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La Iglesia católica y el desafío del SIDA. Con este tema se acaba de celebrar en el Vaticano un congreso internacional, organizado por el Consejo Pontificio para la pastoral de la salud que tenía por objetivo promover la ayuda a los enfermos de SIDA, orientar de acuerdo con el magisterio este problema y coordinar los movimientos y grupos de la Iglesia católica que trabajan en el este campo.En el encuentro se trazó un panorama de la situación que, según puso de manifiesto el Presidente del Consejo Pontificio de la Pastoral para los agentes sanitarios, el arzobispo monseñor Javier Lozano Barragán, suscita serios interrogantes éticos: Constatamos que hay un problema muy fuerte en el África subsahariana, donde hay 22 millones de enfermos de SIDA, mientras que en todo el mundo hay 33 millones y medio. Además, en esta región de África tenemos dos millones de huérfanos a causa del SIDA. Hemos organizado este congreso para explicar a todo el mundo la importancia de una pastoral del sida. En este sentido, tenemos que llamar la atención sobre la ayuda que hay que ofrecer a estos enfermos. «HUÉRFANOS DEL SIDA»
Durante el Congreso se anunció que el Consejo Pontificio para la pastoral de la salud ha lanzado con motivo de la Navidad una campaña, junto a las Conferencias Episcopales de estos países africanos, para atender a los huérfanos del SIDA. Se trata de una cadena de ayuda y de oración que busca el apoyo de los países desarrollados. Los participantes en el encuentro médicos, agentes sanitarios y pastorales provenían de las organizaciones de las Naciones Unidas que se interesan por los problemas del SIDA y de las naciones más afectadas. Por ejemplo, no hay representantes de Australia, país en el que esta enfermedad no está muy extendida (tiene tan sólo 12.500 enfermos). Europa, sin embargo, tiene medio millón de enfermos; Estados Unidos y Canadá 890 mil; e Iberoamérica un millón y medio. El Congreso ha constatado que, en los países occidentales, los tratamientos están dando buenos resultados, tanto entre los adultos como entre los niños. El gran problema es que estas medicinas son muy caras, de manera que los países en los que se encuentra el 90 por ciento de los enfermos de SIDA no pueden permitírselas. |
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SEÑALES DE ESPERANZA
Entre las señales de esperanza que surgieron del Congreso, una de las más interesantes fue constatar las campañas que realmente están sirviendo para prevenir el SIDA. En algunos países de África, en esta década, la plaga de esta enfermedad ha disminuido. Según explicó el doctor Giovanni Putoto, médico italiano que ha trabajado durante muchos años en África, estos datos se deben a algunas campañas particulares que han promovido el cambio de ciertos comportamientos en el área sexual por parte de la población de esos países. De este modo, en los últimos años ha aumentado la edad en la que los jóvenes realizan su primera experiencia sexual; aumentado también la edad en que contraen matrimonio; han disminuido notablemente las prácticas sexuales promiscuas. Algunas de estas campañas, basadas en una visión integral del hombre y no en una simple venta de preservativos que, por cierto, a África llegan muchas veces caducados han sido promovidas por voluntarios cristianos. Es el caso, por ejemplo, de Juventud Viva, fundada en los años ochenta por una religiosa, y que promueve el cambio a partir del Evangelio y por medio de la oración. El doctor Putoto señaló, sin embargo, la necesidad de evitar fáciles y peligrosos optimismos: hay todavía muchísimo que hacer. Y mirando al futuro, propuso como clave el valor de la fidelidad conyugal. A este propósito, una de las necesidades más graves en África es la del cuidado de la conyugalidad atrofiada: en muchísimos matrimonios falta el diálogo entre los esposos, el respeto de la mujer por parte del esposo; aunque son las mujeres las más afectadas por la plaga del SIDA, los maridos son quienes toman todas las decisiones en el campo sexual, muchas veces sin importarles lo que pueda suceder a su esposa. Jesús Colina |