RetrocesoA&ONº 151/6-II-1999SumarioEspañaContinuar
Eucaristía, en la iglesia castrense, por las víctimas del terrorismo
El respeto a la dignidad humana
es el camino de la paz
En la iglesia arzobispal castrense se ha celebrado una Eucarístía por la paz, en memoria de las víctimas del terrorismo, presidida por el cardenal Rouco, con quien concelebraron monseñor Yanes, Presidente de la Conferencia Episcopal, y monseñor José Manuel Estepa, arzobispo castrense, así como numerosos capellanes castrenses. Asistieron los ministros de Interior y Defensa, señores Mayor Oreja y Serra, junto con miembros de la Asociación Víctimas del terrorismo y numerosos miembros de las Fuerzas Armadas con sus familias.

El arzobispo castrense se dirigió a los fieles y, con visible emoción, recordó a los que sin culpa sufrieron en su carne el terrorismo. Comentó el papel insustituible del Evangelio, que nos obliga a vivir y movernos en una lógica de particular fraternidad con los que han sufrido y sufren las consecuencias de tan crueles heridas. Deseamos -añadió- orar por las víctimas que perdieron la vida, y confortar con nuestro abrazo a tantas otras víctimas y familiares que aún padecen secuelas de unos actos inhumanos y sin sentido. Recordó que el ámbito de la celebración no era político, sino el de la plegaria de la Iglesia católica y el de la reflexión cristiana de sus miembros, el ámbito propio de la invocación a Dios que reconoce la incapacidad por parte del hombre de encontrar una solución verdaderamente radical a los problemas que le afectan. Los miembros de la Iglesia -dijo- ni podemos ni hemos querido nunca conscientemente pasar de largo ante tanto sufrimiento, pues el ejercicio prioritario de nuestra caridad pastoral estriba en la cercanía a los que más inocentemente han sufrido.

En la homilía, monseñor Elías Yanes pidió a Dios la gracia de la mutua reconciliación y de la paz. Los derechos humanos -recordó- no se fundamentan en pactos, ni en el consenso social, ni en el apoyo de la opinión pública, ni en ninguna decisión del Parlamento o de los partidos políticos; son derechos inherentes a todo ser humano, derechos inalienables, incondicionales.

Durante la oración de los fieles se pidió a Dios expresamente por las víctimas del terrorismo: Para que nuestra oración alivie las heridas inferidas durante largos años en la carne de los numerosos miembros de nuestra sociedad, y conforte a los familiares que aún padecen las secuelas de aquellos actos.

El cardenal Rouco Varela recordó la importancia del momento que vive nuestro país, al contar con la esperanza de que cesen las actividades terroristas definitivamente. Y añadió: ¡Que la esperanza no se pierda! Ahora bien, el camino de la paz es claro: el reconocimiento neto y nítido de la dignidad de toda persona humana y de sus derechos fundamentales, sobre todo el de la vida.

J. A. S..