RetrocesoA&ONº 193/30-XII-1999SumarioDesde la feContinuar

NO ES VERDAD

Que Jesucristo atrae y convence, los cristianos —incluso aquellos que debíamos actuar mucho más en consecuencia con nuestra fe— lo sabemos desde hace 2.000 años. Estas Navidades han caído en la cuenta de ello los linces de la publicidad, que han descubierto el mediterráneo de que la fe vende, porque naturalmente es lo que más le interesa al ser humano, por mucho que se empeñen en decir que no. Lo que ha ocurrido es que se han pasado unos cuantos pueblos en la forma de presentar determinados anuncios con reclamos de contenido religioso. La falta de verdadera profesionalidad les ha jugado una mala pasada y llama la atención que algunos comunicadores y creadores de opinión no hayan acabado de entender la lógica protesta que nuestros obispos han hecho en nombre de todos los católicos que se han sentido ofendidos por una tal banalización de lo religioso. Aquí los únicos trogloditas que ha habido han sido esos anunciantes y, como las cosas tienen un límite, ya vale de sonrisas hastiadas que, al final, son una vergonzante forma de cesión. Ya está bien de componendas. Era hora de hablar con toda claridad, y han hecho muy bien nuestros obispos en hablar claro: lo mejor es no comprar estos productos, porque si no dicen la verdad tratando de excusarse con que tenían permiso de la Conferencia Episcopal, ¿quién se va a fiar de los productos que venden? El Presidente de la Asociación Española de Agencias de Publicidad ha salido diciendo que lo que menos le interesa a los anunciantes es agraviar a sus consumidores. ¡Pues quien lo diría ….! Les ha fallado, ya digo, la profesionalidad. Dice que los consumidores sabrán distinguir entre un guiño y una ofensa. Hombre, mire usted, hay guiños que ofenden: porque si empezamos a llamar guiño al uso mendaz del nombre de la Iglesia...

Me han contado que en Tele 5, en el telediario del mediodía del pasado 23, hicieron una especie de previsiones para el 2000 y, tras referirse al número de pertenecientes a grandes confesiones religiosas, llegaron a la conclusión de que las dos terceras partes de los españoles serán católicos. Y, textualmente, dijeron: La secta de célibes con mayor poder económico será la Iglesia católica. ¿Cómo se puede ser tan memo? ¿Es ignorancia o es mala voluntad? En El País, Félix de Azúa escribe que la bondad del tirano tiene su modelo en la bondad de Dios, y que el creyente bendice la muerte. Otro que no quiere enterarse. El creyente, ¿comprende usted?, ve en la muerte la puerta de la vida plena y verdadera para siempre.

Comenzó Time, como ya contamos en Alfa y Omega, sacándose de la manga unos evangelios apócrifos sui generis; Le siguió Life, como también contamos en Alfa y Omega. Inmediatamente detrás, como borreguitos, han seguido los suplementos dominicales de algunos de nuestros periódicos y algunas de nuestras revistas. Por su sectarismo y parcialidad se ha llevado la palma Juan Arias, en unas páginas especiales dedicadas a Jesucristo en El País dominical, en las que, a pesar de que teólogos de su confianza, como Tamayo, reconocen que Jesucristo no es un mito, él insiste, en la línea del más acreditado tópico marxista, en que Jesucristo es un mito; es más, hasta tenía dotes de mago y la Sábana Santa es una reliquia de la Edad Media. Lo dijo Blas, punto redondo. Pero, por Dios bendito, ¿por qué algunas personas inteligentes tienen tanto interés en hacer el ridículo?

Gonzalo de Berceo