Health), ha conocido un desarrollo cuya velocidad ha crecido en progresión geométrica: en principio se estableció la fecha límite de 2003; según las últimas previsiones, ya en la primavera de 2000 se conocerá el 90% del genoma. El 28 de septiembre de 1995, un equipo de investigación de 85 científicos, liderado por Craig Venter descubrió cómo se expresaban físicamente algunos genes, lo que dio lugar a la patentización de secuencias genómicas humanas para usos industriales. Otra de las posibilidades que abre el dominio de las bases moleculares de la vida es traspasar la barrera de las especies, lo que ha abierto la polémica de los animales transgénicos.En resumen, la base física de la vida ha dejado de ser un santuario inviolable para convertirse en un bien maleable, manipulable y, por tanto, susceptible de ser utilizable con fines médicos e incluso industriales. El propio Craig Venter ha afirmado recientemente que la ciencia está ya en condiciones de crear la vida en un laboratorio, sin necesidad de la fecundación in vitro: se trata de reunir los genes y crear una célula de la nada. Las posibilidades terapéuticas que ofrece el dominio del genoma abren un campo hasta ahora desconocido: la terapia génica, los chips biológicos, etc., se plantean ya como alternativas a la Medicina tradicional. Por ende, los problemas éticos que se plantean con estas posibilidades son graves en la medida en que se toca la misma base de la intimidad y, por tanto, de la identidad que es el cuerpo humano: la protección de la intimidad, el derecho a no ser determinado genéticamente por terceros, los límites de la eugenesia, etc. Las declaraciones internacionales sobre la protección del genoma humano pretenden salir al paso de los problemas generados por esta revolución, dando al ADN un status jurídico propio. Luis Miguel Pastor, profesor de Citología de la Universidad de Murcia, considera sin embargo que el problema de fondo sigue sin resolver: los Estatutos carecen de una concepción coherente del hombre. No puede regularse el genoma como un bien físico, sin tener en cuenta la unidad integral del ser humano. El genoma es la base física del ser, pero no es independiente del resto de la realidad físico-psíquico-espiritual que llamamos hombre. Otra incoherencia que no se resuelve es que se limita el uso del genoma, pero sigue habiendo un silencio culpable sobre la falta de protección del embrión. El concepto de la dignidad humana, al limitarse al genoma, queda, pues, en entredicho. |
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¿VIDAS INÚTILES?
La cuestión de fondo que se plantea es si en la lucha con la enfermedad y debilidad humanas no se está eliminando también al débil, negándole el derecho a la existencia. Según José Ramón Lacadena, catedrático de Genética de la Universidad Complutense, existe el riesgo de convertir la genética en una ciencia omnipotente que nos aboque a una biocracia, en la que el sistema social esté basado en la información genética. Imaginemos un mundo en el que los seguros de vida, las concesiones de los créditos, etc. dependieran de que no tuviéramos en nuestro ADN un gen que pudiera provocar un cáncer en el futuro. Se eliminarían los embriones menos sanos para asegurar una especie más fuerte. Según José Gabaldón, ex-vicepresidente del Tribunal Constitucional, la investigación científica no debe estar por encima de otras consideraciones, por encima de los derechos humanos. Las sentencias de los Tribunales españoles tienen que ir acordes con las sentencias del Consejo de Europa, quien ha dotado al «preembrión» de personalidad jurídica. Otro de los problemas que plantea esta nueva concepción de la Medicina es qué hacer con los ancianos y con los pacientes terminales, vidas no productivas desde el punto de vista material. Josep Argemi, decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Cataluña, denuncia las contradicciones del sistema médico actual: ¿Por qué se limita a los ancianos y, en cambio, se financia la tecnología, desprestigiando la dignidad humana? ¿Por qué algunos tratamientos básicos no están financiados por la Seguridad Social, y sí lo están ciertos estilos de vida no saludables? Manuel de Santiago, presidente de AEBI, cuestiona: ¿Es ético que la edad sea un freno a determinadas intervenciones sanitarias que suponen un gasto para otros inútil? En fin, un tercer problema que habrá que afrontar es la existencia de dos Medicinas, una para el primer mundo y otra para el tercero. ¿Es lícito gastar ingentes presupuestos en mejorar la calidad de vida mientras que en África la gente muere por no tener aspirinas? BIOÉTICA Y POLÍTICA
Otra de las cuestiones es la falta de conexión entre los expertos en bioética y los responsables políticos. Según el presidente de AEBI, muchos bioéticos no se sienten tenidos en cuenta a la hora de elaborar las leyes; concretamente, la mayor parte de los participantes en el Congreso pidió al Tribunal Constitucional que revisase la última sentencia sobre la ley de fecundación in vitro, como gravemente atentatoria contra la dignidad humana. Lo recordó Ignacio Ariznavarreta, de la Comisión para el Estudio de la Eutanasia: La apertura de tendencias en los grandes partidos dificulta la definición en cuestiones fundamentales. La política es como un tren veloz al que uno llega con diez maletas, y sólo puede subir con tres. Por otro lado, según Javier Olave, director de Diario Médico, hay miedo en los bioéticos a definirse; en mi opinión, porque creen que si lo hacen pierden credibilidad. En resumen, según José Gabaldón, el gran reto del siglo XXI es que los científicos defiendan esa verdad de que el embrión tiene una naturaleza humana e independiente y que la vida humana comienza en el momento de la concepción. Inma Álvarez |