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Santo Tomás se asemeja mucho al gran profesor Huxley, el agnóstico que inventó la palabra agnosticismo. Se le parece en la manera de empezar el tratamiento del tema y no se parece a ningún otro anterior o posterior a la edad huxleyana. El Santo adopta casi literalmente la definición huxleyana del método agnóstico: Seguir la razón hasta donde la razón lleve. La única cuestión es: ¿a dónde lleva? Y asienta la afirmación que casi sorprende por su tono moderno y materialista: Todo lo que está en el entendimiento estuvo primero en los sentidos. De aquí arrancó santo Tomás como lo haría cualquier hombre de ciencia, y hasta digamos cualquier materialista moderno a quien hoy difícilmente llamen hombre de ciencia: del cabo o punta de la investigación totalmente opuesto al del mero místico. Los platónicos, o por lo menos los neoplatónicos, todos se inclinaron a la visión de que la mente era iluminada desde el interior; santo Tomás insistió en que era iluminada por cinco ventanas que llamó las ventanas de los sentidos. Pero quería que la luz de afuera brillara sobre todo lo que está en el interior. Le interesa el estudio de la naturaleza del hombre y no meramente los musgos y líquenes que pueda quizá ver por la ventana y que valora como la primera experiencia iluminadora del hombre. Y empezando desde este punto prosigue ascenciendo por la casa del hombre, paso a paso y piso a piso, hasta llegar a la torre suprema y contemplar la visión dilatada.G. K. Chesterton |
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¿Estás? ¿No estás? Lo ignoro; sí, lo ignoro. Dámaso Alonso |