RetrocesoA&ONº 191/16-XII-1999SumarioDesde la feContinuar

LIBROS
Siempre es Navidad
Navidad 2000, de la editorial EDIBESA, nos habla de dos mil Navidades, viejas y nuevas, teológicas y espirituales. No son dos mil textos, tomados de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres o de los teólogos y poetas de ayer y de hoy. Son una gavilla, una selección bien enmarcada de oportunidades para adentrarnos en el Misterio de la Navidad. Esta misma casa editorial presentó, no hace mucho, el pórtico de este libro con su Encarnación 2000. Ahora, como afirma el padre dominico José Antonio Martínez Puche en el prólogo, los lectores, que tan bien acogieron el título anteriormente mencionado, se merecen una joya que nos hable de la Navidad, en el lenguaje de la historia de la vivencia que otros muchos cristianos han tenido de lo que un día ocurrió en el portal de Belén. Enfocando el capítulo en el que los Santos Padres nos hablan de la Navidad, el lector descubre textos que le sumergen en una profunda contemplación. Para muestra, sirva la siguiente cita de san Efrén de Siria: Dios ha realizado un milagro nunca visto en presencia de los habitantes de la tierra: el que mide el cielo con la palma de la mano, yace en un pesebre de poco más de un palmo; el que en la cavidad de su mano contiene todo el mar, experimenta qué es nacer en una gruta.

El sacerdote y periodista Miguel de Santiago marca un antes y un después en la estructura interna de este libro. En una decena de páginas nos ofrece un clarificador estudio de la Navidad en la poesía. Un trayecto de estética pura, como puro es el acontecimiento de la Encarnación del Hijo de Dios en nuestra Historia. La selección posterior que éste, podríamos denominarlo co-autor, nos presenta recoge lo más granado de la poesía en lengua española sobre muy diversos aspectos de la Navidad. Sólo la referencia a la centralidad de las relaciones que se establecen entre la Madre y el Hijo merecen ser tenidas en cuenta. Y, si a esta cuidada selección, se le añaden, como es nuestro caso, un florilegio de reproducciones de miniaturas, láminas y cuadros sobre la Navidad, el servicio de fe y de arte es completo. Los lectores de Alfa y Omega serán los que menos se extrañen de esta conjunción sublime. Incluso, en el caso que nos ocupa, bien se puede pensar que nuestro semanario ha inspirado no pocas de las bellas constelaciones de texto e imagen que aquí se nos ofrecen.


Tratado de antropología

Un acierto de la editorial Rialp, en su colección del cincuentenario, ampliamente reseñada en nuestras páginas, es la reedición de un texto ya clásico del principal exponente de la logoterapia, Viktor E. Frankl. La idea psicológica del hombre es algo más que un breve tratado de psicología, es un auténtico tratado de una antropología que tiene a la voluntad de sentido como hilo conductor. No en vano se lee, en este texto, que si queremos encontrar y vivir plenamente un sentido en nuestra vida, seremos felices, y al mismo tiempo, capaces de superar el sufrimiento. Si podemos encontrar un sentido, estamos preparados para dar nuestra vida por ese sentido. Por otro lado, si no podemos ver un sentido, estamos inclinados a quitarnos la vida, aun en medio y a pesar de todo el bienestar y opulencia que nos rodee.

La articulación interna del texto, que recoge tres conferencias y un epílogo sobre la logoterapia, tiene una excelente presentación a cargo de Aquilino Polaino, en la que contextualiza el pensamiento frankliano. Un pensamiento que centra su atención en la unidad y totalidad de la persona, teniendo presente que su dimensión espiritual es fundamental para abordar los procesos de terapia individual y social. Así, la persona no es sólo una unidad y totalidad, es el punto de intersección de tres niveles constitutivos: el físico, el psíquico y el espiritual. La persona no se comprende sino desde su dimensión de abierta a la trascendencia y de trascendente. Incluso, el autor da un paso más, ejemplar en el mercado de las propuestas de sanación psicológica. El hombre es tal, sólo en la medida en que se comprende desde la trascendencia. Espero que, con estos planteamientos, a nadie se le ocurra pensar que este libro no es científico. Sus páginas demuestran que lo propiamente científico es la realidad del hombre, aquí bien retratada.

J. F. S.