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Con gran ilusión escribo en estas fiestas de Navidad, en las que Juan Pablo II ha abierto la Puerta Santa del Gran Jubileo del 2000. En la diócesis de Getafe, junto a todas las Iglesias particulares, el día santísimo de la Navidad del Señor Jesús hemos inaugurado el Año Jubilar, con la statio en la Iglesia de los padres escolapios, desde le cual peregrinamos hacia la catedral de Getafe precedidos por el libro del Santo Evangelio para celebrar allí la solemne Liturgia eucarística.
El Papa nos recuerda que la Navidad de 1999 debe ser para todos una solemnidad radiante de luz, preludio de una experiencia particularmente profunda de gracia y misericordia divina (....) El tiempo de Navidad será el corazón palpitante del Año Santo, que introducirá en la vida de la Iglesia la abundancia de los dones del Espíritu para una nueva evangelización. La principal aportación del cristiano a la nueva evangelización es recibir a Jesucristo y contar con su presencia como impulso de nuestra vida. Estamos convencidos de la actualidad de Jesucristo y de su mensaje. El nacimiento de Jesús en Belén no es un hecho que se pueda relegar al pasado. En efecto, ante Él se sitúa la historia humana entera: nuestro hoy y el futuro del mundo son iluminados por su presencia. Él es «el que vive», «Aquel que es, que era y que va a venir». Ante Él debe doblarse toda rodilla en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua debe proclamar que Él es el Señor. Al encontrar a Cristo, todo hombre descubre el misterio de su propia vida. Esta Navidad es un tiempo de gracia para encontrar a Jesucristo hecho Niño y contemplar a Dios en Belén. Espero que todos iniciemos un verdadero tiempo de conversión con la práctica del sacramento de la Penitencia, por el que la Iglesia a través del ministerio de los sacerdotes hace llegar la Misericordia divina, para que nuestras comunidades cristianas desborden de gozo y paz. |
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Tened muy en cuenta la Jornada Mundial de la Paz y no olvidéis que habrá paz en la medida en que toda la Humanidad sepa redescubrir su originaria vocación a ser una sola familia, en la que la dignidad y los derechos de las personas de cualquier estado, raza o religión sean reconocidos como anteriores y preeminentes respecto a cualquier diferencia o especificidad. (Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz).
Mis mejores deseos de una santa y feliz Navidad para vosotros y vuestras familias, con mis oraciones ante el Niño Dios para el Año Jubilar 2000. Os bendigo de corazón, Francisco José Pérez |