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Hay quien cada vez que se le dice la verdad, cada vez que se le desenmascara, se queja de que se le falta al respeto y dice que se siente insultado. Vistas las cosas objetivamente, el respeto no puede ser nunca unidireccional. Tiene que ser respeto de todos a todos y a todo lo respetable. Las personas somos todas igualmente respetables; las ideas, no; y, antes de quejarse de que a uno le faltan al respeto, conviene pensarse dos veces lo que se escribe y no faltar, reiteradamente, a la verdad de las cosas, que es la suprema falta de respeto. Si uno entiende que lo que escribe es la verdad, no debe molestarse ni sentirse ofendido porque otros le hagan ver, a veces desde publicaciones directamente vinculadas con la Iglesia, que no es así. Si se defienden o practican acciones o ideas vituperables sin el más elemental pudor, eso se llama cinismo, y decirlo, no es un insulto a la persona, sino una descripción de la realidad de unas ideas que se pretende colar de matute. Como estupendamente escribe el señor Peces-Barba, esa falta de respeto es la versión actual de la arrogancia de los que tienen poder. Exacto. Aplícaselo a sí mismo, porque el señor Peces Barba no es un indocumentado cualquiera y es legítimo exigirle responsabilidad cuando escribe. Lo ha hecho recientemente, en El País, don Miguel Herrero de Miñón en estos términos: La cultura religiosa es un ingrediente indispensable en la educación de una sociedad como la española
Mi viejo amigo Peces-Barba teme al neoconfesionalismo. Pero, felizmente, el neoconfesionalismo es imposible hoy día y, por lo tanto, el neolaicismo debería serlo también
La invocación de semejantes fantasmas puede traer a nuestra crispada vida política nuevos elementos de perturbación, tanto más imprevisibles en sus efectos cuanto menos auténticos. Arrecia, en vísperas de la Navidad, en la que según los periódicos cada madrileño, por ejemplo, se va a gastar como promedio más de doscientas mil pesetas lo cual quiere decir que muchos se gastarán millones, porque otros no se pueden gastar nada, la burda campaña publicitaria orquestada a base de reclamos de tipo religioso. Los mismos expertos en marketing y sociología de masas que hasta ahora han tratado de vendernos la burra de que lo religioso no cuenta, nos salen ahora con esta campaña que demuestra dos cosas: la primera, que al parecer lo religioso sí vende; de lo contrario, no acudirían a ese tipo de anuncios; la segunda, que carecen del más elemental respeto a lo más respetable que hay. Para ellos, la pela es la pela y todo vale. Las huellas del siglo XX, se titula un suplemento que acaba de publicar El País y en el que algunos famosos escritores, comentaristas y columnistas pasan revista al siglo que concluye. Llama poderosísimamente la atención que, entre esas huellas del siglo XX, no haya ni rastro de Dios, de la Iglesia católica, de la religión, del Papa Juan Pablo II, de la Madre Teresa de Calcuta, de los misioneros que han dado su vida al servicio de los demás, etc, etc
Es un sectarismo y una manipulación y un intento de lavado de cerebro clamoroso; pero, claro, no cuela
Gonzalo de Berceo
El intelectual desinteresado, que no sirve a intereses poderosos, que dice y escribe lo que cree, es un modelo difícil de encontrar, desplazado, muchas veces incomprendido, ignorado o silenciado, escribe don Gregorio Peces Barba, Rector de la Universidad Carlos III, bajo el título Reivindicación del respeto. Tiene razón. Toda la razón. Tanta razón que lo primero que a cualquiera se le ocurre que debería hacer es aplicárselo a sí mismo, tratándose como se trata, por lo visto y leído, de reivindicar el respeto.