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La falsa tregua de ETA ha servido, como muy bien puede verse ya a estas alturas, para que algunos cerebros, no por averiados menos peligrosos, hayan programado toda una estrategia de independencia del País Vasco, que tanta sangre inocente y tanto derroche de millones nos ha costado a todos los españoles, vascos incluidos naturalmente. Me parece obligación muy grave de nuestros políticos, y de todos los que de algún modo son creadores de opinión o responsables de la vida pública, reaccionar cuando todavía se está a tiempo. Algún historiador, como César Vidal, ya lo ha empezado a hacer con un artículo, publicado en el diario El Mundo, de obligada lectura titulado: Kosovo al norte del Ebro, título que a algunos hipócritas ya ha hecho rasgarse las vestiduras; pero más vale prevenir que lamentar. No faltan intelectuales que se preguntan a qué se debe la fatalidad de que sistemáticamente se pida perdón con tanto retraso. En ese se se refieren a la Iglesia católica, que es la única que, con retraso o sin él, está pidiendo siempre perdón. ¿Y a qué se debe que quienes hacen tal pregunta no pidan nunca perdón, ni siquiera con retraso? ¿Son infalibles? Un escultor italiano, conocido en su casa a las horas de comer, ha pensado: ¿Qué puedo hacer yo para que se hable de mí? Y se le ha ocurrido hacer una escultura de madera en la que representa a Lady Di vestida del modo inconfundible que la iconografía tradicional atribuye a la Virgen María. Es una prueba más de la desvergüenza y de la intolerable agresión de la que estamos siendo víctimas, sin que mueva un dedo quien lo tendría que mover, los que creemos en Jesucristo y amamos a su Madre. No falta algún chiringuito en Madrid que se anuncia de forma intolerable y blasfema en un opúsculo publicitario que se titula The Broadsheet, y en nuestro tema de portada de este mismo número hay suficientes pruebas de lo que está ocurriendo en la Televisión y en el cine. ¡Basta! ¡Ya está bien! Hay límites que no se pueden sobrepasar. Gonzalo de Berceo
En el reciente Día Mundial del Sida, el obispo de Cartagena-Murcia invitaba a los católicos a no aceptar el preservativo que se les ofrecía para celebrar día tan señalado. Aparte de tan escuálido modo de celebración, no han faltado expertos en irresponsabilidad como Ana Alonso Castrillo, quien en carta a un periódico ha tachado al obispo de irresponsable, diciéndole aquello de zapatero a tus zapatos y pidiendo que sean los profesionales de las salud los que informen de las prevenciones a seguir. Evidentemente esta irresponsable no se ha enterado no sólo de que el preservativo no resuelve el problema del SIDA (salud del cuerpo), sino de que el ser humano es algo más que cuerpo y también hay una salud del alma. ¿Por qué no se aplican estos expertos el sabio refrán del zapatero a sí mismos?