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Jesús, el dulce, viene...Las noches huelen a romero... ¡Oh, qué pureza tiene la luna en el sendero! Éste es un fragmento de diciembre de 1914, de uno de los borradores inéditos de Juan Ramón Jiménez, Premio Novel de Literatura, que su familia, generosamente, me ha regalado. Me parece reconfortante leerlo y releerlo porque el que viene, Jesús, es dulce, en este mundo a veces amargo. Además, eso de Las noches huelen a romero es encantador porque las noches a veces dan miedo a los niños. Pero ¿se figuran ustedes que saliéramos a la calle por las noches oliendo a romero? Pero Juan Ramón no se conforma con llevarnos por el sentido del gusto y del olfato, después nos impulsa a contemplar la pureza de la luna en el sendero. Alude a más allá de la vista: a la contemplación del sendero iluminado por la luna. Es una llamada no sólo a los sentidos externos, también a los internos. Nos invita a despertarnos e ir por el sendero, que es Jesús. |
Ven, Señor, mis sentidosson tan tuyos que no me encuentro en ellos, beso la flor, el aire, el agua, el pájaroç y es a ti a quien te beso, es como si fueras, al mirarte, mis ojos, cuando miro hacia el cielo... Juan Ramón va más lejos de esa contemplación, y audazmente le pide a Jesús que sea Él mismo quien tome posesión de sus sentidos. Profundidad del poeta, ansias divinas: Dios en los sentidos. Y Éste es el mensaje del Adviento: encontrar la huella divina en lo humano: ¡Señor del cielo, nace Rotundidad del poeta: pide la mayor de las audacias, que nazca Jesús en su alma. Y es que todo Me gustaría en esta antesala de la Navidad que aprendiéramos de Juan Ramón la sencillez y la audacia de los niños para pedir imposibles. Marisa DíazPinés |