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¿Acaso Jesús no fue emigrante?Soy periodista, católico, catalán castellanohablante y la mujer con la que voy a casarme es una inmigrante rusa. Lo explico nada más empezar para que se entienda mi múltiple perplejidad cuando leí el artículo de Alfredo Amestoy Turismo y Migaciones. Estoy perplejo, porque lo he leído dos veces atentamente y no he entendido nada. Para empezar no entiendo cuál es la posición del autor respecto a las migraciones, ni respecto al turismo, ni qué tiene que ver una cosa con otra. Me pregunto si el autor ha sido emigrante y si habla de lo que conoce. Como católico me deja perplejo la actitud frívola acerca de la emigración en una revista cristiana (no critico a la revista, el resto del número me gustó mucho), justo cuando el salmo del domingo nos recordaba que emigrante fuiste en tierra de Egipto, y que una de las primeras cosas que hizo el Verbo Encarnado fue emigrar a África (Egipto, concretamente). Amestoy parece albergar miedo a las migraciones masivas que destruyen culturas, pero sin la migración masiva de judíos por el Mediterráneo antes de Cristo (en tiempos de Jesús había más judíos emigrantes fuera de Israel que en Palestina) mal se habría extendido la palabra de Dios. ¿Qué propone el autor para los emigrantes? ¿Ser asimilados? ¿Integrarse? ¿Cuál es la diferencia? ¿Pecaron María y José en Egipto si no aprendieron griego, la lengua de casi todos los judíos de Egipto? ¿O pecaban todos los judíos y griegos de Egipto por no hablar copto, la lengua de los egipcios no helénicos? ¿Cuál era el deber socio-civilizador de la Sagrada Familia Emigrante respecto a la tierra que los acogió? ¿A qué debían integrarse? ¿Debían adoptar la religión de la tierra, el politeísmo? Son preguntas tontas, de esas que se hacen nuestros obispos catalanes más nacionalistas cuando no saben de qué hablar, diciéndonos a los catalanes cuál debe ser nuestra única lengua y cuál nuestro sentimiento nacional. La verdad es que para hablar de emigración debemos recordar siempre que todos somos, con Cristo, emigrantes de Egipto. Y que no me digan que san José aprendió copto. Gracias a Dios, yo no he emigrado. Pero tengo una novia emigrante y sé el calvario de papeles, consulados, miedos y clandestinidad que eso implica (y eso que es blanca, si eres negro el cerco es peor). A ella nadie la amenazó de muerte en Rusia ni tampoco pasaba hambre: vino a trabajar porque allí no había trabajo, igual que mi abuelo fue a Alemania. Para concluir: el Pueblo de Dios es un pueblo de emigrantes. Nuestro Dios es un Dios emigrante. Nadie emigra por placer. El emigrante no es sospechoso de nada. Y no sé que tiene que ver el turismo con todo esto. Pablo Ginés N. de la R.: Como decíamos en nuestro editorial del número al que se refiere nuestro comunicante, el planteamiento del tema de los emigrantes firmado por A. Amestoy era uno más, como todos los suyos, provocador. Los lectores de «Alfa y Omega» conocen suficientemente nuestro criterio al respecto, reiteradamente expresado en nuestros editoriales, porque no es la primera vez, ni será la última, en que abordamos este tan grave problema de nuestro tiempo.
Goebbels decía lo mismo En Holanda, único país en el que en la práctica está admitida la eutanasia, por primera vez un anciano en estado terminal ha recurrido a los jueces a fin de que no se le retiren los medios necesarios para seguir con vida. Su hija Sophie ha manifestado: Mi padre no quiere que nadie decida por él el momento de su muerte. Este caso ha dado lugar a un amplio debate: En un informativo de TV, Smallehout, catedrático de Anestesiología, llamaba la atención sobre el peligro de que los hospitales funcionen con criterios economicistas; se estudia en el paciente lo que va a costar, la expectativa de vida y si vale la pena mantenerle con vida. Añadía este profesor que, en un reciente congreso en Alemania, se estaba hablando sobre la calidad de vida como elemento decisivo para anticipar la muerte. A su lado, un médico judio dijo, con manos temblorosas: Yo oí a Goebbels aquí, en el año 42, hablar en esos mismos términos. Fernando Sivit Gañán |