RetrocesoA&ONº 185/4-XI-1999SumarioUsted tiene la palabraContinuar
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Hay en la clase periodística, si es que existen las clases, sangre de humanidad. Más de una vez he oído lamentarse a mis compañeros de profesión por la ausencia del paraíso en la tierra, por la imposibilidad de la felicidad a causa de la inevitable presencia de la realidad ponzoñosa en las personas y en los colectivos humanos. No en vano, a nuestra profesión se la califica con innumerables adjetivos, de difícil reproducción en esta columna. Un noble representante de esta sabia profesión periodística, articulista del Grupo El Correo y colaborador de la revista Telva, Miguel Aranguren, ha atisbado en el libro Hijos del paraíso, editado por Martínez Roca, algo de los paraísos terrenales en esta novela, que recoge las experiencias de una enfermera que abandona su cómoda vida en un hospital de gran ciudad para atender a los habitantes de una pequeña aldea en el desierto africano. Y, junto a esta historia, otras dos más que nos hablan de personas que practican el sagrado principio de que todo lo que no se da, se pierde. El estilo ágil, puramente periodístico, de este texto hace que las páginas fluyan como los ríos de la vida, de la vida ejemplar de quien lo deja todo para dedicarse a los más pobres de entre los pobres.


La editorial Gredos, en su colección de clásicos medievales, acaba de editar el Cantar de Roldán, con una minuciosa y cuidada introducción histórico-filológica de Isabel de Riquer, profesora de Literatura Románica en la Universidad de Barcelona. La Canción de Roldán es un relato histórico, un sermo sublimis propio de la epopeya. Es, además, el texto más antiguo de los que cuentan la batalla de Roncesvalles, la más antigua de las cien epopeyas francesas que se conservan. Se caracteriza, como afirma Isabel de Riquer, por la simetría y equilibrio de los episodios, por la pintura de los ambientes y de las situaciones, por la descripción de las pasiones de sus personajes, así como por la planificación global del cantar. Nos encontramos con el primer cantar de gesta, fuente inspiradora de otros poemas épicos. La versión que ahora se nos ofrece se inspira en el manuscrito conservado en la Universidad de Oxford, descubierto en 1832 y que parece ser una copia realizada alrededor de 1125, o como muy tarde entre 1125 y 1130, de un texto de finales del siglos XI. La cuidada edición, que ahora se nos presenta, y el estilo claro de la presentación del libro hacen posible que el acercamiento a esta fuente de la literatura clásica no se quede sólo en los ambientes especializados, sino que trascienda al gran público.

J. F. S.