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El Informe pretende ofrecer un juicio ético ponderado sobre la clonación con el fin de recomendar al legislador lo que nuestras leyes han de permitir o prohibir en este asunto.
Pues bien, el juicio ético fundamental que hace el Informe es del todo decepcionante. Es el siguiente: Deben evitarse las expresiones de absoluto rechazo y condena... de todo tipo de clonación, tanto en animales como en seres humanos (255), pues, si la clonación se inscribiera en un marco general de respeto al ser humano... entonces la clonación podría no ser, en casos excepcionales, completamente incompatible con la dignidad del ser humano (245). El Comité piensa que hay varias razones serias que hacen claramente desaconsejable, en el momento actual, el procedimiento y hasta sancionable jurídicamente su realización. Pero como son razones de carácter más prudencial que absoluto, se hace necesario, en opinión mayoritaria del Comité, dejar la puerta abierta al posible uso excepcional futuro de estas técnicas (260). Todavía con más nitidez (y un tanto de incoherencia) declara: Las reservas que pudieran suscitar la clonación reproductiva y otras técnicas afines se refieren de forma global a la inseguridad de las mismas según el estado del conocimiento científico actual, pero no a la técnica en sí, ni a sus diferentes propósitos, incluidos los reproductivos, que deben ser objeto de valoración jurídica individualizada (262). No cabe duda: tratan de prepararnos para que en el futuro lleguemos a ver como algo razonable y socialmente aceptable lo que un 80,5% de los españoles ve hoy como inaceptable (20,5%) o completamentente inaceptable (60%), según datos aportados en el mismo Informe. Éste reconoce que los fenómenos de incertidumbre e incluso de resistencia no son mera función de la ignorancia de la sociedad, pero añade que la comunidad científica debe contribuir a que el debate se mueva en la dirección de una mayor complejidad, diferenciación y flexibilización de las posiciones (251). He ahí la cuestión. El Informe pretende contribuir a que las resistencias de la opinión pública contra la clonación de seres humanos se flexibilicen. Por no hablar, claro está, de las posturas de quienes rechazan de modo absoluto, consciente y crítico la eticidad de la clonación humana, como es el caso de la Iglesia católica, pero no sólo de ella. |
| CONTRA LA DIGNIDAD DE LA PROCREACIÓN HUMANA
En efecto, llama poderosamente la atención la gran discrepacia existente entre el juicio de este Comité y el emitido en abril de 1997 por el Comité Consultivo Nacional de Ética para las Ciencias de la Vida y de la Salud de la República Francesa, que llegaba a la siguiente conclusión: La clonación reproductiva de seres humanos... no puede más que suscitar una condena ética vehemente, categórica y definitiva. Esa práctica, que pone radicalmente en cuestión la autonomía y la dignidad de la persona, constituiría una grave involución moral en la historia de la civilización. En consecuencia, el Comité francés propone al Presidente de la República que promueva la prohibición en Francia y en todo el mundo de dicha práctica. Por lo que toca a la doctrina católica, el Informe que nos ocupa le dedica tres páginas, dada la realidad sociorreligiosa de nuestro país, según aclara. Es una exposición concisa que, curiosamente, no refiere ningún texto del Magisterio de la Iglesia sobre la clonación, ni siquiera el de la Instrucción Donum vitae, que, ya en 1987, condenaba expresamente esa práctica por estar en contraste con la dignidad tanto de la procreación humana como de la unión conyugal. Se centra más bien en la defensa que la Iglesia hace de la continuidad del desarrollo embrionario desde la concepción misma y de la dignidad humana del fruto de la concepción, que excluye cualquier fase subhumana en el proceso. De este modo el Informe deja un tanto de lado las razones por las que la doctrina católica -con la que coincide en este punto el Comité Nacional de Ética francés- rechaza de modo absoluto la clonación reproductiva como contraria a la dignidad humana y se centra, en cambio, en la cuestión del estatuto del embrión. Entonces alaba la opción decidida por la vida y por el respeto de los seres humanos que asume la Iglesia. Pero para apostillar a renglón seguido que es una postura fácilmente asumible en el orden de las exhortaciones, pero difícilmente generalizable al orden de las prohibiciones morales y penalizaciones jurídicas (133) ¿Por qué? En cuanto a la cuestión de los embriones (relevante para la clonación llamada terapéutica que exige la destrucción de embriones humanos), porque no todos piensan que se trate de seres humanos; entre ellos, curiosamente, tres miembros del Comité, incluido su presidente. Y se citan opiniones para todos los gustos: desde los que ponen la aparición del ser humano en las dos semanas de gestación hasta quienes la retrasan más allá del parto ¿Qué momento sería susceptible de ser generalizado para una prohibición legal? Nos quedamos sin saberlo a ciencia cierta. En cuanto a las técnicas de clonación reproductiva, es decir, las utilizadas para producir no ya embriones-fábricas destinados a la muerte, sino seres humanos nacidos vivos, al Informe parece que le basta con decir que no se ve por qué han de considerarse atentatorias contra la dignidad de los seres humanos y su uso tenga que considerarse como intrínsecamente perverso, de modo que todo el mundo tenga que verlo como tal (137). Éstas son las cuestiones de fondo que el Comité no ha querido o no ha podido afrontar, posiblemente a causa de la confesada diversidad de posiciones en su mismo seno. Pero ¿por qué se ha quedado tan por debajo del resultado alcanzado por el Comité de la República Francesa este Comité de una fundación privada, que, en principio, no tendría por qué ser más diverso y plural que aquél? Porque adopta unos planteamientos tan procedimentalistas y consecuencialistas que resulta imposible encontrar en ellos algo así como un fondo antropológico objetivo que dé sustento a la afirmación de la dignidad del ser humano. ÉTICA, NO CONSENSOS NI CÁLCULOS
Todo el mundo tenga que verlo como tal: ¡buen criterio de moralidad generalizable! ¿Se trata de eso cuando se habla de que un acto humano es de por sí (o intrínsecamente) malo? Ya sabemos que las técnicas en cuanto tales no son ni buenas ni malas. La doctrina católica no condena ninguna técnica en cuanto tal; tampoco esos ejemplos clásicos que -¡vaya casualidad!- aduce el Informe: los métodos anticonceptivos o las técnicas de reproducción asistida. Lo que es malo es que esas u otras técnicas sean usadas por una persona lesionando su propia dignidad o la de sus semejantes. Pero, por desgracia, el Informe no entra en el fondo de la cuestión: la dignidad humana. Se conforma con fórmulas más o menos tautológicas como la ya citada: Si la clonación se inscribiera en un marco general de respeto al ser humano... entonces la clonación podría no ser, en casos excepcionales, completamente incompatible con la dignidad del ser humano. Pero ¿será posible de verdad clonar seres humanos y permanecer en aquel marco general de respeto a la dignidad humana? Esta pregunta no tendría nunca respuesta si hubiera que esperar a que todo el mundo (no basta el 80%) se pusiera de acuerdo, o a comprobar los costos y los beneficios que la clonación podría comportar para todos los interesados. Nunca se podrá responder por esas vías de mera concitación de consensos o de mero cálculo de beneficios. Sin embargo, es una pregunta que viene de hecho respondida siempre desde la visión que se tenga del ser humano, ya sea expresa o tácita, crítica o acrítica. Los principios de la ética se toman de la antropología, no de los consensos ni de los cálculos. Lo cual no quiere decir que el diálogo interdisciplinar y la evaluación de las situaciones concretas en la interacción de las distintas experiencias no sean caminos indispensables. Como tampoco quiere decir que ninguna instancia no legitimada para ello pueda permitirse el tratar de imponer nigún principio por la fuerza de la ley; aunque todos puedan y deban exponer sus puntos de vista y tratar de que sean recogidos por las leyes cuando crean que se trata de un imperativo de la justicia ¿No es eso lo que hace el Comité con sus particulares y decepcionantes recomendaciones? Pienso que la sociedad hace bien en ser inflexible frente a la clonación, terapéutica o reproductiva. Hay poderosas razones antropológicas para ello. Las tiene la Iglesia, las tiene también el mencionado Comité francés, las tiene el conocido filósofo Hans Jonas y otros muchos. No encuentro mejores razones en el Informe. Juan A. Martínez Camino |