RetrocesoA&ONº 185/4-XI-1999SumarioMundoContinuar
Conclusiones de la Asamblea interreligiosa celebrada en el Vaticano
Violencia y religión,
irreconciliables

Fue un espectáculo único: la columnata de Bernini abrazaba en el crepúsculo, por primera vez en la Historia, a creyentes de las más diferentes religiones: cristianos, judíos, musulmanes, budistas, sikhs, bahais, sintoístas e hindúes... Era la conclusión de la Asamblea interreligiosa celebrada en el Vaticano del 25 al 28 de octubre, iniciativa con la que Juan Pablo II ha querido perfilar la preparación de los cristianos para el inminente Jubileo del año 2000.

Ante los miles de personas que abarrotaban la plaza y ante los 250 representantes de 20 religiones que habían participado en la Asamblea, el Pontífice dijo con voz firme: Hay quien dice que la religión bloquea el camino de la paz y de la prosperidad. Tenemos que demostrar con los hechos que no es así. Cualquier uso de la religión para apoyar la violencia es un abuso y una contradicción.

Siempre he creído que los líderes religiosos tienen el papel de alimentar esa esperanza de justicia y de paz -añadió el Papa-, sin la que no podría haber un futuro digno para la Humanidad.

Entre los presentes se encontraba Tenzin Gyatso, decimocuarto Dalai Lama y líder político y espiritual en exilio de los seis millones de tibetanos que viven desde 1950 bajo la ocupación china.

El argumento central de la Asamblea de exponentes de las religiones quedó bien planteado por la ponencia introductiva dictada por la periodista malasia Theresa Ee-Chooi, que preside la Unión Internacional de Periodistas Católicos; recordó los desequilibrios económicos entre países pobres y países ricos de la aldea global y la influencia del relativismo en la vida moral del hombre de final de siglo, y planteó la pregunta decisiva: ¿Qué papel pueden desempañar los líderes de las grandes religiones para hacer que el mundo futuro sea como quisiéramos dejarlo a nuestros hijos y nietos?

Los grupos de trabajo se reunieron durante dos días, para ofrecer respuestas a esta pregunta. Al final, la Asamblea apostó por la edificación de una civilización del amor en la que los creyentes tienen un papel decisivo a través del diálogo y la colaboración.

El 27 de octubre los asambleístas recordaron en Asís el aniversario de la primera Jornada mundial de oración por la paz, convocada allí por Juan Pablo II en 1986.

En la noche del 26 de octubre, artistas, músicos y cantantes de diversos países, culturas y religiones unieron sus voces para lanzar al mundo un mensaje de unidad y de paz. Gran parte de la velada musical estuvo a cargo de Gen Rosso: los focolares llenaban en buena parte el Aula Pablo VI, del Vaticano, pues la fiesta coincidió con un congreso del grupo Amigos Musulmanes del Movimiento de los Focolares.

El coro Ha-Kol, de la comunidad judía de Roma, dirigido por el maestro Claudio di Segni, interpretó cantos de la liturgia hebrea. El tenor japonés Yasuhiro, acompañado por la pianista Yasuko Miki, cantó algunas piezas de la nueva religión Tenryko. Dos cantantes musulmanes de Marruecos ofrecieron un canto de oración que expresaba el abandono confiado en Dios. Un dúo orquestal indio, de la religión jainista, expresó la alabanza al Creador con dos instrumentos típicos de la India, el sitar y la tabla.

Jesús Colina. Roma