RetrocesoA&ONº 185/4-XI-1999SumarioTestimonioContinuar
El mejor verano de mi vida
San Pablo escribe en su carta a los Efesios:«Dios constituyó a unos, apóstoles; a otros,
profetas; a éstos, evangelistas; a aquéllos, pastores y doctores, para la perfección
consumada de los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo»

En una sociedad donde lo que predomina es el consumismo, el tener, el ser importante… Dios Padre se sigue manifestando de distintas formas en los diversos lugares de la tierra. Sé que durante estos últimos años las vocaciones están muy apagadas. Por eso os voy a contar mi experiencia de servicio cristiano, para que no os tapéis los oídos o intentéis ignorar la llamada del Señor. Si Él os llama por un camino, hacer su voluntad es la única manera que tenemos para amarle y darle gloria, y sentir así en nuestro interior un gran gozo y una gran paz.

En nuestra familia, de cuatro hermanas dos hemos optado por servir a las personas más desfavorecidas de la tierra. Yo, joven seglar, tras varios años de formación, he tenido este año la oportunidad de compartir dos meses de verano con el pueblo hondureño, un pueblo lleno de maravillas, de gente sencilla, pero también de pobreza e injusticia. He ido mediante un movimiento cristiano, Juventudes Marianas Vicencianas, perteneciente a los padres Paúles e Hijas de la Caridad. Éste me ha ayudado muchísimo a lo largo de mis años; con él he ido madurando mi fe.

Mi misión consiste en trabajar en una campaña infantil (proyecto que lleva a cabo la Iglesia católica de San Pedro de Sula y Tegucigalpa), mediante la cual se les enseña a los niños valores humanos. El valor que quisiéramos que vivieran este año es el de la solidaridad. Se escogió a consecuencia del huracán Mitch, porque fueron muchísimas las muestras de solidaridad que recibieron de todos los países, sobre todo de España. La campaña duraba 7 semanas y durante cada una el valor se enfocaba en un entorno: en la escuela, en la familia, en la cultura… y se iba por todas las escuelas enseñándolo mediante canciones, dinámicas y algunas fichas de actividades que se daban a los maestros.

Por la tarde, participaba en los distintos proyectos que tienen los misioneros seglares vicentinos, Amigos para siempre: Se da refuerzo escolar, se dan talleres, juegos… con los niños de la calle; yPuerta abierta: Se trabaja con enfermos de sida, se hacen talleres, charlas, visitas a enfermos o a sus familias.

En fin, este verano ha sido el mejor de mi vida. El Señor me ha invitado a abrazar la fe en este pueblo de misión. Mis hondureñitos me han dado verdaderas lecciones de sencillez, humildad, generosidad, capacidad de trabajo… y me han hecho descubrir que el mundo de los pobres es mi mundo, donde el Señor quiere que le ame.

Os escribía al principio que somos dos hermanas las que hemos hecho una opción preferencial por los pobres. Os voy a contar un poco la misión de mi hermana: Ella pertenee a una Congregación cuya labor es cuidar en sus casas a los ancianos pobres, solos, abandonados, sin posibilidades de ser cuidados por su familia. Imaginaos a un anciano, padre de familia, que ha trabajado toda su vida y se ha desvivido por sacar a sus hijos adelante, ha vivido lleno de privaciones, pero al cabo de tantos afanes se encuentra con que sus fuerzas se debilitan, que su cuerpo se resiste al trabajo, en fin, que sus capacidades físicas e intelectuales se limitan cada día más. Ya no puede cuidarse por sí mismo, ahora depende de los demás, necesita de ti y de mí. Se pasa los días en un aislamiento continuo conociendo lo enojosa y molesta que es su persona. ¡Cuánto pesar no habrá en su alma! ¿Tal debe ser el resultado de tantos trabajos y padecimientos? ¿Y no será obra de caridad acogerlos, socorrerlos y asistirlos en todas sus necesidades? Pues ésta es su misión, la misión de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados: la oración, el trabajo; la entrega de la Hermanita es con Cristo, desde Cristo y para Cristo, porque es fácil darse a uno mismo: eso lo hace cualquiera, pero la misión del cristiano es dar a Cristo, llevar el mensaje del Evangelio a cada corazón; por eso las Hermanas cuidan ante todo a sus almas, las edifican, las consuelan y le ofrecen el mayor regalo de la tierra: la eterna salvación. Estad seguros de que nos espera una eternidad; no todo acaba aquí, Dios es amor. Venid y veréis.

María Celeste Cabrera