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Sentido de la NavidadEn la noche de Navidad es costumbre, dentro de las familias tradicionalmente reunidas en el hogar, intercambiar regalos. Un regalo lleva en sí mismo un significado mucho más denso que el de satisfacer un capricho. Un regalo es un don simbólico. Lleva algo de quien lo regala: su interés, su gusto, su cariño. Un símbolo que se llena de sentido cuando el regalo-objeto ha sido totalmente realizado por la persona donante. Ella ha trabajado una materia, la ha conformado para lograr una expresión, ha puesto interés, ideas, tiempo, sensibilidad. En este don hay una donación de algo de sí misma, un mensaje de amor. Pero en la Noche de Navidad, todo regalo familiar eleva su simbología. Nos está haciendo recordar que hemos recibido el mayor don que se puede otorgar a un humano. Cuando se nos ponga el Niño en las manos es Dios mismo quien se nos da en este Niño. No se trata sólo de que este Niño sea Dios. Lo más asombroso es que Dios, el Absoluto, el Todopoderoso, sea este Niño para nosotros. Dios no nos ha dado algo aquí, alguna representación suya. Se ha donado a Sí mismo. El Niño no es un símbolo, otra realidad distinta. Es Dios mismo. Misterio. José María Corzo Hablar más del alma He leído detenidamente seis páginas que Alfa y Omega dedica, en su número de 2-XII-1999, al Enigma del comienzo de la vida, al desarrollo del fruto de la concepción, y a las conclusiones del Congreso Internacional de Bioética recientemente celebrado en Valencia. Son una aportación importante y extensa con ideas, párrafos y frases de numerosas personas altamente calificadas. Todas las seleccionadas convergen a sostener tesis católicas, como es natural en una revista católica. Todo me parece muy bien y merecedor de aplauso y felicitación, salvo la ausencia de la palabra alma. No aparece ni una sola vez, ni por casualidad, ni por descuido, en seis páginas. Anímense a hablar más de la animación, amigos teólogos, filósofos y periodistas católicos, y de todo lo referente al alma, que es mucho y se enseña poco. Alberto Ruiz de Galarreta N. de la R.: Los periódicos informamos de lo que ocurre en los Congresos. No parece necesario que «Alfa y Omega» tenga que «animarse» a hablar más del alma...
El inicio de la vida Desde hace unos años, está convirtiéndose en algo cotidiano el uso, de forma postcoital, de determinadas píldoras contraceptivas, con una clara acción abortiva, así como la investigación de nuevos compuestos que actuarían sobre el embrión recién concebido. Resulta curioso y sintomático cómo las personas que desarrollan todas estas técnicas quieren ocultar su acción abortiva, cuando, por otro lado, no suelen poner objeciones al aborto provocado. La denominada contracepción de emergencia actúa impidiendo la implantación endometrial de un embrión recién concebido a través de su eliminación, si la implantación ha ocurrido recientemente, impidiendo la continuación de su desarrollo. En otras palabras, produce un aborto temprano suprimiendo un ser humano recién concebido, lo que constituye un acto seriamente ilícito que destruye al más inocente de los seres humanos. Y que ahora se quiere maquillar usando el término contracepción, para así poder silenciar las conciencias. En realidad, ésta es la guerra química contra los hijos por nacer. Todo, como consecuencia de la separación entre sexualidad y reproducción, que trajo la píldora, y se ha continuado con las técnicas de reproducción artificial, donde la vida del hombre, en su inicio, se convierte en objeto destinado a su destrucción o manipulación. Javier Badía ¿Quién está detrás de cierta publicidad? Os escribo porque desde hace algunos meses la publicidad, y en concreto ciertas campañas, se han convertido en algo incómodo, que está ahí, molestando, por lo que vuestros artículos del último número han sido reflejo de una inquietud que supongo compartimos muchos de vuestros lectores. Me atrevo a sugeriros un segundo artículo sobre la publicidad. Parece que hay diferencias entre anuncios puntuales de mal gusto, como pueden ser los que ahora se emiten en las campañas de Airtel, Telefónica , empeñados en molestar, al invadir lo que debería ser respetado, pero (de momento) con anuncios aislados, y otros que forman parte de una serie. Personalmente, que Canal Plus no encuentre nada mejor que anunciar sus productos invadiendo un convento de clausura, no me extraña; pero sí los cambios de orientación en las campañas de productos que antes se identificaban con la familia y ahora han cambiado drásticamente su publicidad. Creo que sería interesante conocer si estos anuncios se deben siempre a la imaginación de los mismos publicistas, la misma agencia, o dos o tres. Independientemente de que algunos mandemos cartas de protesta a las empresas y, por supuesto, nunca compraremos un coche de una marca asociada con ciertos personajes que no se deben tomar a broma, sería bueno conocer a los que están detrás de estos anuncios. María Álvarez
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