RetrocesoA&ONº 192/23-XII-1999SumarioMundoContinuar
Mañana, en la Nochebuena, comienza el Jubileo del Año Santo 2000
«Que no se pase pasando...»
Aunque al principio —cuando empezábamos a oír y a hablar de él— parecía que iba a tardar más, ya ha venido el Jubileo. Es sólo cosa de mañana, en Roma, y de pasado mañana también en cada Iglesia particular.

Muchos meses antes, con frecuencia, se me preguntaba:

¿Cómo va el Jubileo?

Y me atrevía a bromear:

El Jubileo no va. Viene.

Pues ya ha venido.

Y todos sabemos cómo ha sido. Con una preparación inmediata de un trienio, siguiendo la brújula de la exhortación apostólica Tertio millennio adveniente, publicada con tanta clarividencia pastoral por el Papa Juan Pablo II en 1994, y de la que hemos recogido como fruto una creatividad enorme, tanto en las diócesis y en sus instituciones como en toda la Iglesia universal, a través de diversas acciones pastorales y evangelizadoras. Ha sido la preparación.

Ahora, estoy bien seguro, desde pasado mañana se me seguirá realizando la misma pregunta:

¿Cómo va el Jubileo? Y tendré que responder que el Jubileo no es que vaya, sino que ya se va. Es la celebración. Durante el tiempo, que ya se va.

Por eso es tiempo de aprovecharlo. Que no se pase pasando. Sino que, durante él, que nadie se quede sin el abrazo del Padre y sin el perdón de los hermanos, en el sacramento de la Penitencia. Y sin la acción de gracias a Dios por la Gracia: en la Eucaristía. Y sin la comunión eclesial, en la oración por el Papa; y sin salir de la propia casa y la propia tierra, en la peregrinación al santuario, el templo designado, o al santuario de cada hermano necesitado, templo que tenemos bien cerca.

Si hay alguno que no lo sabe, no sabe lo que se pierde.

Así, pues, todos, a reconciliarse. Y todos a empezar. A caballo de dos siglos y a horcajadas de dos milenios. En esta nueva edad de los tiempos y de las culturas. Y a vivirlo como una fiesta, sin que nadie se enfade con nadie, que nos tendremos que perdonar mutuamente siempre, pero más que nunca porque es jubileo.

El jubileo pequeño es el que también explica el diccionario: muchos que pasan, porque se vienen y porque se van. Decimos entonces: ¡Menudo jubileo! El Jubileo grande es el descrito por el Papa en la Bula de convocatoria Incarnationis Mysterium, para recibir, gracias a que pagó Jesucristo por nosotros, la cancelación de la deuda contraída por nuestros pecados. Para adentrarnos en la santidad de Dios y de los santos.

Que no sea, pues, menudo jubileo, sino Gran Jubileo.

El del Año del Señor 2000, que, cuando empieza y viene, ya se va.

Joaquín Martín Abad
Director del Comité para el Jubileo

del Año 2000, de la Conferencia
Episcopal Española