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Catedral, ¿quién eres?, ¿de dónde vienes?, ¿cuántos años tienes?, ¿cuáles han sido las cosas que han ocurrido en tu historia?, ¿cuál es el sentido de tu existencia?, ¿cuál es tu presencia en la vida de la diócesis?, ¿cómo contribuyes a generar diálogo fe-cultura?, ¿qué espacios ofreces a la oración del hombre de la calle, del fiel cristiano, al encuentro entre las familias, a la caridad con los más pobres?, ¿qué capacidad tienes para convocar al presbiterio? Catedral, ¿cómo te miran el resto de los templos de la Iglesia encarnada? Preguntas y más preguntas que formulamos a la catedral, a nuestra catedral. A la catedral que todos llevamos dentro: el templo de las grandes celebraciones litúrgicas que hacen patente a la Iglesia, a toda la Iglesia, en torno al obispo, al pastor que vela por la fe, la caridad y la esperanza del Pueblo de Dios.
Pero la catedral es mucho más. Para unos, los que se dicen no creyentes, es símbolo, torre, referencia de la historia del pueblo. Quizá puedan ir más lejos. Es, sin duda, una oportunidad de encuentro con las raíces del ser propio y del ajeno. Para otros, los que confesamos la fe en Jesucristo, Dios hecho hombre, la catedral es el lugar en el que se encuentra la cátedra. Y en la cátedra, palpamos a la Iglesia representada, asumida y vivida. Allí donde está el obispo, está la Iglesia, decían los Santos Padres. Allí donde está la cátedra, volcamos las realidades configuradoras de nuestro apostolado. Y en la cátedra, que preside el obispo, padre y pastor, se rompen las distancias, se encuentran como miembros de un gran familia, también en el tiempo y en el espacio celebrativo, los sacerdotes y los laicos, los sacerdotes y las familias. |
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Y ¿qué mejor trono para la Madre de Dios, para Nuestra Santa María de la Vega en su Concepción Admirable, para Nuestra Señora la Real de la Almudena, precioso nombre de resonancias arábigas, que la cátedra del obispo? La Palabra de Dios habitó entre nosotros. El fiat de la Virgen María resuena en la cátedra del obispo, eco de presencia del Evangelio. El Espíritu Santo cubrió con su fuerza y con su luz la oración silenciosa y callada de los cristianos. En la cátedra del obispo, vibra la Iglesia. La cátedra del obispo es fuente en la que saciar la sed de presencia de Jesucristo entre nosotros. Y, junto a la cátedra de nuestro obispo, Nuestra Señora de la Almudena, para siempre. Una Catedral para una Madre y sus hijos.
José Francisco Serrano |