RetrocesoA&ONº 151/6-II-1999SumarioEl Día del SeñorContinuar

V Domingo del tiempo ordinario
Lecturas de la Misa : Isaías 58, 7-10 1ª Corintios 2, 1-5
Evangelio
Mateo 5, 13-16
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
-Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

Como sal luminosa
La felicidad cristiana, quiere el Señor que se parezca a la sal: para dar sabor, para evitar la corrupción. La bienaventuranza cristiana, quiere Jesús que se parezca a la luz: para disipar toda oscuridad y tenebrismo. Constatamos que en la historia humana, la remota y la actual, hay demasiadas cosas oscuras, tenebrosas, apagadas, opacas. No es un drama de este o aquel país, de esta o aquella época, sino un poco el fatal estribillo de todo empeño humano cuando está viciado de egoísmo, de cinismo, de injusticia, de mentira, de inhumanidad...

La presencia cristiana en un mundo con tantos rincones insabrosos y oscurecidos, no es un alarde sabihondo. Los cristianos en tantas ocasiones hemos sido protagonistas, o al menos cómplices, de un mundo tan poco bienaventurado y tan infeliz. Por eso no es la actitud nuestra, no es lo que pide el Señor en este evangelio, una posición presuntuosa. No pretendemos decir a la gente insabrosa y apagada: Miradnos a los cristianos. Sería arrogante e incluso hipócrita. Nuestra indicación es otra: Miradle a Él, mirad a la Luz, acoged la Sal.

Lo que ocurre, y éste es nuestro desafío, que esa Luz y esa Sal que constituyen la Buena Noticia de Jesús, son visibles y audibles cuando se pueden reconocer en la vida de una comunidad cristiana, en la vida de todo cristiano. Jesús nos quiere felices, bienaventurados, nos quiere con una vida llena de sabor y plena de luz. Con otras palabras, una vida justa, honesta, pacífica, bondadosa, bella, solidaria, humana... Una luz que ilumina toda zona oscura, y una sal que produce un gusto de vida nueva. Es decir, una luz que puesta en el candelero de una ciudad elevada hace que el testimonio de Dios sea visible y audible, para que quien nos vea y escuche pueda dar gloria a nuestro Padre del cielo.

Jesús Sanz Montes


Padre rico en misericordia
Él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos. Esto, ningún cristiano lo duda, porque Dios no sólo creó al primer hombre del cual nacieron los demás, sino que Él mismo crea hoy también a cada uno de los hombres; Él, que dijo:Antes de formarte en el seno de tu madre te conocí. Primeramente creó al hombre sin intervención del hombre, ahora crea al hombre a partir de otro hombre. Con todo, Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos.

No nos hizo y luego nos abandonó. No se preocupó de hacernos y se despreocupó de conservarnos. Quien nos hizo antes de que nadie se lo suplicase, ¿va a abandonarnos cuando se le ruega?Clamemos ante el Señor que nos hizo. No hay duda de que escucha a los que hizo; no puede no preocuparse de los que creó.

San Agustín (354-430)