|
|
El pasado 20 de diciembre, Macao, la primera colonia europea de la costa china, bajo dominio portugués desde hace más de 440 años, ha pasado a soberanía China. Es un acontecimiento decisivo en la historia secular de esta diócesis católica, fundada hace 424 años por Gregorio XIII y que comprendía en sus inicios toda China. Macao no fue sólo la puerta de la evangelización del mundo chino, sino también la vanguardia de la cultura cristiana en un punto de encuentro con las culturas del Lejano Oriente.Lo recuerda el mismo Juan Pablo II en un mensaje dirigido con esta ocasión al obispo de Macao, con el auspicio de que el regreso del territorio a China traiga para la Iglesia que está en Macao un nuevo impulso a la incalculable labor que realiza con su testimonio religioso, especialmente en el campo de la educación y de la asistencia a los más necesitados. En vísperas del nuevo siglo y en el contexto del inminente Año santo, el Pontífice desea que la Iglesia de Macao sea una Iglesia profética que anuncie al hombre seducido por la avidez de los bienes materiales y desorientado en sus objetivos los grandes motivos de la vida moral, la dignidad y la libertad de toda persona humana, la belleza del Evangelio, la alegría de seguir a Cristo. Según el misionero jesuita de Macao, el padre Luis Sequeira, este paso constituye una gran oportunidad de evangelización para la Iglesia. Macao tiene el mayor porcentaje de católicos en tierras chinas y la Iglesia dirige la mitad de las escuelas. El vacío espiritual que dejó el marxismo en China da a la Iglesia un terreno fértil sobre el que puede evangelizar, explica el misionero. |
|
Macao es también la capital asiática de los juegos de azar: más del 40 por ciento del producto interno bruto (PIB) depende de los impuestos de los casinos. Una economía así es terreno abonado para las mafias y la prostitución.
Monseñor Domingo Lam Ka Tseung, obispo de Macao, promete que continuará la obra de formación de los fieles para que no pierdan la valentía de hablar ahora, tras el regreso a China: Siempre he alentado a mi gente a alzarse y hablar por aquello que aman: pienso que en el futuro esto será cada vez más necesario para los católicos convencidos. En vísperas del paso de poderes, Juan Pablo II envió un mensaje a los católicos de Macao en el que desea que el regreso del territorio a China traiga para la Iglesia que está en Macao un nuevo impulso a la incalculable labor que realiza con su testimonio religioso, especialmente en el campo de la educación y de la asistencia a los más necesitados. Por último, tras desear que la Iglesia en colonia portuguesa de unos 450 mil habitantes mantenga su comunión con la Iglesia universal y que, como en el pasado, se preocupe particularmente por la unidad de toda China con la Iglesia, el Papa concluye el mensaje asegurando su oración y la de todos los católicos no sólo por la comunidad diocesana de Macao, sino por la gran familia católica de toda la China continental. La incorporación de Macao a China coincide con un paulatino acercamiento diplomático de la República Popular con la Santa Sede. El Papa ha expresado su anhelo de que el Jubileo del 2000 sea la ocasión propicia para que la Iglesia católica china se reconcilie consigo misma, sin diferencias entre Iglesia oficial y clandestina, y con Pedro. J. C. /Inma Álvarez |