RetrocesoA&ONº 191/16-XII-1999SumarioUsted tiene la palabraContinuar
Libros de interés
Vicente Cárcel Ortí es un historiador español experto como pocos en el delicado tema de las relaciones Iglesia-Estado, y, de modo particular, en la historia contemporánea española de la II República. Ha publicado ya una decena de libros sobre este tema y cientos de artículos en revistas nacionales e internacionales, pero, muy probablemente, Buio sull’altare (Oscuridad bajo el altar: 1931-1939, la persecución de la Iglesia en España), que acaba de publicar en Italia Cittá Nuova en su colección I Volti della storia, es, aun dentro de la condensada síntesis que constituye, lo más claro, concreto y definitivo que ha escrito al respecto. Como afirma en un magnífico prólogo Giorgio Rumi, la investigación histórica que el autor ofrece a los lectores italianos no puede ser reducida frívolamente a la calificación de nacional. Nos encontramos con unas páginas que son una provocación intelectual, que nos estimulan a salir de lo políticamente correcto y en las que el héroe desconocido, que forma parte incancelable de nuestro ser europeos, es el ser humano asesinado por razones de fe. Hasta ahora, sólo Juan Pablo II lo ha reconocido públicamente sin miedo a los cálculos de oportunidad política o eclesial, porque toca el meollo de la indivisible condición humana


Aurelio Labajo Pelló, vicedecano del Ilustre Colegio Oficial de Doctores y Licenciados, de Madrid, acaba de publicar, bajo la coordinación de la editorial Bruño, estas páginas que son un homenaje a la vida y al martirio de cuatro Hermanos de las Escuelas Cristianas de la ciudad de Consuegra: Teodosio Rafael, Eustaquio Luis, Carlos Jorge y Felipe José, en camino hacia los altares. El autor confiesa que se ha adentrado con temor sagrado, de puntillas, en la vida, cárcel y fusilamiento de estos siervos de Dios para darlos a conocer en el agrio ambiente político que les tocó vivir y en su decisión heroica de defender la escuela cristiana, aun a costa de su vida. Son páginas que descubren al lector la alta estrella de fe que guía a los Hijos de La Salle, y el heroísmo de unos hombres que supieron morir, no víctimas de una guerra civil, sino de una revolución atea que, en su irracionalidad, pensó que podía borrar a Dios de la tierra española. Estuvieron siempre con los pobres y su exaltación a los altares no supondrá reabrir frentes políticos ni hurgar en heridas, sino que será el reconocimiento del admirable testimonio de su fe.