RetrocesoA&ONº 193/30-XII-1999SumarioRaícesContinuar
Belenes:
un vuelo imaginativo de la fe
Desde el 14 de diciembre y hasta el 2 de febrero de 2000, se puede visitar (con entrada libre)
la Sala de Exposiciones temporales del Palacio Real de Madrid, que alberga la exposición
Navidad en Palacio 1999. Belenes napolitanos. El objetivo de la muestra es mantener
la tradición de la visita pública al Belén de Palacio: el llamado Belén del Príncipe,
traído de Nápoles por el rey Carlos III para sus hijos, el príncipe de Asturias,
(futuro Carlos IV) y el infante don Gabriel

Tradicionalmente se ha considerado a san Francisco de Asís el promotor de los Belenes. El estudioso Delarruelle dice: Una fe teologal en la Encarnación se acompaña de un vuelo imaginativo. Francisco ve la escena evangélica, al mismo tiempo que organiza una paraliturgia que representa el misterio. En efecto, tal como los padres griegos lo
habían definido, el misterio de la Encarnación era demasiado sublime para la mayoría del pueblo; Francisco, por el contrario, le propone un niño semejante a los otros, objeto no sólo de veneración sino de ternura. La sociedad medieval no daba lugar al niño; a través del evangelio Francisco lo redescubre, pero al mismo tiempo invita a un sentimiento religioso que no será solamente de adoración, sino que acogerá todas las emociones humanas.

El ámbito más usual de las representaciones religiosas había sido el eclesiástico.
El Belén surge como una escenografía móvil, de corte popular (en contraposición a los retablos de los templos), que sigue la narración evangélica, pero al que se añaden elementos imaginativos inspirados en los evangelios apócrifos, las leyendas o la patrística, entre otras fuentes. Los hechos de la Natividad, a base de las figuras móviles, conforman los tres núcleos presentes en todo Belén: el Misterio (María, san José y el Niño); la adoración de los pastores y la Epifanía. El Belén doméstico fue la oportunidad para la adoración del Misterio de la Encarnación en el propio hogar.

El Belén del Príncipe, perteneciente al Patrimonio Nacional, se exhibe cada año, y constituye la pieza fija de la exposición. Este Belén llegó a contar con miles de piezas de extraordinaria calidad, actualmente se conservan sólo 89. El montaje está hecho a la napolitana, caracterizado por un desarrollo vertical (en gradas), que produce una marcada sensación de abigarramiento.

El Belén tiene un plano sacral y otro más profano. El carácter sacral está reservado a la representación del Misterio, centro de todo Belén. La importancia y solemnidad de esta escena se consigue con figuras más hermosas que las del resto de la composición, en las que los rostros son más pálidos y las vestiduras doradas.

El Belén invitado este año es el Belén Napolitano del Museo Nacional de Escultura, de Valladolid. Es uno de los tres más importantes conservados en España; procede de la colección García de Castro y, desde 1996, pertenece al Estado. Consta de 157 figuras humanas, 44 animales y 220 finimentti o accesorios. En conjunto alcanza una longitud de 9 metros. Como en el Belén del Príncipe, se repite en el centro el tratamiento pálido de las figuras del Misterio, en contraposición con el resto de figuras del Belén en las que se utilizan colores más oscuros, para representar mejor los personajes vulgares y hasta grotescos de la Nápoles de entonces. El Misterio aparece rodeado de una gran corte celestial de ángeles, que participa del tono más refinado de las figuras centrales. La riqueza ilustrativa del Nápoles histórico es llamativa en este Belén, se representan escenas de la vida cotidiana típica: como un vendedor de sopas, un conjunto de músicos representados minuciosamente con sus instrumentos, un escribano o una frutería...

Además de los dos Belenes, estrellas de la exposición, completan la muestra cinco extraordinarias obras pictóricas alusivas a la Navidad y la Epifanía, procedentes de los Reales Conventos y Monasterios.

El último bloque expositivo lo constituye una serie de cuadros relicario, textiles y otros objetos. Los cuadros-relicario están realizados sobre soportes de nácar, ágata y cobre; enmarcados en ébano, bronce y otros materiales nobles. Excepto uno firmado por el español Francisco Solís, el resto son de origen italiano.

Los textiles litúrgicos son dos capillos y una caída de altar, bordados al matiz sobre seda con hilos de oro y plata, manufactura del obrador de bordados del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

El Patrimonio Nacional ha querido invitar especialmente a los niños a esta exposición. A través de un sencillo juego, Benjamín, un pastor napolitano, los acompañará por el recorrido de los Belenes y les pedirá ayuda para encontrar a Simón, otro pastorcillo que se esconde entre algunas de las figuras. Los niños pueden así fijar mejor su atención en el contenido y desarrollo escénico de la muestra.

Dora Rivas

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