|
|
|
|
|
De los varios libros que uno siempre tiene en lista de espera, éste era uno. No había podido leerlo hasta ahora y bien sabe Dios que no por falta de ganas. He podido hacerlo durante el último puente y me apresuro a recomendarlo a todos aquellos que aman el cine el cine de verdad-, pero también a quienes, sin ser especialmente cinéfilos, sepan apreciar lo bueno. Como escribe José Luis Garci en el prólogo, que titula, remedando el título del libro, pero refiriéndose a su autor Leo McRías, ésta es una obra luminosa, mejor dicho iluminadora, algo, en fin, que sólo está al alcance de las buenas personas con talento. Lo de luminosa e iluminadora hablando del cine, hijo de la luz, es mucho decir. Analiza Miguel Marías, en estas sabrosísimas 400 páginas editadas por Nickel Odeón, las películas de Leo McCarey, como nunca antes se había hecho, en un texto dice Garci, que de esto sabe un rato largo en el que también se explora, de forma transcendental, esa cosa que llamamos vida desde algo que podríamos llamar la verdad, o lo verdadero. Miguel Marías siempre ha valorado, ante todo, la verdad. Además de desenmascarar a muchos cambia chaquetas, vieja estratagema de todos los intolerantes, censores, totalitarios e inquisidores, ayuda a imaginar una mirada de Deborah Kerr, los ojos humedecidos y sonrientes a la vez de Ingrid Bergman, el desconcierto de Bing Crosby o el gesto herido o divertido de Cary Grand o Charles Boyer. Si alguien no comparte ni entiende mi admiración por McCarey, escribe Marías, y me preguntan la razón de mi entusiasmo, tendría que contestarle de forma muy elemental y directa: Porque me emociona, sin entrar en más detalles
|
![]() |
M. A. V.
