RetrocesoA&ONº 192/23-XII-1999SumarioDesde la feContinuar
Franco Zeffirelli, al hilo del Congreso Internacional de Estudios sobre Cine
En muchas películas recientes
el alma humana es tratada
con superficialidad
En el marco del Gran Jubileo del año 2000, el Consejo Pontificio de la Cultura,
el de las Comunicaciones Sociales y la Filmoteca Vaticana (en colaboración con
la Revista del Cinematógrafo y la Pontificia Universidad Gregoriana) han organizado
un Congreso Internacional de Estudios sobre Cine bajo el título: El cine: imágenes para
un diálogo entre los pueblos y una cultura de la paz en el tercer milenio
. El acto de
apertura fue presidido por el cardenal Poupard, Presidente del Consejo Pontificio
de la Cultura, y contó con la presencia de Giovanna Melandri, ministra
de Cultura de Italia, y del director de cine Franco Zeffirelli
En su intervención, el cardenal Poupard recordó la intensa preocupación de la Iglesia por el universo del cine, y el permanente interés por las actividades de los artífices y estudiosos de la cultura cinematográfica. El interés de la Iglesia por el cine —señaló el cardenal— siempre se deja notar cuando en él existe una honda preocupación por el hombre. La Iglesia jamás es insensible a los trabajos que muestran una profunda definición del ser humano. Gracias a las nuevas tecnologías y a una descripción honda del ser humano, las posibilidades del cine para propiciar una cultura de la paz son inmejorables.

La ministra italiana de Cultura consideró la capacidad de atravesar fronteras del medio cinematográfico, su lenguaje universal, y agradeció especialmente a la Iglesia católica el haber sabido comprender el peso e importancia del cine como instrumento de elevación de los valores humanos.

El director italiano Franco Zeffirelli realizó una larga e improvisada intervención, en la que dejó constancia de su preocupación por la definición de ser humano que queremos para el siglo venidero. Comenzó recordando el papel del teatro en la cultura occidental y su vinculación a una civilización de auténticos valores. Allí donde ha habido una gran civilización —dijo Zeffirelli—, ha habido un gran teatro. El drama de la vida, los ideales comunes, las tragedias cotidianas, han provocado en el hombre un sentimiento tal de conflicto que le han llevado a un grado insuperable de expresión cultural. Todas las grandes civilizaciones se distinguen por un teatro de calidad. No hay duda de que el hombre continuará representándose, pero el resultado será más alto cuanto más noble y más importante sea la civilización en la que se exprese. Si para el siglo venidero anunciamos un teatro o cine sin una civilización que le sustente, será terrible.

En este punto, el director de Jesús de Nazaret quiso realizar un juicio sobre el modelo de sociedad de finales de siglo: Si tenemos que juzgar por lo que estamos viendo en estos últimos años por televisión, observamos que la sociedad en la que nos encontramos es una sociedad en la que la calidad humana y los valores morales son ínfimos. Todos los principios éticos y morales están en crisis. Todos los esquemas que habíamos aceptado están siendo triturados. Cuando uno emprende una actividad cultural, siempre necesita del astro de la verdad que nos ilumina a todos. De ahí la necesidad de la fe cristiana, que tiene ese efecto iluminador y de gran consuelo para el hombre de cualquier época. Tenemos por lo tanto que tener fe en que esta semilla de la verdad llegará a florecer, se convertirá en una flor humilde, llegará a ser un gran jardín, que será la recuperación de nuestros parámetros de comportamientos.

Zeffirelli continuó su intervención aludiendo a la dignidad del hombre: Los seres humanos debemos recorrer los caminos del nuevo siglo con aquello que hay en nosotros de divino, porque con esa luz seremos siempre capaces de crear cualquier cosa, ya que «crear» viene de «Creador». Somos hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza, llevamos en nuestro ser el ADN de la creatividad, creatividad que hay que proteger y nutrir afectuosamente, celosa y sabiamente. Y por eso la presencia de la Iglesia para responder a las necesidades creativas del hombre es de gran ayuda.

A propósito de la tarea del artista, el director de cine agregó: La Iglesia no abandonará jamás al artista en sus difíciles y arduos caminos, no abandonará jamás a los autores que proponen sus obras a través de sus sufrimientos, dudas e iluminaciones. No abandonará jamás el discurso del artista, que es siempre un discurso que lleva su atención al hombre, ya que cada uno de nosotros somos una pequeña, diminuta célula que puede expresarlo todo, lo infinitamente grande y lo tremendamente pequeño. Como profesional de la comunicación cristiana —añadió— busco llevar al público una esperanza de fe en el bien que nos ha precedido y que pasará a las siguientes generaciones. Se necesita que los grandes medios de comunicación miren con mucha atención a los jóvenes y velen por ellos. Esto lo digo por la cantidad de tontería y banalidad de muchos de los argumentos de las películas recientes, en las que el alma humana es tratada con superficialidad.

J.A.S.