RetrocesoA&ONº 191/16-XII-1999SumarioDesde la feContinuar
Teatro
Nati Celestina Mistral
A veces es pura insinuación; otras, susurro; cuando es menester, desgarro: insinúa, finge, miente, engaña, simula y hace soñar, encuentra pretextos para todo, resuelve comprometidas situaciones... esta vieja alcahueta, mala y astuta mujer, a quien Fernando de Rojas inmortalizó para siempre como Celestina. Me apresuro a decir que Nati Mistral da magistralmente al personaje las insuperables modulaciones de su prodigiosa voz y de su gesto.

Y, dicho en buena justicia eso, que en el fondo es lo esencial, tal vez sea también justo añadir que, globalmente, otras versiones de la obra han dejado, por lo menos en mí, mucho más imborrable recuerdo que ésta que se representa en el Teatro Albéniz. Amor y muerte eran, sin lugar a dudas, los ejes capitales de aquella España del XVI, pura herida y conflicto social, en la que vivió el osado judío converso y moralizador bachiller Fernando de Rojas. Mucho me temo que, de haber conocido nuestra época, no le hubiera agradado demasiado ver su obra reducida, en algún momento, a un burdo remedo del cinematográfico cartero que siempre llama dos veces. Le sobran a esta su inmortal tragicomedia de Calisto y Melibea fontecicas de cristiana filosofía e ingredientes vitales suficientes como para necesitar el flaco servicio de ciertas moderneces en forma de alicientes sexuales más explícitos que los que el original ofrece. Ni es bueno tener la voluntad cautiva, ni siempre la fortuna ayuda a los audaces... Salvo en eso, Joaquín Vida y Luis García Montero han hecho un buen trabajo.

Interesante, para el complicado juego escénico, el recurso de los módulos móviles como decorado. Y, Nati Mistral aparte, aunque la interpretación, en general, es aceptable, es destacable la de Eva García (Melibea), Elicia (Lola Peno) y Alisa (María Dolores Cordón).

M. A.V.