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Fue sin duda el momento más esperado de su pontificado. A las 23,25 del 24 de diciembre, Juan Pablo II abrió con sus propias manos la Puerta Santa de la basílica de San Pedro. En ese momento, el Pontífice se arrodilló en el umbral durante unos minutos de silencio. Por último, con paso lento pero decidido, entró en la basílica. Un gran aplauso resonó no sólo dentro del templo más grande de la cristiandad, donde se encontraban 8.200 peregrinos, sino también detrás, en la plaza de San Pedro, donde casi 60 mil personas desafiaron al frío y la medianoche para seguir la ceremonia a través de pantallas gigantes. 1.500 millones de telespectadores de 59 países del mundo (incluido Cuba) siguieron en directo el acontecimiento. Detrás de esa figura anciana, pero incansable, se encontraba toda la Iglesia, que entraba así en el Gran Jubileo del año 2000.Para demostrar la alegría de los cristianos la Puerta Santa fue adornada con perfumes y flores de Asia y Oceanía, mientras el más antiguo instrumento japonés de cuerda ayudaba a crear un ambiente único de recogimiento. Luego, los cuernos africanos acompañaron la entrada del obispo de Roma en la basílica, después de haber mostrado el Libro de los evangelios al mundo. Toda la ceremonia se convirtió en un centón de momentos preñados de emoción. Uno de los más bellos fue el encuentro del Papa con ocho niños de los cinco continentes, a quienes bendijo y acarició con cariño. Tampoco se olvidarán fácilmente las palabras del obispo de Roma durante la homilía, en las que recordó el misterio irrepetible de ese Niño que cambió para siempre el destino de la Humanidad, con la entrada de la eternidad en el tiempo y de Dios en la Historia. ¡Tú, Cristo, eres el Hijo unigénito del Dios vivo dijo el Pontífice, venido en la gruta de Belén! Después de dos mil años vivimos de nuevo este misterio como un acontecimiento único e irrepetible. Entre tantos hijos de hombres, entre tantos niños venidos al mundo durante estos siglos, sólo Tú eres el Hijo de Dios, y esto es lo que queremos transmitir al tercer milenio. Tu nacimiento ha cambiado, de modo inefable, el curso de los acontecimiento humanos. Al día siguiente, antes de impartir la tradicional bendición Urbi et Orbi, al pronunciar su mensaje de Navidad, insistió en el momento único que viven los cristianos este Año Jubilar que acababa de empezar. Cristo es la Puerta de nuestra salvación, recordó. ¡La Puerta de la vida, la Puerta de la paz! El Pontífice hizo, además, una confesión de las culpas cometidas por la Humanidad en estos dos mil años, como la falta de respeto por el don precioso de la vida o los crueles exterminios, y quiso mostrar su cariño especial en estos días de fiesta a las personas que sufren. |
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Juan Pablo II, que fue interrumpido en numerosas ocasiones por los aplausos y gritos de aliento de los peregrinos españoles, constató cómo con demasiada frecuencia el mensaje de Belén no es escuchado. Debemos confesar dijo, dirigiéndose en oración a Jesús de Nazaret que a veces la Humanidad ha buscado fuera de Ti la Verdad, que se ha fabricado falsas certezas, ha corrido tras ideologías falaces. A veces el hombre ha excluido del propio respeto y amor a hermanos de otras razas o distintos credos, ha negado los derechos fundamentales a las personas y a las naciones. Pero Tú sigues ofreciendo a todos el esplendor de la Verdad que salva.
A veces este mundo no respeta y no ama la vida continuó diciendo el Papa en su súplica que sintetizó dos milenios de historia. Pero Tú no te cansas de amarla, más aún, en el misterio de la Navidad vienes a iluminar las mentes para que los legisladores y los gobernantes, hombres y mujeres de buena voluntad se comprometan a acoger, como don precioso, la vida del hombre. AMOR A PESAR DE LA GUERRA
De este modo, confesó: Fijamos los ojos en Ti, Cristo, Puerta de la paz, mientras, peregrinos en el tiempo, visitamos tantos lugares del dolor y de la guerra, donde reposan las víctimas de violentos conflictos y de crueles exterminios. Tú, Príncipe de la paz, nos invitas a abandonar el insensato uso de las armas, el recurso a la violencia y al odio que han marcado con la muerte a personas, pueblos y continentes. Roma ha experimentado en estos días que el Jubileo ya ha comenzado. Para cruzar la Puerta Santa de la basílica de San Pedro, en ocasiones es necesario esperar más de media hora. Ha sido sin duda la Navidad con el mayor número de peregrinos de la Historia. La Ciudad Eterna está afrontando esta oleada de visitantes con la ayuda de voluntarios. En total, unas 50 mil personas a lo largo de este año ofrecerán una semana de servicio para informar a los visitantes de las actividades del Jubileo y organizar los momentos de gran reunión de masas. La nota negativa, sin embargo, son la cantidad de obras que no han sido terminadas a tiempo. Desde la estación central de trenes hasta calles cercanas al Vaticano siguen en reestructuración, ocasionando serios problemas de tráfico. Pero ya se sabe, aunque estemos en el Jubileo, Roma seguirá siendo Roma. Juan Pablo II volverá a impartir a las 24,00 de la Nochevieja la bendición Urbi et Orbi (es la primera vez que lo hace) a los peregrinos, en su mayoría jóvenes, que acogerán el nuevo año en la plaza de San Pedro, en una vigilia de oración y fiesta. Tras la celebración de la Jornada Mundial de la Paz y la apertura de la Puerta Santa de la basílica de Santa María la Mayor, que tendrá lugar el próximo sábado, el Santo Padre participará el 2 de enero en el Jubileo de los Niños. Jesús Colina |