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Año jubilar y catedral de la Almudena
El pueblo de la Antigua Alianza celebraba cada 50 años el año jubilar, durante el cual era obligado liberar a los esclavos, se perdonaban las deudas y todos los predios vendidos o enajenados debían volver a su antiguo dueño: Declararéis santo el año 50, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresará a su familia. En el Año Jubilar cada israelita recuperaba la tierra de sus padres que hubiera perdido o vendido, porque la tierra era propiedad de Dios y Éste se la había dado, de modo que nadie podía privarles de ella. Como tampoco podían ser indefinidamente esclavos, pues el Dios de sus padres los había rescatado de su esclavitud en Egipto.
El año 2000 es el gran Jubileo porque celebramos que, al llegar la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios se hizo uno de nosotros en el seno de María, y entró así en la Historia. En el año de gracia del Señor el tiempo rasgó el velo de sus límites y se dejó traspasar de eternidad. El pecado y la muerte fueron vencidos; y el hombre, redimido en Cristo Jesús, pudo alzarse hasta Dios en un abrazo infinito. El Papa Juan Pablo II acaba de recordarnos a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad que la idea más genuinamente jubilar es la del perdón, la condonación de las deudas y la liberación de los oprimidos. El Año Jubilar 2000 debe ser el tiempo del arrepentimiento y del perdón, la acogida y la generosidad, la liberación de los más pobres y desvalidos. Estamos llamados -nos ha dicho también nuestro querido cardenal de Madrid- a hacernos presentes en los engranajes del tejido social e infundir solidaridad, servicio a los débiles, justicia para compartir los bienes.
El Año Jubilar 2000 es una fiesta y un compromiso. En nuestra diócesis, será un año eminentemente de acción de gracias, un año eucarístico, porque en la Eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana, se hace presente el amor con el que los cristianos debemos impregnar y fecundar el mundo. El Año Jubilar 2000 es una invitación a avivar la comunión con toda la Iglesia, que se expresa de forma privilegiada en la Eucaristía presidida por el obispo en la catedral. Peregrinar a la catedral significa confesar nuestra fe en Jesucristo y dar gracias a Dios como Iglesia diocesana, unidos a la Iglesia universal.
La fiesta de la Almudena es, en nuestra diócesis, el pórtico del Año Jubilar. Los madrileños estamos convocados a honrar a nuestra Patrona, Nuestra Señora la Real de la Almudena, bajo cuya advocación está la catedral de Madrid. La Virgen nuestra madre, cuyo sí confiado y generoso hizo posible la encarnación del Hijo de Dios. ¡9 de noviembre, fiesta de nuestra Patrona la Virgen de la Almudena! Y con ella, bajo su protección y amparo, nos dispondremos a celebrar en la catedral el gozo del Año Jubilar, en la esperanza del retorno del Señor glorificado.
Antonio Astillero Bastante
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Poesía, canción y apostolado
La Iglesia tiene que salir fuera de los templos y despachos parroquiales. Si los jóvenes se mueven en discotecas, también allí habrá que estar con ellos y hablarles de un Dios alegre y cercano.
Suelo definirme como diplomado en sonrisas y llanto por la universidad del Corazón. Pertenezco a la comunidad pasionista de San Gabriel de la Dolorosa, en el Pinar de Chamartín, en Madrid, y colaboro, de vez en cuando, en los medios de comunicación social, y desde hace algunos años intento llegar al corazón de los jóvenes a través de la poesía y de la canción.
Al principio les choca que un religioso pasionista y sacerdote haga esto. El tema del sexo suele ser uno de sus preferidos. Yo les digo que existen muchas formas de amar, que hay que cultivaz la ternura, la sensibilidad. Intento hacer una catequesis actual.
Dios es el poeta con mayúscula, yo soy un instrumento que va donde le llaman: cada día lo tengo más claro: los buenos poetas hablan con las estrellas y yo apenas estoy conversando con las flores. Soy consciente de ello, pero también sé que cuando acabo un recital, muchos me dicen que se han emocionado, y lograr esto es un reto que hace chiribitas en mi corazón.
Intento dos veces al mes en pubs, cafeterías, salas de fiestas y discotecas (también en parroquias) un acercamiento entre cultura y fe con versos sencillos, con un lenguaje que llegue, y para esto cuento con un valioso instrumento: la palabra. Sigo un consejo de Gloria Fuertes, a la que traté bastante, que dijo: ¡Pepe, derrámate en cada poema! Ésa es mi máxima.
Uno de mis libros se llama Oraciones chungas, porque hay personas a las que les cuesta rezar, lo ven chungo, y eso me motivó a hacer oraciones que emergen de lo cotidiano. El último se llama: En la nariz he salido a Dios; es mi homenaje a Gloria Fuertes, en el primer aniversario de su muerte. Ella me ayudó a ser más humano. Estar con ella era entrar en un espacio de sueños, que es lo que le falta a este mundo. Y si vamos tras el sueño de Jesús de Nazaret, habrá que hacer algo, ¿no?
Déjenme intentarlo. Gracias.
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