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Aunque Alfa y Omega ya se hizo eco en su momento de la publicación de este anexo de la Bula de convocación del Gran Jubileo del 2000, Incarnationis mysterium, reproducimos, con motivo del inicio del Año Santo, las condiciones que establece para obtener la indulgencia plenaria:
-Celebrar dignamente la Confesión sacramental. -Participar en la celebración de la Eucaristía. -Dar testimonio de comunión con la Iglesia, manifestado con la oración por las intenciones del Romano Pontífice, así como por las obras de caridad y de penitencia. Estas obras quieren expresar la verdadera conversión del corazón a la que conduce la comunión con Cristo. Él, infunfiendo en el corazón de los fieles el Espíritu Santo, que es el perdón de todos los pecados, impulsa a cada uno a un filial y confiado encuentro con el Padre de la misericordia. De este encuentro surgen los compromisos de conversión y de renovación,de comunión eclesial y de caridad para con los hermanos. Para este Jubileo se confirma también la norma según la cual los confesores pueden conmutar, en favor de quienes estén legítimamente impedidos, tanto la obra prescrita como las condiciones requeridas. Los religiosos y religiosas de clausura, los enfermos y todos aquellos que no puedan salir de su vivienda, podrán realizar, en vez de la visita a una determinada iglesia, una visita a la capilla de la propia casa; si ni siquiera esto les fuera posible, podrán obtener la indulgencia uniéndose espiritualmente a cuantos cumplen en el modo ordinario la obra prescrita ofreciendo sus oraciones, sufrimientos y molestias. |
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SE PODRÁ OBTENER LA INDULGENCIA JUBILAR:
-En Roma, haciendo una peregrinación a una de las basílias patriarcales, a saber, la basílica de San Pedro en el Vaticano, la archibasílica del Santísimo Salvador de Letrán, la basílica de Santa María la Mayor, o la de San Pablo Extramuros en la vía Ostiense, y participando allí con devoción en la Santa Misa o en otra celebración litúrgica como Laudes o Vísperas, o en un ejercicio de piedad (por ejemplo, el Vía Crucis, el Rosario mariano, el rezo del himno Akáthistos en honor de la Madre de Dios); también visitando, en grupo o individualmente, una de las cuatro basílicas patriarcales y permaneciendo allí un cierto tiempo en adoración eucarística o en meditación espiritual, concluyendo con el Padre nuestro, con la profesión de fe en cualquiera de sus formas legítimas y con la invocación a la Santísima Virgen María. En esta ocasión especial del Gran Jubileo, se añaden a las cuatro basílicas patriarcales los siguientes lugares y con las mismas condiciones: la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, la basílica de San Lorenzo junto al cementerio Verano, el santuario de la Virgen del Divino Amor y las catacumbas cristianas. -En Tierra Santa, observando las mismas condiciones y visitando la basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén, la basílica de la Natividad en Belén o la basílica de la Anunciación en Nazaret. -En las demás circunscripciones eclesiásticas, haciendo una peregrinación a la iglesia catedral o a otras iglesias y lugares designados por el obispo y asistiendo allí con devoción a una celebración litúrgica o a otro tipo de ejercicio, como los indicados anteriormente para la ciudad de Roma; también visitando, en grupo o individualmene, la iglesia catedral o un santuario designado por el obispo, permaneciendo allí un cierto tiempo en meditación espiritual, concluyendo con el Padre nuestro, con la profesión de fe en cualquiera de sus formas legítimas y con la invocación a la Santísima Virgen María. -En cada lugar, yendo a visitar por un tiempo convenientemente a los hermanos necesitados o con dificultades (enfermos, encarcelados, ancianos solos, minusválidos, etc.), como haciendo una peregrinación hacia Cristo presente en ellos y cumpliendo los requisitos espirituales acostumbrados, sacramentales y de oración. La indulgencia plenaria podrá obtenerse también mediante iniciativas que favorezcan de modo concreto y generoso el espíritu penitencial, que es como el alma del Jubileo; a saber: absteniéndose al menos durante un día de cosas superfluas (por ejemplo, el tabaco, las bebidas alcohólicas, ayunando o practicando la abstinencia según las normas generales de la Iglesia y las de los episcopados) y dando una suma proporcionada de dinero a los pobres; sosteniendo con una significativa aportación obras de carácter religioso o social (especialmente en favor de la infancia abandonada, de la juventud con dificultades, de los ancianos necesitados, de los extranjeros en los diversos países donde buscan mejores condiciones de vida); dedicando una parte conveniente del propio tiempo libre a actividades de interés para la comunidad u otras formas parecidas de sacrificio personal. La indulgencia jubilar puede ser aplicada como sufragio por las almas de los difuntos. Con esta práctica, se hace un acto de caridad sobrenatural, por el vínculo mediante el cual, en el Cuerpo místico de Cristo, los fieles todavía peregrinos en este mundo están unidos a los que ya han terminado su existencia terrenal. |