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Las Casas de adoración nacieron en Francia en el año 1986 y fueron aprobadas definitivamente en 1989. Su fundadora Marie Benoite Angot es casada y madre de familia. Es una Asociación privada de fieles laicos reconocida en la Iglesia. En esta espiritualidad los fieles se consagran, por María, a la Persona viviente de Cristo en la Eucaristía. Las Casas de adoración van dirigidas a personas laicas que vivien y trabajan en el mundo, sean célibes o casadas. Ofrecen un camino espiritual centrado en el amor a la persona de Cristo y a su presencia real en la Eucaristía. Desarrollan su vocación y misión propia en respuesta a la llamada a la santidad que recibe todo bautizado. No forman comunidades ni grupos, quedan diseminadas por todo el mundo, levadura en la masa, en todos los países donde les llevan las circunstancias de sus vidas, estén donde estén.
Tienen la misión de dispersarse para llevar al mundo el Amor vivo de Jesús Eucaristía; ministerio vivido en la simplicidad de la vida cotidiana, en las obligaciones del deber de estado, siguiendo en esto el ejemplo de la Virgen María. Están llamados a vivir como almas de adoración queriendo entregar a Cristo la mejor parte de su vida, imitando así a la Virgen María en su casa de Nazaret. No deben dejar pasar un solo día sin mirar a Jesús viviente con una mirada de adoración. Quieren preparar así, en el silencio de su alma con una vida de unión con Cristo, el gran momento de su retorno glorioso. Pueblo de bautizados, quieren con una intensa vida eucarística llegar a ser Eucaristía a la imagen y semejanza de su Maestro y Señor Jesucristo, quien se hizo por ellos Eucaristía. Quieren constituir así, en medio del mundo, un pueblo de adoradores trabajando para la llegada del Reino eucarístico sobre la tierra. |
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Durante el año, las Casas de adoración se reúnen tres veces para compartir y recibir a los nuevos miembros: el 8 de diciembre, para la primera etapa, que es una donación específica de la asociación a María; la segunda etapa tiene lugar el Sábado Santo, para una renovación de las promesas del bautismo, así como del matrimonio para los esposos; y luego, en el Corpus Christi, la consagración a la Persona de Cristo.
El cardenal Rouco tuvo a bien aprobar la implantación de las Casas de adoración en la archidiócesis de Madrid, y esto nos da mucha confianza para intentar crecer y hacer descubrir a mucha gente lo hermoso que es vivir esta consagración en el mundo. Las Casas de adoración están implantadas en varios continentes. Están en Francia, Alemania, Canadá, Estados Unidos, en muchas partes de África, Japón, etc. Para una Casa de adoración, toda su vida está fundada sobre el amor a la Presencia real de Cristo, presente con su Cuerpo y con su Sangre en la Eucaristía. Es una vida eucarística la que es propuesta a los miembros; en consecuencia, como no hay Eucaristía sin sacerdotes, la vida de la Asociación está íntimamente ligada al sacerdocio: oran y ayudan a todas sus necesidades en pueblos y parroquias, desarrollando actos y celebraciones eucarísticas. Cada Casa de adoración es una pequeña Iglesia doméstica que difunde ese amor eucarístico. El año 2000 es un año dedicado a la Eucaristía; con la apertura de la Puerta Santa empieza una nueva era del cristianismo, un tercer milenio cuyo comienzo está íntimamente ligado a la Eucaristía, ya que, en palabras del Papa, sólo la presencia real de Cristo puede asegurar la presencia real de la Iglesia en el corazón del mundo. Es una vocación a la oración de adoración, es una vocación contemplativa que se vive en la sombra, pero siempre en Iglesia, dando todo lo que podemos dar a las innumerables necesidades de nuestros hermanos, sean quienes sean. Para unos será una labor espiritual de oración, catequesis, enseñanza; para otros serán actividades parroquiales; para algunos, el ofrecimiento de una enfermedad o de una minusvalía; y para todos será la entrega de toda su vida al Señor a través de María. Cordelia de Castellane |