RetrocesoA&ONº 151/6-II-1999SumarioMundoContinuar

HABLA EL PAPA

Profetas en la sociedad de consumo
En este momento, mi pensamiento va con especial cariño a todos los consagrados: se trata de hombres y mujeres que han decidido seguir de manera radical a Cristo en la pobreza, en la virginidad y en la obediencia.

Pienso en los hospitales, en las escuelas, en los centros de catequesis, donde trabajan con actitud de entrega total al servicio de los hermanos por el Reino de Dios; pienso en los miles de monasterios, en los que se vive la comunión con Dios a un ritmo intenso de oración y de trabajo; pienso en los laicos consagrados, testigos discretos en el mundo, y en tantos que se encuentran en primera fila entre los más pobres y marginados.

¿Cómo dejar de recordar a los religiosos y religiosas que recientemente han derramado su sangre mientras desempeñaban su servicio apostólico, con frecuencia difícil y en condiciones mortificantes? Fieles a su misión espiritual y caritativa, han unido el sacrificio de su vida al de Cristo para la salvación de la Humanidad. A toda persona consagrada, pero especialmente a ellos, está dedicada hoy la oración de la Iglesia.

La Iglesia da gracias por el don de esta vocación y lo invoca ardientemente: de hecho, las personas consagradas contribuyen de manera determinante a la obra de la evangelización, confiriéndole esa fuerza profética que proviene de la radicalidad de su opción evangélica.

(2-II-1999)