RetrocesoA&ONº 151/6-II-1999SumarioMundoContinuar
Bienestar para todos: ni el capitalismo ni el socialismo lo han logrado
Un programa de futuro
«la doctrina social de la Iglesia se ha sacudido a sus competidores en la lucha de las ideas».
Éste es el subtítulo del artículo de Norbert Blüm, publicado recientemente en el periódico alemán
«Deutsche tagespost», que por su evidente interés y actualidad ofrecemos, con el mismo título original
El capitalismo y el socialismo, que a comienzos de este siglo eran todavía ideologías jóvenes y potentes, se muestran al final del siglo viejas y usadas, y sus escombros se dejan ver por toda la tierra. Ni el capitalismo ni el socialismo han logrado las esperanzas que se unían a sus promesas. Bienestar para todos: ni el capitalismo ni el socialismo han alcanzado esta meta. Libertad: la bandera roja está empapada en la sangre de los asesinados. La prometida liberación de la clase obrera terminó en el gulag, y la libertad del capitalismo se asemejó a la del pez grande que, como se sabe, se come al chico.

El liberalismo declaró al individuo la medida de todo, mientras que el socialismo hacía lo propio con la colectividad. Ambos han tomado la parte por el todo. El liberalismo reconocía de derecho al hombre como ser individual insustituible, pero subestimó su naturaleza social. Por el contrario, el socialismo declaró al hombre individuo social y pasó por alto su unicidad. En ambos casos el hombre salió amputado. Los dos programas han terminado violentando la totalidad del ser humano, porque, en un caso, desestimaban una parte de su naturaleza y, en el otro, la atrofiaban.

La doctrina social de la Iglesia se mantiene a igual distancia de los errores del socialismo y del liberalismo. Su raíz se encuentra: en el centro. Este nuevo vocablo de validez universal, el centro, no es un concepto de marketing, sino una posición fundamentada en la política antropológica. El ser humano es, por su naturaleza, tanto ser social como individual. No es que el Partido Socialista de Alemania esté compuesto sólo por antiguos socialistas, ni el Partido Liberal por los viejos liberales. Pero ni uno ni otro se han liberado aún del todo de la piel tradicional de su vieja procedencia. El nuevo Partido Socialista presenta una afinidad inconfundible con las soluciones estatales. En su política todos los problemas culminan, a la postre, en el Estado: el factótum. Y el Partido Liberal no se desprende de la sobrestima de que las autocuraciones son individuales. Es como si el individuo debiera liberarse de todas las reglas para que se pudiera establecer una sociedad en armonía celestial.

Por el contrario, la economía social de mercado es un orden que se sustenta en un equilibrio permanente ante las exigencias del hombre: la responsabilidad individual y compartida, la competencia y solidaridad, el rendimiento y equilibrio social construyen un orden social que fue denominado por Alfred Müller-Armack y Ludwig Erhard Economía social de mercado. Tales recuerdos conducen al centro de los conflictos de nuestro tiempo.

DEL ESTADO, A LA MAFIA


Cuando el comunismo se hundió, creyeron los Chicago-Boys que ya había llegado el tiempo de una economía de mercado desatada, y que el capitalismo se alzaría finalmente como heredero triunfante del socialismo. En Rusia se pueden estudiar las consecuencias de esta errónea apreciación. No quedó desocupada toda función de la que se hubiera retirado el Estado como factor organizador. La mafia, bajo cualesquiera nombres se presentara, se hizo presente más rápidamente de lo que muchos se dieron cuenta. E incluso convirtieron en mansos gatos domésticos a los Estados-tigre del sudeste asiático, presentados por el Presidente de la Organización Federal de la Industria Alemana, Henkel, a los alemanes como ejemplo a seguir, y no porque se hubiera desvanecido de la noche a la mañana su capacidad de rendimiento, sino porque dejaron de lado la dimensión social de toda economía humana. El hombre no es sólo homo oeconomicus. Ser asocial también es económicamente irresponsable.

La libertad no es tampoco culpable, como la ven algunos, y la solidaridad no es un lujoso regalo que sólo se pueden permitir los hombres buenos. La libertad sin miramientos es la libertad de los idiotas que, conscientemente, no conoce ataduras.

El hombre es su opción, afirmaba Jean Paul Sartre. Sin embargo, yo soy sólo resultado de mi elección en una mínima parte de mi existencia. Ni me he buscado la familia en que nací ni el momento de venir al mundo. La autodeterminación, entendida como determinación de una sola persona, autónoma y por elección propia, es el proyecto de la propia sobreestima híbrida del hombre, que sufrió su primera derrota en la caída del pecado, y de su ejemplar desastre en la infructuosa construcción de la torre de Babel.

Hoy podemos hacer más de lo que se ha podido hasta ahora. Los seres humanos se pueden fabricar artificialmente, se pueden clonar, y hasta el alma, el núcleo personal del hombre, se puede manipular con psicoterapia. Una libertad dejada a sí misma, no conoce barreras. Se destruye a sí misma pues lleva al despotismo: en el mejor de los casos, da paso a una sociedad de idiotas felices bien abastecidos. No debemos hacer todo aquello que podemos, y la distancia entre el deber y el poder se hace cada vez mayor si la Humanidad quiere sobrevivir siendo humana.

Si sólo vale la maximalización de la utilidad, la vida se hace esforzada, gris y monótona. Cada exteriorización de la vida, cada relación tiene que someterse a un análisis de costes-beneficios. La fidelidad, la lealtad y la confianza no tienen lugar en esta sociedad calculada. Pero el egoísmo trae tristeza. El amor, que pasa por ser la mayor fortuna del hombre, no se alcanza con un permanente cálculo de ventajas, y el hombre flexible, la nueva imagen conductora del neoliberalismo, se halla en peligro, porque está sometido a una obligación permanente de utilizar todas las opciones. Pero la vida es breve, por lo que el hombre flexible salta de opción en opción del mismo modo con que se hace zapping en la televisión.

TIRANTES... Y MANOS LIBRES


No hay que dejar pasar nada y no se puede quedar uno en nada. En un mundo flexible, la lealtad en el matrimonio y en la empresa, a lo sumo, no es sino una reliquia nostálgica; pero los vínculos son una condición existencial del hombre.

El hombre es el más débil de los seres vivos. En lo que se halla seguro el animal por instinto, el hombre debe crear instituciones para sobrevivir. Y las instituciones son cortapisas a nuestra libertad. Nos descargan de nuestra capacidad de decisión en las cosas habituales y nos dejan libertad para las cosas importantes. Sin tirantes no quedan las manos libres para cosas más importantes que el sujetarse los pantalones.

La solidaridad no es inclinación voluntarista del fuerte hacia el débil, sino que se encuentra inserta en nuestra naturaleza. ¿Quién es tan fuerte que no necesita nunca de un compañero? Estamos hechos para la complementariedad. El varón y la mujer no son intercambiables, sino que se completan el uno al otro. Nunca se hubieran escrito los más bellos poemas de amor, si los amantes hubieran buscado en los amados a seres iguales. Como en la solidaridad, en el amor el hombre hace saltar la ciudadela de su referencia al yo. Si uno no puede pensar más allá de su propia existencia individual, no reconocerá jamás por qué enriquecen los niños la vida. Si alguien sólo vive para sí, genera una nueva glaciación, la de la soledad. Quien no necesita de los demás tampoco es necesario para nadie.

La nueva cuestión social se llama soledad, y la noticia-estrella del desierto helado es la de una mujer que permaneció seis años en su casa muerta sin que nadie lo notara. Poseía todo lo que ofrece la civilización moderna: un bonito apartamento, buena climatización, una renta suficiente, pero carecía de amigos.

Kurt Biedenkopf escribía: El partido popular del mañana debe estar en condiciones de ser expresión de la nueva diversidad. Esta afirmación es tan original como decir que la estación meteorológica debe dar datos del tiempo. Los partidos no son estaciones meteorológicas. La diversidad no constituye por sí misma un valor, porque no todo es igual de importante. No todo lo que es o será debe ser así como es o ha de ser. El que se conforme sólo con reproducir la evolución social puede nombrar mesa presidencial del partido al Instituto de Opinión Allensbach [equivalente alemán del CIS]. Éste expresa la disparidad de un modo preciso.

Las ideas de la doctrina social de la Iglesia no se acoplan a todos los modos de la diversidad, y siguen siendo modernas. Solidarnosc era un movimiento obrero cristiano. En los astilleros Lenin, de Gdansk, se generaban todos los aludes que sepultaban al socialismo obstinado en las armas. Ni Walesa ni sus compañeros huelguistas disponían de escopetas ni misiles; sólo tenían una idea: la de la libertad, justicia y solidaridad que anida en la doctrina social de la Iglesia.

Un partido democristiano sin varones y mujeres procedentes del movimiento católico obrero, aunque se pueda apropiar de las más refinadas técnicas de publicidad y limar los programas más agresivos de mercado, habrá perdido su espíritu, si la doctrina social de la Iglesia no habita en él. Por ello, con la revitalización de la doctrina social de la Iglesia está estrechamente ligado el renacimiento de la política que surge de la responsabilidad cristiana.

Norbert Blüm
Traducción de Juan José Sanz Donaire