RetrocesoA&ONº 192/23-XII-1999SumarioMundoContinuar
Abatido
el muro de la Puerta Santa

A las 16.45 los golpes secos de un martillo rompieron el silencio de la Basílica de San Pedro. Un obrero del Vaticano comenzó a abatir el muro de la Puerta Santa. Se trataba del antiguo rito de la recognitio, que fue presidido en la tarde del pasado jueves por el cardenal Virgilio Noé, arcipreste de la Basílica, y por el obispo Piero Marini, maestro de las celebraciones litúrgicas del Papa.

La apertura de la Puerta Santa siempre es precedida por un gesto que tiene por objetivo facilitar la tarea del Papa en la noche de Navidad. Primero se quitó la caja de metal colocada al final del anterior Jubileo, el de 1983-1984. Después se quitaron los ladrillos con los que se cierra la pared. De este modo, el Papa podrá abrir la puerta empujando con las manos sus hojas.

La pared estaba compuesta de 3.800 ladrillos muy particulares. En cada uno de ellos está impreso el nombre de las personas que los compraron, haciendo así una oferta con motivo de la clausura del Jubileo anterior. Estos ladrillos serán restituidos ahora a sus legítimos propietarios, quienes se encuentran inscritos en un registro con su dirección.

La ceremonia de la recognitio comenzó con una procesión guiada por el cardenal Noé. Tras la lectura de un pasaje del profeta Isaías y de la recitación de un Salmo y del Padrenuestro, hicieron falta quince minutos de enérgicos golpes de martillo para extraer la caja de metal que había sido sellada, a cal y canto, hace 16 años. Mientras la procesión se alejaba, al final de la ceremonia, un centenar de peregrinos que pasaba por la Basílica se acercó al lugar del rito para coger entre los escombros algún recuerdo.

Después, dentro de la sacristía de la Basílica, el cardenal Noé examinó el contenido de la caja. Para abrirla se requirió el trabajo de un soplete durante diez minutos. En su interior se encontraba la imagen de la Virgen, una serie de monedas de oro y de plata acuñadas durante el quinto año de pontificado de Juan Pablo II, el registro con los nombres de los propietarios de los ladrillos, la bula de la clausura del Jubileo extraordinario de 1983-1984, y cuatro ladrillos de oro, exactamente iguales a los de terracota de la pared.

Ceremonias análogas de recognitio de la Puerta Santa de las Basílicas mayores de Roma han tenido lugar durante la pasada semana.

Cruzar la Puerta Santa, un símbolo típico del Jubileo, evoca el paso que tiene que dar todo cristiano del pecado a la Gracia: lo recuerda Juan Pablo II en la Bula de convocación de este Año Santo del 2000 aniversario de la Encarnación y del Nacimiento de Cristo. Recuerda, además, que cruzar la puerta significa confesar que Jesucristo es el Señor.