RetrocesoA&ONº 193/30-XII-1999SumarioContraportadaContinuar
Oración del Santo Padre
para el Gran Jubileo del Año 2000

Bendito seas, Padre, que en tu infinito amor
nos has dado a tu Hijo unigénito,
hecho carne por obra del Espíritu Santo
en el seno purísimo de la Virgen María
y nacido en Belén hace dos mil años.

Él se hizo nuestro compañero de viaje
y dio nuevo significado a la Historia,
que es un camino recorrido juntos
en las penas y los sufrimientos,
en la fidelidad y el amor,
hacia los cielos nuevos y la tierra nueva
en los cuales Tú, vencida la muerte, serás todo en todos.

¡Gloria y alabanza a Ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios!
Que por tu gracia, Padre, el Año Jubilar
sea un tiempo de conversión profunday de gozoso retorno a Ti;
que sea un tiempo de reconciliación entre los hombres
y de nueva concordia entre las naciones;
un tiempo en que las espadas se cambien por arados
y al ruido de las armas le sigan los cantos de paz.

Concédenos, Padre, poder vivir el Año Jubilar
dóciles a la voz del Espíritu,
fieles en el seguimiento de Cristo,
asiduos en la escucha de la Palabra
y en el acercarnos a las fuentes de la gracia.

¡Gloria y alabanza a Ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios!
Sostén, Padre, con la fuerza del Espíritu,
los esfuerzos de la Iglesia en la nueva evangelización
y guía nuestros pasos por los caminos del mundo,
para anunciar a Cristo con la propia vida
orientando nuestra peregrinación terrena
hacia la Ciudad de la luz.

Que los discípulos de Jesús brillen por su amor
hacia los pobres y oprimidos;
que sean solidarios con los necesitados
y generosos en las obras de misericordia;
que sean indulgentes con los hermanos
para alcanzar de Ti ellos mismos indulgencia y perdón.

¡Gloria y alabanza a Ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios!
Concede, Padre, que los discípulos de tu Hijo,
purificada la memoria y reconocidas las propias culpas,
sean una sola cosa para que el mundo crea.
Se extienda el diálogo entre los seguidores
de las grandes religiones
y todos los hombres descubran la alegría
de ser hijos tuyos.

A la voz suplicante de María,
Madre de todos los hombres,
se unan las voces orantes de los apóstoles
y de ls mártires cristianos
de los justos de todos los pueblos y de todos los tiempos
para que el Año Santo sea para cada uno y para la Iglesia
causa de renovada esperanza y de gozo en el Espíritu.

¡Gloria y alabanza a Ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios!
A Ti, Padre omnipotente, origen del cosmos y del hombre,
por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la Historia,
en el Espíritu que santifica el universo
alabanza, honor y gloria
ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

Juan Pablo II