RetrocesoA&ONº 192/23-XII-1999SumarioEn portadaContinuar
Los niños tienen la palabra en la última Navidad del siglo XX
«Dios, no sé cuál es tu buzón...»
Siempre permanecen las palabras del Señor: Si no os hacéis como niños...; pero nunca resplandece
tanto su verdad como en la Navidad. En esta última Navidad del siglo XX, nos ha parecido
que no hay modo mejor de celebrarla que dejar la palabra a los niños; en este caso, del
madrileño colegio de Nuestra Señora del Pilar, y de varias familias
EL POSADERO DE BELÉN

Soy un humilde posadero de Belén. Ahora soy muy feliz, pero hace unos años vivía agobiado por el trabajo y el dinero.

Una noche de invierno en la que mi posada estaba prácticamente llena, una pareja me pidió albergue. Observé su humilde aspecto y, a pesar de la cara de cansancio de la joven, que además estaba embarazada, me dije: De estos no sacarás partido y contesté: No me queda sitio libre.

Di un portazo y seguí ocupándome de mis clientes.

Me acosté tarde y me dormí rendido de trabajar, de repente un tremendo resplandor iluminó mi habitación y me despertó. Me asomé a la ventana y vi una estrella enorme y muy luminosa seguida de tres ancianos que parecían tres ricos reyes.

Me imaginé que buscarían posada. De éstos sí que puedo sacar partido me dije.

Abrí la puerta y les pregunté: ¿Quieren venir a pasar la noche? y ellos me respondieron: No podemos pararnos, vamos a adorar a un Rey mucho más importante que nosotros.

¿Qué Rey es ése? pregunté extrañado.

Un niño que ha nacido en un humilde pesebre porque no había sitio para Él en las posadas contestaron ellos.

Se marcharon, yo me quedé extrañado y decidí seguirles.

Se dirigían a un establo que estaba en las afueras.

Un grupo de molineras gritaba: ¡Ha nacido un nuevo Rey, el Salvador!

No sé por qué en ese momento pensé en la pareja a la que había negado alojamiento, pero me quité la idea de la cabeza. ¡No podían ser padres de un Rey!

Me acerqué al establo; en el tejado brillaba la gran estrella y un coro de ángeles cantaba: ¡Aleluya, Gloria a Dios en el cielo!

Aunque era de noche, todo estaba iluminado por una luz preciosa.

Los pastores se apretujaban e intentaban ver al nuevo Rey.

Todos llevaban consigo lo que podían ofrecerle: queso, leche, pan, corderos...

En el establo estaba la pareja que me pedía posada y entre los dos, en un pesebre, un niño.

No sé qué me pasó pero me dio vergüenza llevar las manos vacías.

Me abrí paso como pude entre la gente y allí delante estaban los tres reyes que ofrecían al Niño oro, incienso y mirra.

Me quité la chaqueta y se la puse encima; me pareció que estaba un poco frío, sin ropa; sólo una mula y un buey le calentaban.

Su madre me miró y me sonrió, nunca vi una sonrisa tan dulce, su padre también me sonrió y cuando me miró el Niño... cuando me miró el Niño... No lo sé explicar, sólo sé que mi vida cambió.

Pilar Monte Armenteros

LA MEJOR NAVIDAD

Érase una vez una familia muy pobre compuesta por el padre, Gabriel, la madre, Jenifer, y la hija, María.

Un día antes de Navidad, María estaba muy triste porque no había ni dulces, ni árbol, ni portal de Belén ni nada que le recordara que era Navidad...

Esa noche se fue a la cama, como cualquier otra noche del año, pero no se podía dormir, de pronto vio una luz muy intensa que le decía:

Hola María, yo me llamo JESÚS y hace muchos años y en una noche como hoy nací en un portal, sin tener nada, únicamente el amor de mis padres, que es la mayor riqueza y el mejor regalo que se puede tener. ¿No lo crees tú así?

María se quedó pensativa un rato, se levantó de la cama y fue hacia sus padres, les abrazó muy fuerte, y los tres muy contentos empezaron a cantar villancicos y a reír, María miró al Cielo y dio gracias a Jesús por haberle regalado las MEJORES NAVIDADES.

Patricia Domingo Pérez. 10 años

EL PASTOR FEDERICO

Érase una vez un pastor llamado Federico. Federico iba hacia Belén a ver al niño Jesús pero tenía un problema, no tenía nada que ofrecerle. Federico se dijo:

No me atrevo a ir a Belén pues no tengo nada que ofrecerle, no puedo ofrecerle mi ovejita Pipi. Es mi única amiga.

Pero a Federico se le ocurrió una idea, ir pidiendo el aguinaldo de casa en casa. Fue a la primera casa y se puso a cantar, pero la mujer le dijo: Fuera niño que asustas a mi bebé. Federico fue a la siguiente casa pero también le rechazaron y así sucesivamente. Federico al no conseguir su propósito se dirigió hacia Belén y dijo a María y a José: Que niño tan bonito tenéis, dijo apenado.

Federico se dirigió al niño y Jesús le echó una sonrisa. Al salir del establo vio una gran estrella que brillaba y entendió que no hacen falta regalos, con una sonrisa basta.

María. 10 años

PAPÁ NOEL Y EL NIÑO

Érase una vez un niño llamado Miguel. Miguel era un niño muy impaciente para la Navidad, era 3 de diciembre y Miguel ya estaba escribiendo la carta a Papá Noel, su madre le dijo: No escribas tanto que va a tener que trabajar mucho Papá Noel

¡Si él no trabaja, lo hacen sus duendes! dice Miguel. Siguió escribiendo hasta el día 10 de diciembre.

El niño esperaba sin dormir hasta el 24 por la noche. Llegó Papá Noel, le dio los regalos y se bebió la leche y el niño contento con sus regalos.

Javier Álvarez. 10 años

HOLA DIOS:

Me llamo Alejandro Cantera López soy un niño de 9 año, y quería decirte que muchísimas gracias por haber formado al hombre, la tierra, etc… También gracias darme esta familia y estos amigos que tengo en el colegio y en otros sitios que confío que ellos y ellas son buenas personas. Gracias

 

Cristina Iglesias. 10 años

EL DUENDE MÁGICO

Érase una vez, un duende que se llamaba Benito, era un duende que era negrito y sus amigos le llamaban el carbón y no le hacía mucha gracia. Todos se burlaban de el duende, su cama era una lata de sardinas. Al día siguiente anunciaban en la calle que era Navidad, y él al mirar a la nieve vio que los demás duendes estaban tocando la pandereta y cantando. Ellos se sentían felices y sin Benito no podían celebrar la Navidad hasta que cogió Benito la bufanda, los guantes, el abrigo y la pandereta verde, se fue a la calle con sus amigos y tocando, fueron a todas las casas a pedir caramelos. Ellos sabían que había que compartir y ser solidarios y saber que aunque sean las personas de otro color no hay que insultar y ser felices.

Cristina Iglesias

ALABADO DIOS:

Hola, me llamo Miguel y me encanta hablar de misterios relacionados contigo, y hay veces que hago cosas malas y luego mi alma me dice adentro que ha estado mal. Este año acabo catequesis y voy a hacer la Primera Comunión, y cuando muera acuérdate de esta carta que te he escrito con mi alma.

Remite: Miguel Magaña
Recibidor: Dios

EL DÍA DE NOCHEBUENA

Era un día muy feliz para Dios, era normal iba a nacer su hijo Jesús.

Dios decidió que todo el mundo tenía que saber la buena noticia de que su hijo iba a nacer y avisó a dos ángeles para pregonarlo.

Uno de los ángeles se llamaba Claus y el otro Zule. Claus y Zule decidieron fabricar una estrella y avisar a los Reyes Magos que como estaban tan lejos…

Zule y Claus ya habían avisado a todo el mundo, ahora el problema era que ellos no sabían construir la estrella, Claus estuvo un momento pensando: Oye Zule, ya sé a quién se lo vamos a pedir a… Santa Claus.

Buena idea, dijo Zule.

Ya estaban en polo norte así que fueron al despacho de Santa Claus, Zule le preguntó: Santa Claus, ¿tienes mucho trabajo? es que necesitamos una estrella.

Él les dijo que tenía mucho trabajo pero que les haría un huequecito. Los ángeles se alegraron mucho, así que se despidieron y se fueron a avisar a todos los pastores que aún no les habían avisado.

Cuando iban por una tienda de regalos se acordaron de que no habían preparado el regalo al niño, así que por segunda vez fueron al despacho de Santa Claus y como no estaban fueron al almacén y le dijeron que había que preparar el regalo para el niño.

Santa Claus les dijo que se lo comunicaran al duende Miko, que es el que se encarga de todo eso.

El duende Miko se presentó enseguida y les dijo: He mirado en todas las secciones de juguetes y objetos mágicos y sólo he encontrado para un niño recién nacido una hucha en forma de oso.

Es preciosa, dijeron Claus y Zule al mismo tiempo.

Pero hay un problema, le dijo Zule. Sólo hay un regalo y nosotros somos dos.

Ya me he dado cuenta, así que he pensado lo siguiente: vosotros buscáis algo de la naturaleza y luego me lo traéis, que yo lo transformo en algo mágico.

¡Buena idea!

Mira, yo os doy el número de mi trans-portamovil y como vosotros tenéis otro

Los ángeles se iban pero Santa Claus les paró: Chicos, me he acordado de una cosa: ¿queréis que la estrella os la coloque para que no tengáis que venir otra vez?

Sí, sí, por supuesto.

Los ángeles se marcharon, iban como locos para buscar algo. Claus se encontró un palo en forma de pluma, así que se lo mandaron a Miko. Al día siguiente llegó un duende que les dijo: Por órdenes del duende Miko les traigo este paquete. Muchas gracias, dijeron los ángeles, y el duende desapareció.

Los ángeles se fueron volando a Belén. Hacía unos minutos el niño había nacido, los ángeles dejaron los regalos junto a los demás. El niño les sonrió. Los ángeles volvieron al cielo. Dios estaba muy satisfecho de ellos y pensó que todos los años celebraríamos el nacimiento de su hijo y esa noche se llamaría Nochebuena.

Almudena González. 10 años

PAPÁ NOEL Y LAS CARACOLAS

Papá Noel como todos los años en Navidad llevaba juguetes.

Pero un día se le acabaron y llevó caracolas.

Y en cada caracola en el borde puso: No seáis tan avariciosos, ah, y Feliz Navidad.

Cristina Izquierdo Fernández.

10 años

EL NIÑO QUE LO QUIERE TODO

Había una vez un niño que se llamaba Jorge, su madre María y el padre Juan. En el día de los Reyes Magos se pidió más de veinte cosas. Su madre le dijo: Pero tú comprendes que… mira te voy a decir que los Reyes Magos tienen camellos, no camiones, segundo, no te caben en tu habitación, y, tercero, mira otros niños… tú piensa en los otros niños, y no te enfades porque tienes que pedir menos.

El niño se enfadó y se fue a su habitación. Y dice su padre a María: Ay, se quiere pedir casi una tienda entera, y su habitación está llena de juguetes.

María dijo que sí con la cabeza. El niño dijo con la voz baja: Es verdad lo que ha dicho mamá, debo de hacerles caso, soy muy malo.

Llegó la hora de ir al colegio y dijo la profesora: Vamos a ver, Jorge, dinos cuántas cosas te has pedido.

Y dijo bajito: Veinticinco. La profesora se calló. Cuando terminó todos se fueron y la señorita le dijo a Jorge que no tenía que pedir tanto. Cuando sus padres se tuvieron que ir, Jorge cambió inmediatamente la carta, aunque se pidió quince cosas. Cuando llegaron sus padres les dijo que había quitado diez cosas de la lista. Los padres pensaron: Bueno, no está mal.

Y dijeron: ¿Y eso lo vas a compartir con tus amigos?

Jorge dijo: No, porque son míos y no los quiero compartir.

Se dieron cuenta de que no tenía ni Belén ni árbol de Navidad. Y fueron a una tienda, pero se habían agotado. Fueron a todas partes, pero nada. El niño mientras iba en el coche vio una estrella y rezó esto: Ya sé que no rezo mucho, perdón, pero quiero encontrar un Belén y un árbol de Navidad. De pronto, se les paró el coche, se bajaron, y se les apareció un ángel que dijo a Jorge: Has sido muy bueno en quitar cosas de la lista así que os daré el Belén y el árbol. Pasaron tres minutos y continuó el ángel: Mirar en el maletero y veréis. Mientras el ángel se fue. Juan dijo: ¡Eh, muchas gracias! Pero, ¿qué pasa con el coche? Y dijo la madre: ¡Anda, si ya funciona! ¡Se ha encendido solo! Y el padre dio las gracias de nuevo.

Por fin llegó el día tan esperado, el día de los Reyes Magos. Cuando Jorge se levantó y fue a ver los regalos que le habían traído, se llevó una gran sorpresa. Le habían traído las veinticinco cosas de la lista. En seguida, despertó a sus padres y les dijo que quería repartir sus juguetes con los niños más pobres.

Pasó una semana y el niño trajo a casa a muchos niños pobres. La madre de Jorge hizo el chocolate y pasteles para todos. Todos fueron muy felices. Y colorín, colorado, este cuento acabado.

Sheila García González