RetrocesoA&ONº 151/6-II-1999SumarioLa vidaContinuar
Dos libros de interés
Es posible un libro sin letras? Estas páginas que acaba de editar Galaxia Gutember/Círculo de Lectores, en homenaje a Mingote, con motivo de su 80 cumpleaños, demuestran que no sólo es posible, sino que es uno de los más hermosos libros que uno ha hojeado recientemente. No hay letras escritas en él, pero hay muchas y muy bien aprendidas Letras en sus trazos, dibujos, viñetas.
Hombre solo
es, sin duda, el mejor libro de dibujos de Mingote, pero también el compendio de toda su singular y hondísima filosofía. Fue editado por vez primera en 1970, y de cómo entiende la soledad el autor son buena prueba las únicas letras que abren estas páginas: No es bueno que el hombre esté solo (Génesis 2,18). Es el Mingote a quien, cuando se le aplica la palabra genial, ésta deja de ser un tópico: por ejemplo, cuando pinta a Velázquez, en Las Meninas, y diciendo: Hay días en que no se lo ocurre a uno nada; pero también cuando pinta a un empleado municipal de la red de alcantarillado de la ciudad, sentado y mirando el reflejo de la luna en la cloaca. Así es Mingote, ese lujo tan nuestro.


Espiritualidad, sí; monoteísmo y Dios personal, no. Éste es el confuso y manipulador eslogan de ese fenómeno de nuestro tiempo llamado New Age. Cuando, a todas luces, se observa un nuevo retorno a lo religioso, ese sucedáneo de fe propone un tipo de difusa espiritualidad intimista, ecléctica, en forma de gnosis. Las más lúcidas voces de nuestro tiempo y de nuestra Iglesia, empezando por la del Papa, han alertado oportunamente, afirmando que el mayor peligro para el cristianismo de nuestros días es la propia religión en forma de gnosis, o que caminamos no hacia el ateísmo o hacia la indiferencia, sino hacia una forma de humanismo gnóstico, difuso, personalista y ambiguo.
Raúl Berzosa, sacerdote burgalés, profesor de Teología, aborda este fenómeno de nuestro tiempo en estas espléndidas páginas que acaba de editar la BAC popular, y lo hace con positivo talante de diálogo, convencido de que hay que dialogar, pero al mismo tiempo realizar un discernimiento profundo, inculturando la fe y evangelizando la cultura, tal como el Papa ha propuesto reiteradamente con la nueva evangelización.