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Siglo II de nuestra era: fue el Papa Telesforo II quien dio forma definitiva al concepto de Navidad. Y el Papa Julio I, en el siglo IV, el que instauró la fecha del 25 de diciembre como día conmemorativo del nacimiento de Cristo. La Navidad ha sido canción desde el día primero. Al pesebre de Belén lo inundaron de cánticos los coros angélicos haciendo oir sus voces a través de la seda azul del firmamento, canciones que tuvieron su réplica en los alegres pastores que acudieron a ser testigos del portento del Hijo de Dios, convocados por un ángel.
Han pasado desde entonces dos mil años y a aquellas voces angélicas y pastoriles se han unido, año tras año, otras voces... La Navidad es un cántico inacabable que anuncia a los hombres perennemente el nacimiento de Jesucristo. Nuestra literatura de la que ofrecemos una selección de ayer y de hoy está llena de villancicos que mueven las fibras del alma al gozo y al recuerdo. Desde los albores de la literatura castellana, la Navidad es tema obligado para nuestros escritores. Entre los poemas más antiguos se encuentra el Libro dels tres Reis dOrient, cuyo original se conserva en el monasterio de El Escorial. Vamos a entrar en el tercer milenio cristiano y cada año, por estas entrañables fiestas navideñas, hay siempre voces como este villancico popular de 1720 que nos llaman y nos recuerdan: Cristianos, venid; Cristianos, llegad; y adorad al Niño/que ha nacido ya. A.J. González Muñiz |
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Ya que era llegado el tiempo abrazado con su esposa, entre unos animales festejando el desposorio Que eran joyas que a la esposa el llanto del hombre en Dios, San Juan de la Cruz LA MI MANADA Pues que la estrella Vayamos todos juntos pues en nuestros días Llevémosle dones Alégrese hoy No cures, Llorente, dale al corazón Santa Teresa de Jesús |
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En la fresca sombra Tiene sus hojillas verdes Aunque lo ronden los ángeles ¡Blanco lirio florecido Jacinto Verdaguer DUÉRMETE NIÑO MÍO Duérmete, niño mío, Si las sombras se alargan Si las estrellas bajan Si viene el mar humilde ¿Tendrá el sueño en tus ojos lucero custudiado, Luis Rosales |